Mi favorita de… LALO SCHIFRIN

Escrito por , el 3 agosto 2025 | Publicado en Otros

El pasado 26 de Junio nos dejaba Lalo Schifrin, con 93 años y una carrera como compositor de música de cine y como músico llena de éxitos y grandes títulos.

Es el hombre de las Misiones Imposibles, que tema más universal e inmortal, pero es el hombre que en los 60 tomó parte en la revolución y renovación de los estilos musicales imperantes en Hollywood, con una voz propia y actual, donde títulos de éxito, tanto de crítica como de público, le permitían crecer de forma brutal (Bullitt, la saga de Dirty Harry, Cool Hand Luke, Kelly’s Heroes, The Cincinnati Kid o Enter the Dragon reventaban los finales de los 60 y primeros de los 70).

Su dominio de los ritmos jazzísticos o de cualquier tipo (blues, soul, gosspel,…) mezclado con su capacidad melódica para saber captar la emoción o la tensión de cada momento, le convertían en un compositor a demandar por casi todos los cineastas del momentos (Clint Eastwood, Billy Wilder, Sam Peckimpah, Stuart Rosenberg, John Sturges, Don Siegel, Norman Jewinson, Richard Lester, Norman Jewinson, Richard Fleisher, George P. Cosmatos, Alan Parker, J. Lee Thompson, Liliana Cavani e incluso el propio Georges Lucas).

Y de sobra son conocidos sus títulos de serie A (a los que podríamos añadir Brubaker, Terror in Amityville, The Fox, The Eagle Has Landed, Rollercoaster, Les Felins, Mannix o la reciente saga de Rush Hour), pero es que su producción en la serie B, títulos menos conocidos (algunos discutibles, porque según a quien preguntes, es un título fundamental), es realmente impresionante (The Manitou, la película de ciencia ficción y acción con guion de John Carpenter titulada Black Moon Rising, FX2, Return from the River Kwai, el capítulo piloto de Earth Star Voyager, Kung Fu: The Movie, la serie de 1991 de El Quijote de Miguel Cervantes, la secuela de Disney de aventuras y ciencia ficción titulada Return from Witch Mountain, la miniserie Anno Domini, The Mean SeasonClass of 1984, The New Kids, varias películas de catástrofes como Starlight: The Plane That Couldn’t Land, The Concorde: Airport’79 o la fallida pero interesante When Time Ran Out, The Neptune Factor, Rage, Telefon, Prime Cut o Rhino!).

Con todo ello, y su impresionante obra como músico, hemos decidido reunirnos aquí y ahora, los miembros de AsturScore, para rendir tirbuto a uno de los más GRANDES COMPOSITORES de la historia y deliberar cual es nuestra obra favorita (que puede ser también la mejor, o no… o dependiendo del día, quien sabe).

Es dificil con todo lo que este gran compositor ha compuesto, pero creo que las elecciones y las razones han merecido la pena. Esperamos que te gusten y las disfrutes tanto como lo hemos hecho nosotros al reunirnos para contarte nuestras memorias de Lalo Schifrin.

DEP Maestro.

Daniel Fernández

THE CINCINNATI KID, 1965

Lalo Schifrin, ante todo, un alma libre, un indomable del celuloide por cuyas vena corrían ritmos desenfrenados, feroces percusiones cargadas de visceralidad que determinaba cada paso de sus personajes… Un músico, un cinematógrafo, alguien que sabía radiografiar perfectamente una época y no se perturbaba por cánones de antaño. Alguien anacrónico, atemporal, un pasajero del tiempo que sabía pasar del funky a la melodía más puramente clásica, pasando por lo experimental, bizarro o psicodélico.

Abanderado de una época de personajes abocados al fracaso, que se jugaban todo a una carta, sin medias tintas que los expusieran a la ignorancia o el anonimato. Transeúntes de calles polvorientas y sucias, de frustradas vidas personales y cuyas decisiones representaban siempre un salto al vacío.

Será recordado por su jazz, cálido y envolvente a veces, furioso y agonizante otras pero siempre haciendo que la película cogiese un fulgor especial dotándole de su particular toque. Hizo que este estilo musical se convirtiese en algo universal y que, fuese cual fuese el género, éste siempre podría entenderse desde las embebidas notas de una trompeta, un saxo o una acompasada percusión.

Y así surge una de sus obras más recordadas. Desde la modestia, Schifrin dignifica la figura del perdedor con un tema cargado de nostalgia, melancolía pero también de autodeterminación. The Cincinnati Kid (El Rey del Juego, 1965) es la historia uno de esos antihéroes de rabiosa personalidad que el séptimo arte convirtió en icono, producto de una etapa en los Estados Unidos de frutos podridos y sueños truncados. Steve McQueen deambulaba por las calles de Nueva Orleans en busca de su cenit como jugador de póker mientras unos acordes marcaban un camino sólo de ida. Schifrin lo revistió de ese carácter indómito y bohemio del que se nutrió toda una generación mientras Ray Charles, con su inconfundible voz, inmortalizaba en su versión cantada cada paso del que se sabe único dueño de su vida y sus actos.

Braulio Fernández

BULLITT, 1968

La banda sonora de Bullitt (1968), compuesta por Lalo Schifrin, es una pieza fundamental en la historia de la música de cine por su carácter transgresor y vanguardista. Lejos de ceñirse a los convencionalismos orquestales del cine policiaco de la época, Schifrin introduce elementos del jazz moderno, ritmos sincopados, armonías inestables y una instrumentación electrificada que dotan a la película de una atmósfera urbana, tensa y sofisticada. Esta ruptura estética no solo aporta identidad propia a la película, sino que redefine los códigos sonoros del thriller contemporáneo.

El tema principal se ajusta con asombrosa precisión al personaje de Frank Bullitt, interpretado por Steve McQueen. La música logra captar ese equilibrio entre el profesional frío y metódico y el hombre rebelde que se mueve al margen de las normas. El ritmo contenido pero vibrante del bajo, los arreglos de metales con toques de soul, y los pasajes introspectivos del piano reflejan a la perfección el carácter lacónico, autónomo y enigmático del protagonista. En lugar de subrayar la acción con estridencia, Schifrin la acompaña con elegancia y tensión controlada, reforzando la dimensión psicológica del personaje.

La influencia de esta banda sonora se dejaría sentir profundamente en el cine de los años 70. Compositores como Jerry Fielding, David Shire o incluso Ennio Morricone tomarían nota de la fusión de géneros y del uso del jazz y el funk como recursos dramáticos. Para el propio Lalo Schifrin, Bullitt supuso un punto de inflexión: consolidó su prestigio internacional y abrió las puertas a otros proyectos icónicos como Dirty Harry. Su capacidad para combinar modernidad, sofisticación y narración sonora ha hecho de esta partitura una referencia en la evolución de la música cinematográfica. Para los amantes de las bandas sonoras, un puente entre dos mundos, el que se acabó con los espectáculos de romanos y westerns, y el que estaría por llegar con los grandes sinfonistas a mediados de la década de los 70. La mejor banda sonora para poner en el coche, abrir las ventanillas, y competir con pastilleros y bachateros. Cool.

Rubén Franco

KELLY’S HEROES, 1970

Mi amor por el cine de Clint Eastwood tiene gran parte de culpa en mis abuelos maternos; ambos eran fans absolutos del norteamericano (también lo eran de Charles Bronson o John Wayne, pero Clint siempre fue especial).

Aquellas noches de fines de semana donde esquivaba el irme con mis padres de monte solía quedarme agazapado con cualquiera de mis abuelos, fueran paternos o maternos, y siempre estue bien con ambos, pero como amante del cine, las veladas de acción made in Eastwood siempre eran un acierto (Dirty Harry, Magnum Force, The Gauntlet, Escape from Alcatraz o Kelly’s Heroes por poner ejemplos).

Fue también en aquellas veladas donde un nombre, aún por fijar, pero cuya música llamaba poderosamente mi atención, comenzó a echar raíces en mi subconsciente para, finalmente, fijarse en el conseciente: Lalo Schifrin. El poder evocador de su música, una mezcla de jazz e incluso pop sesentero-setentero que recorría todo el arco narrativo musical de la película como nunca había sucedido, fuera una escena dramática, de tensión, de amor o de acción.

Sonaba diferente, todo eran ideas nuevas, frescas, discursos musicales vestidos de jazz que acompañaban, por ejemplo, al duelo de Harry y Scorpio, pero que, por alguna razón, me calaron sobremanera en esa maravillosa macarrada bélica titulada Kelly’s Heroes (Los Violentos de Kelly, 1970).

Dirigida por Brian G Hutton (con quien Schifrin había trabajado en el thriller Sol Madrid) y con un reparto grandioso, encabezado por Clint Eastwood, Telly Savallas y un desternillante Donald Sutherland (he stole the show), la película nos narra las aventuras de un pelotón norteamericano que, en plena segunda guerra mundial, planeará robar a los alemanes una fortuna de millones en lingotes de oro, aprovechando un despliegue militar a modo de cortina de humo para justificar tamaña hazaña.

Todo es hilarante y divertido, y solo un inspirado Lalo Schifrin, ecléctico como el solo, podía dar con la tecla; no podía ser otro, vamos. Con un dominio perfecto en todos los aspectos musicales, Schifrin recorre los momentos más divertidos y delirantes (como el himno de la república interpretado por kazoons) hasta momentos de tensión y acción realmente brutales (el Tiger Tank es un clásico de Schifrin tomado prestado por Tarantino para Inglourious Basterds, donde las percusiones y los metales son una auténtica pasada).

Hay hasta un homanaje a Ennio Morricone en plena escena de acción a The Good, The Bad & The Ugly (El Bueno, el Feo y el Malo, 1968) en el corte Quick Draw Kelly, y todo un sinfin de estilos, desde el sureño country (genial la canción y versión instrumental All for the Love of Sunshine) hasta el pop que cierra los 60 y abre los 70 en la genial y omnipresente canción Burning Bridges (me encanta su versión instrumental, especialmente en la rendición rítmica del piano, puro Schifrin).

Ahora bien, para mi, el que se lleva la palma es el tema central, divertido y rítmico, toda una oda musical inspirada para los violentos de Kelly (Kelly’s Heroes Theme), donde los silbidos y un ritmo endiablado schifriniano (con un aroma y sabor de trabajos del argentino como Bullitt) le dan ese tono militar, desenfadado e hilarante que se merecen nuestro brillante y delirante pelotón.

Éste es el título que quizás sea el que más me represente, por todas las veces que lo he escuchado y disfrutado como si fuera la primera vez, por los recuerdos de mi infancia y porque, o al menos eso creo, es uno de los trabajos más completos, eclécticos, variados e inspirados del Maestro argentino.

They set out to rob a Bank… and damn near won a war instead!

OSCAR SALAZAR

ENTER THE DRAGON, 1973

Cada persona tiene sus filias y sus fobias. Pequeños o grandes detalles que la hacen única. Si hay suerte, con el paso del tiempo se puede descubrir que se comparten con más gente. En mi caso, siempre he sentido una debilidad especial por Enter The Dragon (Operación Dragón, 1973), tanto por la película como por su banda sonora. De hecho, también puedo decir que tengo amigos que se aficionaron a la música de cine gracias a ella.

En mi familia, Bruce Lee no es solo un actor. Es casi un mito. Cuando mis padres empezaron a salir, mi madre acompañaba a mi padre al cine para ver las películas de este artista marcial. Años más tarde, cuando yo ya había nacido, teníamos en casa la biografía de Lee escrita por Alex Ben Block. A veces la hojeaba sin entenderla, pero me parecía mágica, como si sus páginas guardaran respuestas a enigmas que ni siquiera me había planteado.

Finalmente, pude ver una de sus películas en la televisión, después de haberla grabado. Por si acaso. La banda sonora de Operación Dragón se quedó conmigo para siempre. Recuerdo ver la película una y otra vez, como hacen todos los niños. Me aferraba a la historia como si en su repetición encontrara un refugio. El del héroe que siempre vence al final, en esta especie de remake oculto de Agente 007 contra el Dr. No.

El tema principal me parece una explosión. Ese grito inicial siempre me ha puesto los pelos de punta. La música es oriental, pero también urbana, como si mezclara la sabiduría del kung-fu con el asfalto de los años setenta. Harry el sucio en Hong Kong. Hay ahí una fuerza que no se puede explicar, pura actitud, puro estilo. Cuando los personajes recorren la bahía en barcaza, la música tiene otra energía, más contenida, casi flotante. Es como si el tiempo se deslizara junto a ellos sobre el agua, entre sombras y secretos.

El proyecto adecuado en el momento adecuado. Lalo Schifrin tenía en sus manos todos los elementos necesarios para crear algo que trasciende la música: es memoria, es identidad. Años después, intentó recuperar esa esencia en la trilogía de Hora punta, pero, pese a mantener la energía, había perdido su frescura. El riesgo de viajar al pasado en busca de la magia que en él habita.

Eduardo Con Laso

THE AMITYVILLE HORROR, 1979

No soy un gran conocedor de la obra de Lalo Schifrin pero de su vasta y prolífica filmografía musical, si tuviera que elegir una banda sonora favorita, como fan declarado del cine de terror lo tendría muy claro, me quedaría sin duda con su trabajo en The Amityville Horror (Terror en Amityville, 1979). En esta partitura, el compositor argentino alcanza, en mi opinión, una de sus cimas creativas dentro del género, demostrando que su talento iba mucho más allá de los terrenos del jazz, la acción o el thriller por los que habitualmente se le reconoce.

Desde sus primeros compases, la música te envuelve con un aire enrarecido y perturbador, pero lo que realmente me marcó fue su inolvidable Main Title, una siniestra canción de cuna que se desliza entre lo infantil y lo macabro. La elección de utilizar una melodía principal aparentemente inocente para subrayar el horror es un recurso de gran inteligencia emocional, que me hizo recordar otras partituras previas como Rosemary’s Baby (La semilla del diablo, 1968) de Krzysztof Komeda o ¿Quién puede matar a un niño? (1976) de Waldo de los Ríos. En todos estos casos, la música infantilizada no actúa como refugio sino como elemento inquietante, amplificando el mal latente en la historia.

Lo fascinante del trabajo de Schifrin para el filme es cómo consigue equilibrar la tensión atmosférica con una elegancia casi barroca en la orquestación. Sus coros espectrales, las cuerdas agudas y los timbres disonantes contribuyen a una experiencia sonora tan hipnótica como angustiosa, perfecta para reforzar el tono ambiguo y opresivo de lo que están viviendo los personajes principales, interpretados por James Brolin y Margot Kidder, en la casa maldita.

The Amityville Horror le valió una merecida nominación al Oscar, y con ella Schifrin dejó claro que también era un maestro del horror psicológico, sabiendo jugar con los silencios, las texturas y las emociones más primarias del espectador. Esta banda sonora no solo es una joya dentro de su filmografía, sino también una contribución esencial al lenguaje musical del cine de terror de finales de los setenta.

Carlos Mulas

THE FOURTH PROTOCOL, 1987

El Cuarto Protocolo es una de las películas más notables sobre la Guerra Fría, en plena era del Glasnost. Quizá han pasado demasiados años ya de esa época, y hemos tenido tantos ejemplos de historias de espías a través del Telón de Acero, que nos puede parecer un poco trasnochada… Pero esta historia encuentra su fuerza incluso hoy día, sustentándose en la interpretación de sus dos protagonistas, Michael Caine y Pierce Brosnan.

Siendo ambos el aliciente más grande de un film que en su época se criticó bastante por sus notables diferencias con la obra original de Frederick Forsyth, hay que ser justos y dar la razón a quienes desde entonces vienen diciendo que el formato debería haber sido el de miniserie (nota para quien esté escuchando, bueno, leyendo). Aún así, no estando entre las obras más notables del autor, ni ser la mejor adaptación, merece la pena revisitar esta joya ochentera del cine británico.

Entre otras cosas por Lalo Schifrin, que como siempre a lo largo de su carrera demostró en The Fourth Protocol (El Cuarto Protocolo, 1987), que podía ser un todoterreno. A lo largo de una banda sonora que parece sacada directamente de los Setenta, se pueden apreciar muchos de los detalles que definen a un Schifrin menos reconocido entre los que prefieren su faceta más jazzistica o popular.

Sin rendirse a la tentación de componer en clave “soviética” (aunque en algún momento el personaje lo permita), por el contrario nos regala una lección de minimalismo que en distintas fases transmite a partes iguales la tensión requerida, el cinismo que envuelve a los personajes en la película (como en toda gran historia británica sobre espías), y de fondo una tristeza musical que lo empaña todo. En conjunto nos deja un ejemplo más de cómo Lalo Schifrin sabía leer al personaje, la escena y la película al completo, para dar con la clave musical para que el espectador capte lo que es esencial para cada uno de ellos.

Samuel Lorenzo

RUSH HOUR, 1998

Cuando leo la trágica noticia del fallecimiento de algún compositor cuyo nombre desconozco, siempre me nace la pregunta de si he escuchado o visto algún título que tenga su firma. El 26 de junio nos dejó Lalo Schifrin, y siendo sincero ignoraba cuál era su filmografía.

Rápidamente me sumergí por internet para ponerle remedio a mi ignorancia y descubrir cuáles eran los trabajos del compositor, argentino de nacimiento. Y como me suele pasar, conocía muchas de las películas que han tenido la fortuna de ser proveídas con la música del prolífico compositor.

Dentro del gran abanico de trabajos, el que más me llamó la atención fue Rush Hour (Hora punta, 1998), película que he visto en varias ocasiones. Esto es debido en gran parte a su dúo variopinto protagonizado por Jackie Chan y un Chris Tucker que nos roba varias risas en esta buddy cop resultona y que siempre he disfrutado más en su doblaje al castellano.

Viéndola con perspectiva, la música de Lalo Schifrin va a caballo entre la influencia asiática y la orquesta occidental (esto no me era ajeno, dados los orígenes con Enter the Dragon). Con escuchar su tema principal nos podemos percatar de ello. Además, sus toques de comedia insuflan dinamismo a la acción.

A finales de los 90´s ya empezaba a intuirse un cambio de rumbo en el cine de acción y por lo tanto la forma de comprender el uso de la música. A contracorriente, muchos compositores como Lalo Schifrin nos ofrecen alicientes para disfrutar aún más del cine, en este caso Hora Punta, y por ello es mi escogida para este especial.

Como he dicho al principio conocía poco a Lalo Schifrin, y bajo este sentimiento de culpa de descubrir a compositores cuando fallecen nace en mí la fascinación del poder del arte: la eternidad de aquellos que derraman toda su alma y corazón en sus obras.

Aunque me queda mucho por entender y recorrer, nunca es tarde si la dicha es buena. Fuera de Hora punta tengo un nuevo mundo por descubrir y Lalo Schifrin es la luz que ilumina esta aventura cinéfila.