Mi Favorita de… DANNY ELFMAN

Escrito por , el 14 junio 2026 | Publicado en Otros

El pasado 29 de Mayo cumplía años el compositor norteamericano Danny Elfman, 73 años, líder de aquella banda de música de rock llamada Oingo Boingo, creada y liderada por Elfman en 1979, y que poco después cruzaría la línea de la música cinematográfica siendo un imprescindible de la mano de su amigo y colega de fatigas Tim Burton.

Batman (1989) fuela la eclosión definitiva del dúo Elfman-Burton, sin duda alguna, pero su carrera ya había despegado con otros dos brillantes y divertidos trabajos del mismo dúo, Pee Wee’s Big Adventure (La Gran Aventura de Pee Wee, 1985), toda una bizarrada donde Elfman se luce sobremanera, estableciendo un estilo ya propio, y especialmente Beetlejuice (Bitelchús, 1988), una película que define perfectamente el espacio y tono del cine burtoniano, y donde Elfman firma uno de sus mejores, brillantes y más populares temas centrales.

El mismo año de Bitelchús, firmaría la brillante partitura para Midnight Run (Huida a Medianoche, 1988) y la divertidísima versión modernizada del Cuento de Navidad de Charles Dickens a manos de Richard Donner en Scrooged (Los Fantasmas Atacan al Jefe, 1988). Y el mismo año de Batman, Elfman se haría doblemente eterno, entre el tema de Batman, uno de los mejores de la historia, y el tema de la mítica y longeva serie The Simpsons. Casi nada…

Después de Batman, la carrera de Elfman ha ido lanzada hacia arriba, y no solo con padrinos como Tim Burton o de su otro colaborador habitual Sam Raimi, sino tambiñen colaborando con directores de prestigio como Brian De Palma (Mission Impossible), Gus Van Sant (Good Will Hunting, Restless y Milk), Peter Jackson (The Frighteners), Barry Sonnfeld (la trilogía de Men in Black), Guillermo del Toro (Hellboy 2: The Golden Army) o Ange Lee (Taking Woodstock y Hulk).

Ha escrito música no cinemagráfica de todo tipo (incluida una colaboración con el circo del Sol o un concierto para violín) y música para videojuegos (Fable). Y no quiero olvidarme de una de las bandas sonoras personales favoritas de este humilde servidor desde que vi la película el año del estreno, la genial Wanted (2008), macarrada basada en un cómic donde Elfman fusiona clasicismo y modernidad de una forma brutal y rítmica.

Es por ello, y por muchos más detalles que podríamos desgranar en un especial monográfico de mayor calado, que la plana mayor de AsturScore se ha reunido y escrito este humilde homenaje al compositor, eligiendo la que creemos podría ser nuestra favorita, una que mañana bien podría ser otra en función del mood en cada momento. Bienvenidos al maravilloso, fascinante y divertido universo musical de una de las mentes musicales más brillantes del panomara musical… DANNY ELFMAN

RUBEN FRANCO

MIDNIGHT RUN, 1988

Danny Elfman ha sido un nombre que siempre he tenido asociado fuertemente con Tim Burton (aún recuerdo el shock musical de Batman, Beetlejuice, Pee Wee’s Big Adventure o Edward Siccorshands) o Sam Raimi (su tema para Evil Dead 3, Darkman, la maravillosa A Simple Plan o el universo de Spiderman).

Pero antes que todo eso, aunque algo después en tiempo de lo comentado (vi la película a principios de los 90) estuvo la brutal Midnight Run (Huida a Medianoche, 1988), una joya cinematográfica a reivindicar desde ya, en mi opinión totalmente underrated.

Thriller cómico con tintes de road movie, con una de las mejores químicas cinematográficas jamás vistas en pantalla (impagables Robert De Niro y Charles Grodin) y un reparto lleno además de rostros ilustres, Midnight Run es un entretenimiento de primer nivel, incluso emotiva en su parte final, pero de esa clase de emociones humanas que emanan de forma natural, no de forma artificiosa o impostada, como muchas de las películas que se hacen hoy día gracias a una combinación acertada de muchos elementos (dirección, guion, actuaciones…)..

Es curioso imaginarse a Danny Elfman aquí… pero es que lo borda. Es una de sus partituras más rítmicas, divertidas y vibrantes jamás compuestas, con una mezcla donde se cuelan elementos musicales de todo tipo (desde el rock hasta el blues), e incluso con un par de momentos para lo dramático. Pero el 95% es puro rhythm.

Todas las persecuciones se benefician del infeccioso ritmo del que Elfman impregna cada uno de los fotogramas de la película (un ejemplo perfecto es el uso del tema central, brillante, en Desert Run, donde la batería, los metales y la guitarra eléctrica, casi en modo big band, construyen un auténtico temazo de acción).

Y como colofón, una canción llamada Try to Believe, donde Elfman y algún miembro de Oingo Boingo se juntan para formar el grupo Mosley & the B-Men y ofrecernos un rítmico cierre lleno de energía y buen rollo, donde el compositor recuerda sus inicios cantando.

Mientras suspiro porque alguna discográfica me lance este trabajo en CD, una de las obras más diferentes, divertidas y rítmicas de Danny Elfman, por lo menos disfruto por otros lares esta maravillosa y diferente pieza del Maestro.

EDUARDO CON LASO

BATMAN, 1989

Danny Elfman fue el principio de todo. Mi afición por las bandas sonoras nació gracias a su extraordinario trabajo para el Batman (1989) de Tim Burton. Recuerdo con enorme ilusión cuando mis amigos —Rubén y Carlos entre ellos— me regalaron en VHS la película el día de mi cumpleaños. Yo apenas tendría 12 o 13 años y era un neófito en el mundo de la música de cine, mientras ellos ya tenían mucho más bagaje musical, pero desde el primer momento quedé completamente fascinado.

Todavía hoy puedo recordar la sensación que me producía aquel oscuro e imponente Main Title, la fuerza heroica de cortes de acción como Batman to the Rescue o, quizás lo que más me marcó, esa melancolía tan característica que Elfman imprimía en piezas como Vicki Spies (Flowers)... pero el tema que no paraba de escuchar en bucle era Descent Into Mystery. Había algo mágico en aquella música: conseguía que Gotham tuviese vida propia, que Batman se sintiese heroico pero profundamente humano y que el universo de la película desprendiese una personalidad única.

Batman supuso un antes y un después para el cine de superhéroes, abriendo el camino a todo lo que vendría después, pero creo que la partitura de Danny Elfman también fue una pieza fundamental de aquel fenómeno. Su música no solo acompañaba las imágenes; les daba alma, oscuridad, épica y emoción. Y para muchos, entre los que me incluyo, supuso también la puerta de entrada al apasionante mundo de las bandas sonoras.

OSCAR SALAZAR

DARKMAN, 1990

Carátula BSO Darkman - Danny Elfman“Destruyeron todo lo que tenía, todo lo que era”. Excepto la música que convirtió sus ruinas en leyenda, como bien podría rezar una frase promocional jamás escrita. Tras conquistar la oscuridad de Gotham, Danny Elfman regresó al universo de los superhéroes con Darkman (1990), llevando su estilo entre lo épico y lo melancólico hacia un personaje tan trágico como Batman (1989), aunque infinitamente más monstruoso.

Dirigida con pulso y desvergüenza por Sam Raimi, Darkman abraza con orgullo su naturaleza de serie B: un cóctel de terror, cine negro y melodrama que se recrea en todos los excesos y tópicos del género sin perder su personalidad en ningún momento. Al no poder adaptar The Shadow (1994), Raimi optó por crear su propio superhéroe y toda una mitología alrededor de él: un hombre condenado a cambiar de rostro, heredero directo de las transformaciones de Lon Chaney en los clásicos de la Universal, productora, por otra parte, del film. Así nació Darkman: una criatura deforme e incapaz de sentir dolor, a medio camino entre el héroe pulp y el monstruo expresionista.

Elfman tenía a Raimi en esa reducida lista de directores a los que jamás habría rechazado una llamada. Lo que no imaginaba era que su primer encuentro tendría lugar en pleno rodaje y dentro del propio plató, una visita que terminó costándole un buen resfriado. La conexión entre ambos, sin embargo, fue inmediata: Elfman se convirtió en uno de los grandes apoyos de Raimi durante la complicada postproducción, defendiendo el tono excesivo y operístico que acabaría definiendo el resultado final.

Los dos grandes pilares de la partitura son una marcha y un vals que condensan toda la furia del personaje. A ellos se suma un tema de amor que se va corrompiendo a medida que avanza el metraje, perdido entre una sucesión de motivos a veces dispersos. Quizá esa sensación de fragmentación nazca de los continuos ajustes de montaje; quizá de un compositor aún en pleno proceso de aprendizaje. Pero es precisamente en esos titubeos, en esa amalgama de identidades bastardas, donde la música alcanza su verdadera dimensión: en la tragedia de un hombre condenado a vivir sin rostro, sin identidad y sin lugar en el mundo.

VANESA GONZALEZ

EDWARD SCISSORHANDS, 1990

Hubo un maravilloso tiempo en el que se vendían cds en muchas tiendas de música y hasta podías comprar bandas sonoras en centros comerciales. Nunca fallaba: siempre estaban las míticas bandas sonoras de John Williams, Memorias de Africa de Barry, alguna de Morricone y cómo no, siempre encontrabas Edward Scissorhands (Eduardo Manostijeras, 1990) de Danny Elfman. Supongo que por eso destaco en mi recuerdo esta banda sonora, porque fue una de los primeros cds de bandas sonoras que adquirí para mi pequeña pero valiosa colección de bandas sonoras.

Aparte de ser una de las primeras bandas sonoras que compré, recuerdo vívidamente la primera vez que vi Eduardo Manostijeras y tuve conciencia de lo mágico de su música. La película se estrenó en diciembre de 1990, pero yo la vi en el 91. Con 12 años mi colegio nos llevó a toda la clase al antiguo cine de la parroquia de San Vicente de Bilbao. Hoy en día ese cine-teatro es el “Kafe Antzokia”, una de las más conocidas sala de fiestas y de conciertos de Bilbao. Pero tal como he comentado, antiguamente pertenecía a una parroquia y hasta el año 1995 era la sede del “Cineclub FAS”, el más antiguo de España y el segundo de Europa.

Dentro de las acciones culturales de dicho Cineclub, hacían proyecciones para centros escolares y precisamente esta película es perfecta para concienciar a los escolares sobre la marginación y los prejuicios sociales. Eduardo Manostijeras ya concienciaba sobre la discriminación mucho antes de que se acuñara el tan actual término “bullying”. El caso es que aquel cine se abrió a principios de los años 50 y yo fui en el año 91, 4 años antes de que cerrase definitivamente. Aquel cine-teatro era viejo, oscuro, con olor a antiguo… era como si fuera otro decorado del castillo gótico del inventor de Eduardo. Fue una experiencia mágica estar sentada en el gallinero de un cine viejo con la misma estética típica del mundo de Tim Burton, como de gótico decrépito.

Centrándome en la música, Eduardo Manostijeras es una de las mejores composiciones de Danny Elfman. Todo el conjunto resulta perfecto: gran orquestación, etéreos coros infantiles, barridos y arpegios ensoñadores de arpa y ese sonido onírico de celesta a modo de caja de música, creando la atmosfera mágica de esta película que parece un cuento de hadas. En realidad el juego de las voces no solo es para los momento mágicos, también resultan muy efectivos para expresar momento trágicos, fantasmagóricos…

Ciertamente Elfman sabe expresar con su música todos los matices de esta película: con la combinación de arpa y celesta crea los temas más mágicos y evocadores como  Ice Dance y Main Title, con instrumentos de cuerda haciendo pizzicatos marca ritmos juguetones y mecánicos que evocan los movimientos torpes y robóticos de Edwardo the barber, con instrumentos de percusión metálica recrea el mundo gótico y mecánico de la película como en el tema The cookie Factory, mezcla de coros, trombones y theremin para plasmar la atmosfera gótica y misteriosa de Castle on the hill, ritmos circenses a modo satírico para resaltar la falsedad de ‘Suburbia, un barrio de fachadas color pastel y gente chismosa… Elfman demuestra que no solo tiene técnica musical, también tiene esa creatividad e imaginación necesaria para expresar todos los registros de la película. Elfman sabe plasmar musicalmente ese mundo de Tim Burton lleno de fantasía y belleza melancólica.

Eduardo Manostijeras fue la cuarta colaboración de Elfman con Burton, ya un año antes tuvieron éxito con Batman, pero esta película fue la que catapultó y encumbró la carrera tanto del director y del compositor. La película no obtuvo muchos premios pero sí tuvo éxito de crítica y público, convirtiéndose en una película de culto. Eduardo Manostijeras está considerada la película más personal de Tim Burton y de la misma manera, Elfman ha admitido que es su trabajo más querido y personal… También parece para los espectadores sigue siendo una de nuestras películas y bandas sonoras favoritas al tratarse de una obra maestra memorable de gran belleza y emotividad.

BRAULIO FERNANDEZ

SOMMERSBY, 1993

La música de cine es tan importante, tan poderosa, que a veces pienso que podríamos olfatear una película, una sala de cine, una escena, gracias a ella. Y en esa función, lo que se suele llamar en círculos de entendidos “color orquestal”, creo que tiene mucho que ver. Lo siento más que lo entiendo, la verdad. Y cuando pienso en ello, frecuentemente es porque estoy escuchando alguna banda sonora de Danny Elfman. Horner también. El propio Horner dijo en una de sus últimas entrevistas que le gustaba Elfman, y que creía que le debía mucho a su orquestador, imagino que en referencia a Steve Bartek, que es quien ha acompañado a Elfman toda su carrera, desde que ambos formaban parte del grupo Oingo Boingo en los ochenta.

El orquestador hace muchas cosas, entre ellas rellena partituras con florituras, y escribe para otros instrumentos que siguen la línea argumental principal de la música, así que debe ser importante para ese “color orquestal”. Y si tuviera que quedarme con una sola de esas bandas sonoras que desde el primer acorde me sorprende con breves frases melódicas y recursos que salen de casi ninguna parte de la orquesta, como trazos de un pincel que salpican el lienzo para que los sientas, más que para que los veas, esa es Sommersby (1993).

Elfman compuso Sommersby en 1993, el mismo año que The Nightmare before Christmas (Pesadilla antes de Navidad), que se haría mucho más popular que la primera. Y aunque en mi opinión las dos han envejecido muy bien, tengo ganas de reivindicar la primera, porque se habla mucho menos de ella hoy en día. En 1993 Elfman llevaba casi un lustro en la cúspide de Hollywood, gracias a su score para Batman (1989), al que siguieron otros héroes como Darkman o Dirk Tracy, e incluso Batman Returns, con clásicos por el medio como Edward Scissorhands. Sin embargo, Sommersby fue su primer drama épico, o drama serio, si lo queréis ver así: una versión ambientada en la Guerra Civil americana del caso de Martin Guerre, un campesino vasco que en el siglo XVI se hizo pasar por un hombre que con ese nombre había desaparecido, ocupando el lugar que le correspondía en su pueblo, junto a su familia, yaciendo con su esposa, hasta que fue descubierto, juzgado y condenado.

Guerra, amor, traición, desesperación, parecen ser los temas que impulsaron a Elfman a crear un score repleto de elementos orquestales diversos. El primero de ellos el tema principal, uno de los mejores de su carrera en mi opinión, que por cierto se beneficia no poco de las orquestaciones de Thomas Pasatieri (que orquestó para Horner Legends of the Fall un año después, y se puede ver su mano). En este tema, como en todo el score, la cuerda, el fiddle, la trompeta, la guitarra, la percusión, o las flautas étnicas van sumando su parte hasta componer el todo. El resultado es evocativo de un sentimiento, no de un lugar. Aunque algunas piezas se encargan también de ambientar el lugar y la época (Return Montage o Baby).

Los Main Titles de Sommersby son obra cumbre de Elfman. El protagonista empieza sepultando un cuerpo bajo las piedras, recorre lo que parece medio Este americano, entre ruinas y lo que queda de una civilización, para regresar a ¿su casa? La fotografía de la película es espléndida, y la música de Elfman conmovedora, sin que desentonen los tres o cuatro momentos en que tiene que sincronizar con la imagen pequeños detalles musicales, al paso de unos soldados o al encuentro de unos pies colgando de un árbol. Un ejemplo maravilloso de como sin la libertad de un lienzo en blanco, el compositor puede servir a la imagen y al mismo tiempo crear una música que pueda vivir independientemente de ella. Si un día hacemos un especial con los mejores main title de la historia de la música de cine, yo no voy a elegir Sommersby porque ya estoy hablando aquí de ella. Pero Sommersby tiene uno de los mejores main title de la historia de la música de cine.

CARLOS MULAS

THE NIGHTMARE BEFORE CHRISTMAST, 1993

Como uno ya está mayor, “cebolleta” como decimos en España, puede contar a los más jóvenes momentos que pasaron a lo largo de la vida y que son pilares fundamentales de nuestro tiempo, sobre los que hemos construído o han moldeado el mundo actual. Uno de ésos, es The Nightmare before Christmas (Pesadilla antes de Navidad, 1993). Una película que culturalmente ha dejado un impacto imperecedero en las mentes de niños (y no tan niños) de varias generaciones, y que en su día tuve el privilegio de ir a verla al cine.

Pesadilla hizo lo gótico y lo extraño y lo diferente, elementos comunes a todos los mortales, no solo por su aspecto visual, sino por el corazón mismo de la historia que cuenta, Esa influencia en el arte, la música, obras posteriores de cine y televisión, en Internet, en el merchandising… creo que todos somos capaces de rastrearla y reconocerla.

Yo soy de siempre amante de los musicales. Un musical es por definición una obra donde las canciones y música, los personajes y la historia, se mezclan hasta ser indisolubles. Danny Elfman consiguió en su momento la “cuadratura del círculo” en ese aspecto, como pocas veces antes podemos encontrar. Musicalmente uno de sus trabajos más personales, perfectos y fáciles (esto último en sus propias palabras), por trabajar desde el principio con su amigo Tim Burton en los detalles que hacen de Pesadilla lo que es, y por tener tanto en común con Jack, que sólo él podía darle voz al cantar.

Elfman nos regaló una explosión de melodías, sentimientos, y momentos inolvidables en este trabajo. Desde el número de apertura al lamento de Jack, o el momento favorito de los niños, que no voy a mencionar… Si no sabeis identificarlo, será mejor que os pongais la peli urgentemente con vuestros niños, y os dareis cuenta de cual es.

Personalmente, quiero dejar una nota aquí. Añadidla a los ríos de tinta que se han escrito sobre Pesadilla. Escuchar aparte la banda sonora está muy bien, no lo niego, sobre todo por los pequeños añadidos como la presencia de la voz de Patrick Stewart, que no aparecen en el film. Pero yo creo que Elfman estará de acuerdo conmigo en que Pesadilla antes de Navidad, no hay que escucharla, sino experimentarla, lo que lleva a ver la película. En este punto es donde me pongo ácido y melancólico al mismo tiempo, emulando a Jack, y os pido que no repitais constantemente, año tras año, sino de forma más espaciada. Vamos, para que no termineis teniendo la sensación de que algo que a todas luces es casi perfecto, os resulta aburrido. ¿Se me entiende el argumento, o tengo que poneros la peli, sin ser Halloween (ni Navidad)?

DANIEL FERNANDEZ

BLACK BEAUTY, 1994

Nunca he sido especialmente seguidor de Danny Elfman aunque siempre me ha llamado la atención su estilo desenfadado con esas improntas góticas, que es lo que le ha convertido en un compositor único y con una pléyade de fans destacada. Seguramente por eso, porque para mí la auténtica valía y grandeza de un compositor se mide cuando es capaz de salir de su zona de confort y hacer trabajos igual de resueltos con la misma solvencia y destacar. Cuando escuché por primera esta banda sonora, Black Beauty (Belleza Negra, 1994) ,Elfman se convirtió para mí en esos compositores que ya empezaría a formar parte del “olimpo” de los grandes compositores modernos.

Adaptando la clásica novela de Anna Sewell (ya llevada otras veces al cine y la televisión con música de otros grandes compositores como Dimitri Tiomkin o John Addison) esta versión de 1994 nos trae a un Elfman completamente renovado y con ganas de demostrar hasta dónde puede llegar.

Con un extraordinario y más que inspirado tema central de raíces celtas nos trae las aventuras y desventuras de este famoso caballo a través de una partitura colorista que sabe alternar momentos de tensión y dramáticos con los puramente bucólicos sin perder en ningún momento su elegancia y estilo. Son el extraordinario uso de ese tema principal y sus acertadísimas variaciones las que dibujan un universo lleno de magia y misterio, que son precisamente los que rodean la figura del caballo. El resultado final es desgarradoramente bello y de una sutil fuerza, elevando esta banda sonora como una de las más inspiradas y consistentes de los 90.

Su estilo está presente en pasajes muy concretos pero consigue algo que también había conseguido el año anterior con Sommersby y el año posterior con Dolores Claiborne: hablarnos de un compositor comprometido con la película y con el arco dramático de sus personajes, trascendiendo cualquier etiqueta que se le pueda poner. Todo ello sin caer en la inanidad musical o en el recurso fácil de esa cuerda que muchas veces acompaña sin otra pretensión. Pero “Black Beauty” para mí está muy por encima de otros trabajos suyos por ir mucho más allá y mostrarnos un compositor que explota toda su creatividad y va más allá de mostrarnos ese consabido estilo. Y eso es lo que para mí hace a un compositor grande.

SAMUEL LORENZO

SPIDER-MAN, 2002

En el 2001 tenía siete años cuando vi por primera vez una imagen de la película de Spider-Man (2002). Fue en una revista divulgativa donde se hablaba de la importancia del avance tecnológico para hacer una película acorde al hombre araña.

La siguiente vez que me encontré con el trepamuros fue viéndola en el VHS. Ver plasmado en una pantalla a mi superhéroe favorito fue una experiencia emocionante, a pesar de no saber quién era Danny Elfman, y mucho menos Sam Raimi, cuyo mundo no era recomendable para un niño asustadizo.

Instintivamente uno piensa en Tim Burton cuando se oye hablar de Danny Elfman. Sin embargo, con Sam Raimi ha trabajado hasta en ocho ocasiones siendo su trabajo para Spider-Man la más trascendente de la dupla.

Aquí, Danny Elfman concibe la música como un puzle donde coloca las piezas en los principales temas para Spider-Man, Peter Parker, Duende Verde o el amor. De estos nacen el resto de la música orquestal acompañada por una variedad de percusiones.

Este paisaje se visibilizar en toda su amplitud en los créditos iniciales creados por Kyle Cooper, cuyo trabajo marcó la línea creativa de las primeras secuencias de Marvel de la década de los 2000.

Una de las principales piezas destacables donde Danny Elfman pone el acento es en la ética de Spider-Man que bien definió Stan Lee con la cita: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.”

La faceta humana de Peter Parker tiene una tono melancólico y nostálgico que representa la responsabilidad de un perdido nerd neoyorquino.  Este tema se ve arrastrado por el impulso mecánico de la epicidad de la máscara, simbolizando el poder. Los dos lados del personaje quedan de esta manera definidos.

Esta decisión creativa se puede escuchar bien en el tema Farewell, cuando Peter Parker toma la decisión de aceptar ser Spider-Man. Ambas identidades pasan a ser las dos caras de una misma moneda dando paso a una animación de Spidey balaceándose entre los rascacielos de New York.

Con ello, Danny Elfman consigue calentarnos el corazón a quienes amamos al personaje. Cuando uno escucha la música que acompaña esta, y otras escenas, se da cuenta de que la partitura tiene alma y por ello marcó a una generación. Por ende, es de mis favoritas del compositor estadounidense.

CARMEN PEREZ

BIG FISH, 2003

(El día que conocí a Danny Elfman)

Dicen que algunas historias llegan a nosotros cuando más las necesitamos. Otras, en cambio, aparecen como un susurro, se acomodan en nuestra memoria y deciden quedarse para siempre. Una tarde de marzo de 2004, sin saberlo, estaba a punto de encontrar una de ellas, bastó cruzar las puertas de una sala de cine para que todo cambiara.

Había entrado para ver una nueva película de Tim Burton, y esperaba encontrarme con sombras alargadas, personajes extravagantes y ese universo gótico que tan bien conocía. Sin embargo, desde los primeros compases de la banda sonora comprendí que algo era diferente. La música parecía caminar de puntillas entre la realidad y los sueños, como si alguien estuviera abriendo un viejo libro de cuentos delante de mí.

Danny Elfman, compositor habitual de Tim Burton, llevaba años construyendo mundos sonoros más sombríos, es el caso de Eduardo Manostijeras o Batman, pero en está ocasión su creación es más, intima, cálida y nostálgica. Se apoya principalmente en una orquesta sinfónica, con un papel destacado de las cuerdas, el piano y las maderas, a ellos se suman discretos coros y pequeñas influencias de la música folk americana, que ayudan a reforzar el carácter sureño de la historia ambientada en Alabama.

Aquel día no salí del cine hablando de gigantes, brujas o pueblos imposibles. Salí preguntándome por mis propias historias. Elfman, no me deslumbró, como hizo en Eduardo Manostijeras, me emocionó. Sus melodías fluyen como un río tranquilo, con cuerdas delicadas y temas que parecen susurrarnos al oído que la vida, al fin y al cabo, también está hecha de relatos. La música acompaña a Edward Bloom sin juzgarlo, permitiéndonos creer en sus exageraciones porque, en el fondo, todos necesitamos alguna vez embellecer nuestros recuerdos.

Danny Elfman nos invita a recorrer los sentimientos más profundos de Edward Bloom, con temas como el de Sandra, que nos habla del amor verdadero, de ese sentimelancólica añoranza de aquello que nunca llegó a vivir plenamente.

Quizás por eso Big Fish (2003), es una de esas películas que no significan lo mismo para todo el mundo. Depende del momento vital en que la encuentres. Hay películas que entretienen y  otras que  remueven algo  dentro de nosotros.  Esta pertenece  a la segunda  categoría.  Cada episodio aporta una reflexión distinta sobre la familia,  el amor, la pérdida, los sueños o la forma en que construimos nuestra identidad. Con los años he descubierto que la película cambia, porque nosotros cambiamos. Lo que ves a los veinte años, no es lo mismo que descubres cuando has acumulado experiencias, despedidas y cicatrices.

También fue la primera vez que sentí a un Tim Burton diferente. Más luminoso. Más cálido. Más cercano. Big Fish tuvo un significado muy especial para Tim Burton, porque la realizó poco después de la muerte de su padre. El propio director llegó a reconocer, que la película le permitió explorar emociones que le resultaban difíciles de expresar con palabras. Burton explicó, que su padre había estado enfermo durante bastante tiempo, y que él había intentado alcanzar algún tipo de resolución emocional con él, algo que nunca llegó a producirse completamente.

Puede que Big Fish no sea la banda sonora más espectacular de Danny Elfman, pero sí una de las más sinceras y humanas de toda su filmografía, y le valió una nominación al Osear, la única que recibió la película. La compuso siguiendo el montaje de la película, desarrollando los temas a partir de la relación entre fantasía y realidad que plantea Burton. Puede que les pasara lo mismo que a mí al final de la película, cuando se acerca la muerte de Edward Bloom, la orquesta abandona progresivamente el tono de cuento, y adopta una sonoridad más emotiva, eso me hizo despertar, salir del mundo de fantasía, para aceptar la realidad.

Le tuvo que pasar lo mismo a Eddie Vedder, cantante y compositor del grupo, Pearl Jam, que tras asistir a un pase previo de Big Fish, quedó profundamente conmovido por la historia, según relató posteriormente el propio grupo, el cantante regresó a casa y escribió la canción prácticamente de inmediato. Al día siguiente ya tenía una maqueta terminada y apenas unos días después la banda la grabó. Lejos de ser una simple canción para una banda sonora, «Man of the Hour» funciona como una extensión del relato, fue tan bien recibida que obtuvo una nominación al Globo de Oro como Mejor Canción Original y acabó convirtiéndose en una de las composiciones más queridas de Pearl Jam fuera de sus álbumes de estudio. Tim Burton llegó a describirla como «hermosa», y afirmó que encajaba perfectamente con el espíritu de la película, como si hubiera sido escrita desde el interior mismo de la historia.

Han pasado más de veinte años desde aquel encuentro en una sala de cine, pero sigo pensando que fue entonces cuando conocí realmente a Danny Elfman. No a través de una fotografía ni de una entrevista, sino mediante una música capaz de convertir una historia fantástica en algo profundamente humano. Porque cuando termina Big Fish, lo que permanece no son los gigantes ni las leyendas. Lo que permanece es la sensación de que todos somos, de alguna manera, las historias que contamos y las que otros contarán sobre nosotros cuando ya no estemos.

FERNANDO AYUSO

THE CORPSE BRIDE, 2005

Recuerdo como si fuera ayer el momento en el que, sentado en una butaca de cine, me dejé llevar por el bellísimo inicio de Corpse Bride (La novia Cadáver, 2005). Ya en la primera imagen, desde el primer acorde, la música de Danny Elfman capturó la bulliciosa imaginación del adolescente extasiado que era yo en aquel momento. He de confesar que nunca fui fan de la película Pesadilla antes de Navidad, que me desagradaba enormemente (¡la música me encanta!), por lo que no esperaba la nueva propuesta de Tim Burton con demasiada expectación. Por ello, el placer se multiplicó por mil al verme capturado por una historia, unos personajes, un musical, que superó con creces todas mis temibles y absurdas exigencias del momento.

La música de Elfman, una vez más, define y eleva el particular universo de Tim Burton con majestuosa fuerza y una energía vibrante, contando para tal fin con varias de las mejores piezas compuestas en el presente siglo. La banda sonora está llena picos artísticos: los temas para piano solo, o el inolvidable dueto que acompaña la bella historia de amor, las inspiradas canciones (algunas interpretadas vocalmente y de forma muy divertida por el propio Elfman), la paleta orquestal y estilística para representar ese submundo de los muertos en el que se ve envuelto el protagonista, donde el jazz más frenético tiene reservado una buena porción del metraje, y tantos otros ejemplos.

A lo largo de la partitura hay lugar para los momentos musicales más intimistas, que a su vez son sucedidos por majestuosos temas de acción, algunos vivos y radiantes en su orquestación y otros caracterizados por una hermosa oscuridad.

No creo que sea descabellado decir que nos encontramos ante la última gran obra maestra de Danny Elfman, llena de lirismo y creatividad, un disfrute para los sentidos capaz de deslumbrar al más escéptico de los aficionados.