Karmele: Entrevista a Aitor Etxebarria
Con Karmele, Aitor Etxebarria da un paso decisivo en su trayectoria como compositor cinematográfico. Conocido por su trabajo en series de gran repercusión como El cuerpo en llamas (Netflix) o Furia (HBO), el guerniqués se enfrenta aquí a uno de los retos más ambiciosos de su carrera: concebir una película en la que la música no solo acompaña la imagen, sino que forma parte esencial del relato y de la identidad emocional de sus personajes.
Dirigida por Asier Altuna y estrenada en la Sección Oficial del Festival de Cine de San Sebastián, Karmele es una historia de amor, exilio y memoria donde el sonido se convierte en motor narrativo. Piano, trompeta, coros, jazz y música tradicional conviven en una partitura que respira dentro y fuera de la pantalla, con una compleja preproducción musical que se extendió durante más de un año y que implicó a más de 150 músicos.
En esta entrevista para AsturScore, Aitor Etxebarria desgrana en profundidad su proceso creativo, la estrecha colaboración con el director del filme, los desafíos técnicos y emocionales de una obra donde la música actúa como un personaje más, y su visión sobre el equilibrio entre contención, silencio y expresividad. Una conversación que nos permite entender Karmele no solo como una banda sonora, sino como un universo sonoro vivo, profundamente humano y cargado de memoria.
Aitor Etxebarria es un compositor y productor musical nacido en Gernika, una de las voces más personales y versátiles del panorama audiovisual contemporáneo. Su trabajo se caracteriza por una profunda sensibilidad narrativa, una cuidada atención al sonido y una aproximación autoral en la que la música se integra de forma orgánica en el relato cinematográfico.
Formado en el ámbito de la música experimental y la producción, Etxebarria ha desarrollado un lenguaje propio que transita con naturalidad entre el minimalismo, la música electrónica, el jazz, la escritura orquestal y las raíces de la tradición vasca, siempre desde una perspectiva contemporánea. Esta versatilidad le ha permitido abordar proyectos muy diversos tanto en cine como en televisión.
En el ámbito audiovisual ha firmado bandas sonoras para producciones de gran proyección internacional como El cuerpo en llamas o El hoyo 2 (Netflix) y Furia (HBO), además de trabajos especialmente reconocidos como Gernika 85, donde la memoria histórica y la emoción contenida ocupan un lugar central. En 2025 presenta Karmele, dirigida por Asier Altuna y estrenada en la Sección Oficial del Festival de Cine de San Sebastián, una obra especialmente ambiciosa en la que la música actúa como un personaje más dentro de la narración.
Origen y colaboración con Asier Altuna
Lo primero que queremos saber es, ¿cómo nació tu implicación en Karmele y qué te atrajo del proyecto desde el principio?
Asier y Marian (productora) me hablaron del proyecto y me enamoré. Sentía que tenía que hacerlo. La conexión fue muy bonita y ha sido un lujo poder meterme de lleno en este proyecto con una ambición musical tan importante.
Por otro lado, tanto el casting como todo el equipo técnico es muy muy potente y me apetecía mucho ser parte de ello.
Se ha mencionado que trabajaste durante más de un año antes del rodaje. ¿Cómo se organiza un proceso creativo tan prolongado en una banda sonora?
Así es, teníamos que llegar a rodaje con mucha música diegética original grabada y ensayada. Coros, bandas de jazz, trompetistas solistas, Piano…. Todo eso requería un trabajo previo muy potente. Nos llevo más de un año pre rodaje, es una locura. Teníamos que componer, estar seguros, ensayar, producción muy exacta para llegar a rodaje con todo controlado…. Ha sido un trabajo muy duro en el que me han ayudado mucho y ha sido muy muy bonito la verdad. He aprendido muchísimo.
Desde el inicio, la idea de que la música fuera “un personaje más” estuvo muy presente. ¿Cómo abordaste ese reto junto a Asier Altuna?
La película cuenta la historia de Karmele y Txomin, ella enfermera y toca el piano y el es Trompetista profesional. Se adentran en “Eresoinka” grupo artístico que luchaba contra el franquismo mediante el arte. Por guion ya había mucha música en directo que nos llevaba a Paris, Bilbao, Caracas…. Hay un viaje sonoro muy importante y poder crear todo ese universo junto a Asier Altuna ha sido maravilloso.
¿Cómo fue la comunicación creativa con el director a lo largo del proceso? ¿Te dio libertad total o existía un diálogo constante sobre el tono emocional de la música?
La comunicación ha sido constante, desde la pre producción, pasando por rodaje y en post producción. Asier le ha dado un foco especial a la música y eso exigía estar atentos durante dos años con una comunicación muy profunda.
Como en todo proceso creativo hemos probado muchas cosas hasta llegar a donde queríamos. Hemos compartido libros, arte, música …… Creo que nos ha dado tiempo a profundizar mucho humanamente.

La música dentro de la historia
En Karmele, los actores interpretan realmente la música: ella al piano y él con la trompeta. ¿Cómo concebiste esas piezas para que funcionaran dentro de la narración y reflejaran la identidad emocional de cada personaje?
En el caso de Karmele, la pieza de piano principal que interpreta, da comienzo a la película, nos pusimos a pensar que podría tocar una persona en Ondarroa en los años 30 …. Me apetecía darle realismo, ella tocaba el piano pero más como aficionada que profesional, me apetecía también explorar las melodías vascas y al final creo que ha quedado una pieza bastante interesante y acorde a la época.
En el caso de Txomin y la trompeta, he disfrutado mucho también. Componer por ejemplo dos canciones de jazz acordes a los tiempos ha sido una maravilla. Una de las piezas es mas jovial, y otra más sombría. Dibuja perfecto las dos realidades de el en la película.
La película alterna entre la música diegética —cuando los personajes tocan o cantan— y una banda sonora más ambiental y contenida. ¿Qué criterios seguiste para equilibrar ambos mundos sonoros?
Ha sido uno de los grandes retos de mi trabajo. Necesitaba que pareciera que por momentos no hay banda sonora aparte de la diegética. Al final del metraje explota un poco más la banda sonora pero hasta entonces la idea era que la gente pensará que no existía aparte de la música tocada por los personajes.
Necesitaba mantener el foco sobre todo en los dos primeros tercios del film en el canto, las danzas, las orquestas y Karmele y Txomin
Pese al contexto histórico de la Guerra Civil, la música evita el tono bélico y se inclina hacia una atmósfera casi documental. ¿Por qué decidiste apostar por esa contención?
Es una película sobre arte y Humanidad. Es en un contexto bélico pero nos apetecía poner la mirada en ellos dos y queríamos evitar la banda sonora clásica de tambores, snares y agresividad o heroicas de películas bélicas.
Tampoco me gusta inclinar hacia un lado al espectador.
En escenas especialmente duras, como cuando detienen al marido de Karmele, la música mantiene una sutileza muy notable. ¿Qué te llevó a tratar el drama desde esa sensibilidad en lugar de la tensión sonora?
Me encanta ese contraste en el que todas las artes van hacia un lado pero la música esta contenida o viaja hacia otro lado. La música es un arte que consume todo el mundo, y es muy fácil que te contagie demasiado rápido. Por eso me gusta mantenerme no muy cerca del clima principal cuando se puede. Hay muchas veces que hay que acompañar o potenciar claramente pero cuando no, me gusta explorar otras alternativas.
Lenguaje musical y evolución emocional
La partitura parece crecer con la propia historia, hasta volverse más dramática y coral cuando Karmele parte hacia Caracas. ¿Fue una evolución planificada o surgió de forma orgánica durante el montaje?
Teníamos bastante claro que el arco iba a ser, un comienzo muy musical y jovial con mucha música diegética en Caracas, Paris, País Vasco…. Luego un vaciado absoluto a la vuelta de caracas, y al final cuando Karmele parte a caracas sola era inevitable apretar un poco.
El clímax final —con la quema de la barca— está acompañado por un poderoso tema coral con cuerdas. ¿Cómo concebiste ese momento desde el punto de vista emocional y simbólico?
Es uno de mis momentos favoritos. Yo creo que había dos opciones irnos a negro sin música con la sonoridad del quemado del barco, o meter elementos que nos recordasen al viaje de Karmele y Txomin por la vida. Nos pareció interesante la segunda y compusimos una pieza para coro, orquesta, piano y trompeta. Los créditos terminan con piano y trompeta como si Karmele y Txomin estuviesen tocando juntos.
¿Qué papel juega la identidad vasca en tu lenguaje musical a lo largo del film?
Muchísimo!!! Hemos hecho un trabajo de investigación bastante profunda y estudiar sobre el repertorio de Eresoinka y también sobre compositores de la época como Sorozabal o Guridi ha sido también parte importante de ese trabajo.
No me he querido basar en ninguna melodía tradicional en ningún momento pero si tenerlo presente durante estos 2 años de proceso creativo.

Producción y reto artístico
La película implicó a más de 150 músicos y un trabajo de preproducción complejo. ¿Cómo mantuviste la coherencia artística en un proyecto tan amplio donde combinas jazz, coro, piano y música tradicional?
Le he dado mucha importancia a la sonoridad. Incluso las canciones que no son originales las hemos producido y grabado nosotros para tener el máximo control. Creo que ahí puede estar parte importante de la coherencia estética artística.
¿Hubo momentos en los que la música acabó influyendo en decisiones narrativas o visuales de la película?
Visuales sin duda ya que por ejemplo la grabación de los coros, orquestas o bandas de jazz no tendría el mismo ritmo si fuesen otra composición. Tener todo ese trabajo realizado en pre producción creo que ha sido una de las claves de la ejecución.
¿Cuál fue el mayor reto técnico o creativo que afrontaste durante la composición de Karmele?
Creo que llegar con casi toda la banda sonora grabada y ensayada por actores y músicos a rodaje. Esto ha sido muchísimo trabajo. Además teníamos que estar muy convencidos ya que desde rodaje hasta tener finalizado el montaje y la post producción pasan unos buenos meses y podría pasar que alguna pieza nos generase dudas, pero por suerte no ha sido así.
Perspectiva personal y mirada futura
¿Qué ha significado Karmele para ti en tu evolución como compositor?
La verdad que me ha dado mucha confianza. Es un equipo muy potente el de Karmele y poder estar ahi ha sido una maravilla.
Vienes de proyectos televisivos como El cuerpo en llamas o Furia. ¿Qué aprendizajes aplicaste aquí y en qué se diferencia tu aproximación a la gran pantalla?
Yo me aproximo bastante parecido a los dos procesos creativos. Es verdad que en las series hay mas metraje y a veces la técnica puede ser diferente para la gran pantalla que para la TV pero a la hora de componer y trabajar en equipo no hay gran diferencia.
En San Sebastián también presentaste la miniserie Zeru Ahoak (Bocas de cielo). ¿Qué relación encuentras entre ambas obras, más allá del idioma o el contexto vasco?
A la saga de Zeru Ahoak le tengo mucho cariño. Koldo Almandoz fue la primera persona que me llamo a parte de gente conocida para mi primer trabajo cinematográfico.
La relación más estrecha creo que es el apartado humano, respeto mucho a la productora Txintxua Films porque conecto mucho con su manera de abordar el arte.
Si tuvieras que definir Karmele con una sola palabra musical, ¿cuál sería y por qué?
Qué dificil esta!! Es tan ecléctica que se me hace complicado definirla con una palabra musical. Es muy visceral quizás porque aunque sea jazz, guarachas, piezas de pianos, coros…. Desde el minimal al maximalismo todo tiene una profundidad bastante marcada.
¿Qué tipo de proyectos te gustaría abordar después de esta experiencia?
Por suerte estoy ya trabajando en dos largos (uno internacional) y una serie en estos primeros meses de 2026. Estoy muy contento, me hace muy feliz cuando un director o directora y la productora piensan en mi. El cine es muy complejo y cuestan años levantar proyectos, por eso cuando me llaman se que confían mucho en mi para realizar este trabajo y eso me llena mucho.
Muchas gracias por tu tiempo y tu amabilidad Aitor!
Gracias a vosotros!!
Desde AsturScore queremos mostrar nuestra profunda gratitud a Aitor Etxebarria por su generosidad, cercanía y disposición para compartir con nosotros su proceso creativo, reflexiones y sobretodo la pasión que derrocha por la música y el cine. Del mismo modo, nuestro agradecimiento tambien a Sergio C. Magán (FFFEA) por ponerse en contacto con nosotros y facilitar este encuentro, haciendo posible una conversación que nos permite acercarnos, con mayor profundidad, al universo sonoro de Karmele.
Seguiremos atentos a los próximos proyectos de un prometedor compositor.


