Tributo a James Horner (1953-2015)

Ninguna noticia habrá generado tanto flujo de conexiones, comentarios, referencias en internet, en toda la historia de música de cine, como la muerte de James Horner, hace un par de lunes. Algo similar pasó en el 2004, cuando falleció Jerry Goldsmith, pero aún el digital no era el único medio. Hoy todo se expresa a través de la red, y la red ha hablado: James Horner era el más popular, para lo bueno y para lo malo. De hecho su fallecimiento ha provocado una “salida del armario” sin precedentes. Cuando parecía que ya sólo unos pocos aficionados se congregaban en torno a un par de foros y páginas de internet para hablar de su música diariamente, la trágica noticia de su muerte ha revelado un fenómeno de escala global, en la que esos pocos locos de antes se transformaban en muchos miles más.

Pero el fenómeno Horner ya venía sufriendo cambios importantes en los años anteriores. Y sobre todo estaba afectando a varias generaciones hasta ahora en silencio. Un momento curioso, justo el año pasado: In the lead, último corte de la banda sonora de acción de Nathan Furst, Need for speed, y un par de “Parabarás” brillan en el conjunto. El compositor, perfectamente consciente, reconocía en entrevistas la influencia que Horner tenía en su música, y estos días en su twitter admitía que la pérdida era para él como la de un “mentor”.

Pero antes ya habíamos escuchado a otros compositores tomar un camino marcado por nuestro querido Horner: el de no tener miedo a interactuar con el espectador. El de comunicar a través de él. Desde los colores expresivos de La joven de la perla de Desplat, claramente influenciada por Una mente maravillosa, hasta las líneas melódicas, coros y recursos pictóricos de la Maléfica de James Newton Howard, en las dos últimas décadas comenzaban a aflorar hornerismos que traspasaban las composiciones del ahora recordado compositor californiano.

James Horner recibiendo el Max Steiner Award

El aluvión de sentimientos que su muerte ha provocado puede abrir a partir de ahora una etapa en la que el mundo de la música de cine no tenga miedo a ser sentimental, y a dirigirse a cada uno de los espectadores, del mismo modo que la señal de 3D se lanza a cada receptor de la sala para alterar su visión. Y de paso retomar la línea melódica de las composiciones, que Horner, y otros grandes compositores antes que él, entendieron como fundamental para enriquecer los recursos del cinematógrafo: escribir, contar, cantar, en lugar de balbucear, subrayar, e incluso provocar ruido.

Escribir, contar, cantar, es el legado de James Horner. Un compositor que aunó popularidad (Avatar, Titanic, Star Trek), con el arte de hacer música, y de ahí surgieron bandas sonoras que congregaron a partes iguales a amantes del cine y la música (Braveheart, Legends of the Fall, Glory). Un compositor que encontró en el drama grande, ese que ya no interesa hoy al público, el tapiz perfecto para expresar sus sentimientos y conocimientos, hasta el final de sus días (Black Gold, Cristiada, Wolf Totem).

Un compositor único e irrepetible, al que no se parecerá nadie nunca más que nosotros vayamos a ver y a escuchar. Una tragedia, esta sí, que va más allá de la que vivimos en 2004 cuando murieron Goldsmith y Bernstein, o 2006, cuando desapareció Poledouris, dejando tras de sí la esperanza en el aficionado de que aún quedaban muchos otros para continuar con el legado. Hoy, nada queda ya de aquel Hollywood que contaba historias para trascender, con compositores que eran imprescindibles para llevar a cabo esa labor. A menos claro, que el legado sea mostrado a las generaciones futuras. Y esa misión nos corresponde emprenderla desde hoy, con la ayuda de un montón de firmas, de aficionados y de profesionales, empezando por recordar al genio que despertó en nosotros al ser entusiasmado con una forma de contar historias.

Braulio

Puedes encontrar la versión en Inglés de éste artículo: TRIBUTE TO JAMES HORNER (1953-2015)

Especial Agradecimiento a Óscar Salazar por las traducciones


Lisbeth Scott (Cantante, Escritora de Canciones y Compositora)

A Recuerdo de James Horner

La noticia de la muerte de James Horner me dejó en Shock. ¿Qué? Aquello no podía ser verdad… chequee y comprobé de nuevo la información… como todos lo hicimos aquel día. Y como sucede cuando recibimos un enorme y fuerte golpe, choques, lenta y dolorosamente comencé a entender y aceptar la noticia.

¡Qué suerte que para todos aquellos que tuvimos la ocasión de vivir y experimentar de cerca y en profundidad su enorme talento! Estaré eternamente agradecida por ello. Me siento especialmente bendecida por haber podido trabajar con James en varias ocasiones, y guardo como oro en paño cada uno de esos momentos.

En mi primer día de trabajo con James en Avatar, conduje en silencio a través de las colinas de las afueras de Los Angeles a una propiedad cálida y acogedora, bañada por el sol y lleno de sonidos de canciones de aves y brisas. Me tomé un momento dentro del coche después de llegar y aparcar, respirando profundamente. ¡Aquello iba a ser especial, y yo lo sabía! Todo lo relacionado con proyecto me tocaba de cerca…. honrar la tierra, a las personas, y a la luz y el poder del amor aquí y más allá y, como no, trabajar con uno de los más brillantes compositores que hubiera podido conocer.

Me hicieron pasar a través de un vestíbulo precioso que daba a una acogedora sala de estar, con un sofá y sillas en la zona central, incluyendo un piano (un gran Steinway). Todos eran acogedores y amables, todos ellos unidos por su pasión por la música y el proyecto. Mi amigo Simon Rhodes (ingeniero de sonido de Abbey Road) fue quien me sentir cómoda en todo momento.
Mi micrófono había sido colocado cerca del piano, junto con los auriculares y el amplificador de mis controles, haciéndome sentir como si estuviese en casa, asegurándose de que mi agua estaba siempre a mano.

Miré hacia arriba y vi a James, con los ojos brillantes, su figura menuda, pero llenando todo el espacio con su presencia.

Pude ver la música que sonaba en su cabeza mientras hablábamos. Extendió la mano, sonrió de forma dulce, intercambiamos bromas y luego se sentó al piano. Pensé… “Hmm, ¿va a estar interpretándome melodías? ¿Calentaremos?”

Pero luego se levantó y dijo “¿Empezamos?” Quería estar allí mismo para ver como cantaba, con la intención de dar forma y esculpir todo el tiempo. Yo me sentía un poco inestable… a la par que a gusto… su presencia era optimista y relajante…. como si me estuviera invitando a un espacio creativo dentro de otro reino.

La música comenzó y empecé a cantar. James sonrió, y a veces fruncía el ceño! Seguí mi camino, familiarizándome con la música, probando diferentes estilos y texturas.

La escena era un momento muy importante en la película, toda la tribu arrastrando el Avatar de Grace a la montaña, un sentimiento de derrota y de desgarrador dolor y pérdida…

Él estaba emocionado después de la primera toma, haciendo sugerencias, definiendo la gama y el estilo, dividiendo y estratificando las piezas. Había dos grandes bloques en la pieza que esculpió con sumo cuidado, comentándome que no tuviera miedo de ser poco convencional, que me deslizara a través de las notas con libertad, etc.

Colocó el sonido de una trompeta desafiante y prominente en el medio del corte y pensé ¡wow, eso es inusual!… y cuando escuché la mezcla final me sorprendió en cuan poderoso quedaba el conjunto final, todo perfectamente alineado entre sí para profundizar en los corazones de los personajes que aparecían en la pantalla y el, como no, en la audiencia.

Conforme nos acercábamos al final nos reímos una y otra vez pensando en cómo él me había empujado fuera de mi zona de confort, tanto en rango como en estilo. ¡Estaba feliz y eufórico!

Cuando terminamos, James y Simón hicieron una mezcla rápida para escuchar el resultado final del conjunto. Simón había sido vital en tomar decisiones sobre que partes trabajan mejor, cuales no…
Y nos sentamos en esa sala de estar con nuestros auriculares y escuchamos. Cuando acabó nos miramos el uno al otro. Una sonrisa leve. El asiente con la cabeza. Sí funciona. Y James dijo en voz baja: “Creo que lo hemos logrado.”

Mi trabajo con él en The Amazing Spiderman fue igualmente inspirador. James estaba firme, constantemente concentrado,  mientras visitaba a su musa creativa, residente en su mente y corazón al mismo tiempo. Él estaba constantemente respondiendo a los comentarios de director con palabras llenas de energía, muy atentamente y de forma tranquila, todo ello bajo la presión de los plazos y más factores. Nosotros deberíamos grabar, Simon enviar la pista al director, a mi me gustaría echar una siesta junto a las cajas de instrumentos de la sala de estar (jet lag!) y de repente James me llamaba suavemente, ¿Lisbeth?. Y de nuevo a la búsqueda de la aprobación final… ¡aprobación que finalmente conseguimos!

Cuando me enteré de la noticia de su muerte, me imaginé que volar era un hermoso lugar de libertad para él… aliento infinito y belleza incondicional. Estaba literalmente por encima de todo.

Gracias James por todo lo que me diste, la inspiración, las lecciones sobre el descubrimiento de mi propio talento sin límites, la fe que pusiste en mí para traer lo que escuchó en su cabeza a la vida. Gracias por permitirnos formar parte de tus dones. Cuan afortunados fuimos.

Todos te enviaremos alas hechas por amor. ¡Puede que te eleven sin miedo alguno!

Pablo Ortiz de Urbina (Director de Orquesta y Manager del Proyecto Michael Kamen)

Como si de una premonición se tratara, el lunes mismo por la mañana me dirigía a mi trabajo en la residencia Kamen escuchando la banda sonora de Una Mente Maravillosa, la cual adoro desde mis años de adolescente. Una parte de mí se sentía como un traidor, puesto que no es un secreto mi devoción por Michael Kamen y mi estrecha relación con su música. Pero seamos objetivos, James Horner es (porque eso nunca cambiará) un referente en cuanto a la música de cine se refiere, una persona que ha dejado su huella en el género y a quien debemos estar eternamente agradecidos. No tengo la menor duda que Michael se habría entristecido mucho con la trágica noticia del lunes, como de seguro James Horner se entristeció de la pérdida de nuestro querido Kamen. Cuando gente tan grande nos deja, nos privan de su talento, el mundo ya no puede disfrutar de sus nuevas creaciones creativas, de su don musical. Esto por supuesto entristece mucho a quienes llevamos la pasión por la música tan adentro.

Y es que James Horner sabía muy bien cómo sacar lo mejor de una película, entremezclar el dramatismo de la escena con la tensión musical, y fusionar ambas para que el público, como se decía del Maestro Karajan, fuera capaz de escuchar con los ojos y mirar con los oídos. Esto no lo consigue mucha gente, y por eso los que lo hacen nos dejan una huella tan profunda. Son tres de sus bandas sonoras las que me han marcado para siempre, y han coincidido con diferentes etapas de mi evolución musical y humana: Braveheart, Una Mente Maravillosa y Avatar. Podría dedicar mucho tiempo a explicar el porqué, pero creo que cualquiera que las haya escuchado comprenderá perfectamente a lo que me refiero.

Pero es que además de que me encantara su música, siempre he tenido la sensación de tener una estrecha relación con él, si bien nunca llegué a conocerle en persona. Al comenzar mis estudios como trompista en la Thornton School of Music de Los Angeles, aprendí mucho sobre Horner de una de las personas que más estrechamente trabajó con él. Mi maestro Jim Thatcher fue su primer trompa desde que Horner lo pusiera al frente de su sección para la película Cocoon (yo ni siquiera había nacido en 1985), y hasta el día de hoy Thatcher se convertiría en una persona a quien Horner depositó su confianza como músico. Aún recuerdo mis largas conversaciones con Thatcher sobre las sesiones de grabación de Avatar… Seguro que no ha sido una semana fácil para él.

Pero por si fuera poco, al llegar a Londres, me di cuenta de que Horner había estudiado algunos años en el Real Conservatorio de Londres, donde yo me embarcaba en un Master en trompa y dirección. La relación indirecta continuaba, y se hacía aún más fuerte cuando Horner anunciaba que estrenaría su concierto para cuatro trompas con la London Philharmonic esta temporada, y con dos de mis profesores como solistas: Jim Thatcher y John Ryan, quien fue uno de mis maestros en Londres.

La fortuna hizo que no pudiera asistir a ese concierto, pero de haber sabido que iba a ser mi única oportunidad para verle en persona, y probablemente conocerle, jamás lo hubiera permitido. ¡Es difícil predecir los devenires del futuro! Me queda la satisfacción de haber podido dirigir el año pasado dos de sus obras con la Royal College of Music Students´ Film Orchestra, Avatar y For the Love of a Princess. Pensar en las caras de los músicos de la orquesta disfrutando tanto de su música me hace sonreír, porque aunque él ya no esté, su música seguirá ahí. ¡Qué mejor legado! Por ello, ¡GRACIAS!

Edwin Wendler (Compositor)

Notas sobre James Horner

Las primeras décadas de la historia de la música de cine fueron dominados por compositores que procedían de países europeos. Fueron clásicamente entrenados en los conservatorios. Muchos de ellos habían estudiado con los principales compositores clásicos de finales del siglo 19 y principios del siglo 20, continuando así un rico patrimonio musical, y llevándolo a la vanguardia de esta forma de arte tan popular llamada cine. Hoy parece que los compositores cada vez están menos dispuestos o son capaces de continuar esa tradición y de llevar a cabo una versión modernizada de la misma en el cine contemporáneo. De hecho, no tener ese bagaje clásico es de más ayuda a los compositores que son contratados hoy en día.

James Horner era uno de los pocos compositores que trabajan activamente en los medios de comunicación visuales contemporáneos que sí tenía antecedentes en la música clásica, y su huella se puede encontrar en cada partitura que escribió. No, no me estoy refiriendo sus referencias de Prokofiev, Britten, u otros; Estoy hablando de la utilización de la forma, la forma en que dos temas se entrelazan como contrapunto, las modulaciones de un mismo tono, etc. Los scores de Horner para Tiempos de Gloria o En busca del valle encantado, por ejemplo, se sentirían tan en casa en una sala de conciertos como lo hacen en las películas para las que fueron escritas. Suenan como oratorios o sinfonías, lleno de temas ricos y variaciones.

Las personas con el oído entrenado aprecian esas técnicas de composición, pero esas técnicas no estaban destinadas a ser detectables exclusivamente por los oídos entrenados. Son ejercicios no meramente intelectuales; su aplicación resulta en reacciones emocionales, y esto es en lo que James Horner era dueño absoluto.

Recuerdo perfectamente la primera vez que me di cuenta. Yo estaba sentado en una sala de cine con mi madre, viendo Nuestros maravillosos aliados. Cerca del final de la película, el personaje de Jessica Tandy ha pasado por muchas cosas: Ella ha estado lidiando con la demencia y la pérdida de su casa. A medida que se acerca al edificio de apartamentos milagrosamente renovado, con la cabeza gacha, lentamente levanta la vista, y es cuando la verdadera magia del cine-música sucede: Sus ojos se iluminan, sonríe de oreja a oreja, y lo mismo ocurre con la música. En una sencilla modulación, Horner capturó perfectamente la perfecta emoción, elevando el momento en la pantalla. Hay un sinnúmero de momentos como este en la obra de Horner. ¿Es la música cursi? Para mí no, puesto que era profundamente emocional. La música de Horner se elevaba como la de ningún otro.

La música más satisfactoria – música de cine, pero no sólo, también la música en general – es el equilibrio justo entre lo familiar y lo nuevo, entre lo intelectual y lo emocional. James Horner busco siempre ese objetivo, y lo alcanzó en cada ocasión que lo intentó.

Tuve la gran fortuna de ver a James Horner en persona dos veces, en sendas proyecciones. En uno de esos eventos, Horner se quedó por un tiempo para firmar autógrafos. Sin saber que iba a asistir, no me había traído nada conmigo a firmar, y viéndolo en retrospectiva, me alegro de que no lo hiciera porque Horner se mantuvo mirando hacia abajo mientras firmaba, sin mirar en realidad a los rostros de las personas. Me apunté a la cola porque sentí el deseo abrumador de dar las gracias a aquel hombre. Yo estaba preocupado, sin embargo, porque había oído algunos cuentos con moraleja sobre cómo de abrasivo podría ser Horner como persona. Cuando finalmente me paré frente a él, le dije: “No tengo nada para firmar. Sólo quería hacerle saber que he estado siguiendo su carrera desde el principio, que crecí en Viena, Austria, y su música me ha conmovido profundamente. Gracias por toda su música”. James Horner me miró mientras hablaba. Estaba realmente conmovido. Él sonrió, hizo una rápida y pequeña reverencia, y me dio las gracias. Estaba tan lleno de gracia. Tuve mi oportunidad de darle las gracias a mi ídolo musical. Siempre estaré muy agradecido por ello.

La devastadora noticia del repentino fallecimiento de James Horner me tiene todavía hundido. Me siento tan mal por su familia, amigos personales, y sus colaboradores. Lo siento por Peter Hackman y todos los otros fans que nunca serán capaces de decirle cuánto significa su música para ellos. Y todavía no puedo creer que el desarrollo gradual de su estilo único de composición se haya detenido tan bruscamente. Después del lanzamiento de Southpaw y The 33, nunca habrá una nueva partitura de James Horner que esperar. Nunca pondremos entusiasmo en preguntarnos con que nos encontraremos la próxima vez. Para muchos de nosotros, la música de James Horner ha sido una gran fuente de consuelo. Ahora me consuela el hecho de que su obra intemporal seguirá siendo un amigo para nosotros y para las generaciones venideras.

Manel Gil-Inglada (Compositor)

A propósito de James Horner.

Creo que uno construye su carrera intentando rodearse de buenas referencias teniendo siempre alguien en quien fijarse, compositores que por su forma de hacer admiras, que adoras, su trabajo te impacta, lo analizas, lo estudias y consideras su obra como una meta con la que sueñas y que te hace querer ser mejor y esforzarte un poco más cada día.

Me pasa que no sólo teniendo un modelo de referencia y admirando el trabajo de tantos y tantos compositores  excepcionales, James Horner ocupaba un lugar privilegiado.

El compositor por excelencia, el de las grandes películas, ya sean de acción, aventuras, heroicas, el de las historias donde la pasión, el honor, la amistad, los sentimientos son tan importantes y que gracias a su música han sido y son mejores. Y no sólo por su capacidad de transmitir grandes emociones gracias a la su utilización de lo que llamamos el Tema Principal o el gran  Leit Motiv ,  una herramienta poderosa que nos manipula más allá de la pantalla y así queda demostrado cuando escuchamos sus grandes melodías de manera aislada, sino también por su gran maestría en el arte de narrar, de aplicar su música al servicio de la historia, de la imagen, de la película, llegando a constituir un gran conjunto en perfecta armonía.

Es cierto que una de las cosas que más me interesan es como un compositor crea su marca o sello personal que va impreso en su obra. En algunos casos se basa en la utilización de las diferentes posibilidades que las construcciones armónicas nos permiten, repitiendo o referenciando ciertos patrones más o menos de manera habitual. Otros construyen su marca o estilo gracias a una utilización más o menos constante de un modelo de orquestación, de cómo se utilizan los instrumentos, las voces, la paleta orquestal. En algunos casos es la mezcla de todas estas y otras posibilidades, pero estoy seguro que para muchos y en el caso de James Horner,  su famoso  Parabará o repetición de ese patrón de cuatro notas de manera más o menos habitual en algunas de sus bandas sonoras formará parte de ese sello personal que el imprimió en su música siendo para mi algo puramente anecdótico a modo incluso de Cameo que para nada define realmente su estilo o marca personal.

Braveheart, Avatar, Leyendas de pasión, Willow, Enemigo a las puertas, Titanic, Jumanji, uf… tantas y tantas películas…Ahora bien, uno siempre guarda en su memoria alguna banda sonora que permanece en su recuerdo de una manera especial y en mi caso y ligada a una etapa de mi vida , cuando mi hijo era un pequeñajo espabilado, divertido, ingenuo al que le encantaban las películas de aventuras, infantiles, etc,  la banda sonora de Casper ocupa un lugar especial por los recuerdos y los sentimientos que me provoca…

Gracias James por estar ahí, te aseguro que nunca te olvidaremos pero tampoco te perdonaremos que nos hayas dejado tan pronto… ya decía yo que volar no es de humanos…

Germán Barón (Compositor)

Sería por allá 1985 cuando vi Cocoon en el cine y quedé impactado por la música de un maestro cuyo nombre desconocía totalmente… Leí alguna crítica que decía que provenía de la factoría Corman y que había compuesto Los Siete Magníficos del Espacio (1980). A partir de aquel momento su presencia en las pantallas cada vez fue más habitual y me empecé a fijar en él y sus composiciones… Eran los tiempos en que la editora española Vinilo empezó a sacar muchos LP con música de sus films. Mi primer vinilo de Horner fue Brainstorm (1983) y aquella escucha fue como una revelación: Descubrir a un autor con mayúsculas, con estilo y personalidad propias, un nombre que abría espacio en la (pequeña) estantería y rivalizaba en calidad con John Williams, John Barry, Ennio Morricone y Jerry Goldsmith.

Con Aliens ya directamente me enloqueció y me convertí en un seguidor suyo para siempre.Los ochenta fueron gloriosamente suyos y también los noventa. Una estrella que crecía y crecía y llevaba la música de cine a niveles de excelencia brutales (pienso en Apollo 13 o Braveheart), abordando cualquier género con una excelencia que con su muerte prácticamente ha desaparecido.

James Horner nos hizo soñar con melodías geniales, fanfarrias espectaculares y una capacidad como músico de cine, para entender la función de narrador al servicio de la imagen indiscutible. Cierto, lo queríamos y por ello lo criticábamos, nos enfadábamos con sus refritos, sus autoreferencias, su inspiración en los clásicos -especialmente al inicio de su carrera- o el famoso parabara que casi parecía una broma de tanto que lo usaba-…Pero lo amábamos , lo queríamos ( lo queremos) profundamente porque James Horner cuando estaba inspirado era sencillamente tan grande, que hacía quedar al resto (especialmente a buenos autores de su misma generación) como pequeñitos.

El éxito de Titanic lo consagró, pero creo que también lo relajó y Horner empezó a hacer y trabajos más funcionales, menos brillantes, a espaciar más sus maravillas, seguía dando buenos trabajos pero creo que la etapa post Oscar nunca rayó a un nivel de calidad y fuerza tan superiores e inigualables a la pre Oscar. Seguía siendo un talento prodigioso para casar música e imagen , pero también creo que personalmente me llevé una gran decepción con oportunidades en las que se empleó por debajo de lo esperado (Avatar por ejemplo). El que tuvo retuvo y hace unas semanas compartí mi entusiasmo por una de sus últimas obras: Le dernier Loup que me parecía un retorno al mejor Horner de los 80-90 y encima con energías renovadas. Una composición genial que ahora me parece el mejor de sus testamentos. Son muchas las vivencias, películas, discusiones y emociones que me provocó su música y lamento profundamente tener que escribir unas lineas como estas para rememorar su discutible y a la vez memorable figura. Gracias maestro

Ivan Palomares (Compositor)

Un amigo compositor comentaba el otro día que James Horner había sido realmente inspirador en todos los compositores actuales de música de cine, pero que en pocas ocasiones vez lo hemos admitido.

En efecto, los compositores (así como los aficionados a las BSOs) podemos ser crueles cuando, por la razón que sea, uno deja de escuchar o escucha sin prestar excesiva atención la música de alguien que ha demostrado tanto por el cine.

Por ello y tras la cantidad de homenajes que se han producido sobre la música de Horner, a modo de enlaces de sus mejores temas, uno debe empezar, quizás, pidiendo perdón.

Perdón porque después de Titanic dejé de escuchar con asiduidad a Horner, sin saber muy bien por qué…quizás por los “trucos” musicales o las referencias de obras clásicas que uno reconocía en su música (como si otros grandísimos compositores no lo hubieran hecho habitualmente) o, simplemente, porque en esa época, como compositor, me interesaban más obras aparentemente más complejas, más contemporáneas, menos programáticas, olvidando cuál ha sido el camino que me había hecho llegar hasta éstas últimas.

Hasta que llega un día en que, en pleno Conservatorio, nos piden hacer un ejercicio de estilo clásico, tipo “Mozart”. En ese momento uno ata cabos y recibe una gran lección. Pensando que la parte temática no revestía gran dificultad, por la aparente sencillez, Mozart acababa sacándome los colores al revelarme que mis temas sonaban más a un tema infantil que al estilo de un gran compositor. Y entonces uno entiende que componer algo “fácil” de entender pero de calidad no es, precisamente, tarea simple.

Esa misma sensación es la que tengo estos días de homenajes y de escuchas de la obra de Horner. Lo que hacía no era, ni mucho menos, fácil. Requería no sólo un gran oficio, sino también mucha sinceridad y valor. Y entonces empieza uno a recordar que James Horner llegó a impactarme, por lo menos, tanto como lo hizo John Williams…y si éste último fue la banda sonora de mi infancia, está claro que Horner fue la de mi adolescencia…

No recuerdo mucho de la película de The Rocketeer, pero sí, en cambio, el profundo efecto que me causó su música sobre imagen con 13 años, y las interminables horas que he podido escuchar a todo trapo su CD. Recuerdo cómo fui al cine, con nocturnidad y alevosía, a ver de nuevo Leyendas de Pasión, únicamente para escuchar y analizar la Banda Sonora en pantalla grande, por no hablar de lo que me estremeció Braveheart y cómo volvía del cine para sentarme al piano a reducir con mis manos lo que había escuchado. Y como éstas, tantas otras anécdotas que podría contar y que, como decía mi amigo, en raras ocasiones lo he admitido.

Fuera de la propia afición, uno debe mirarse, como compositor, en el espejo de la profesión y hay que reconocer que, con menos de 30 años, un chaval como Horner fue capaz de crear un sinfonismo perfectamente a la altura de un Goldsmith en plena madurez, con la presión añadida de tener que enfrentarse, con poca experiencia, a proyectos de enorme envergadura. Sólo un compositor con un tremendo oficio y una enorme capacidad de asimilar y de entender la música podría haberse enfrentado a algo parecido.

Volviendo la vista atrás, se puede decir que Horner escribía no sólo para su propio disfrute, sino que también lo hizo para ese espectador – adolescente, niño o adulto, que quería, simplemente, soñar y disfrutar con el cine en estado puro.

Los tiempos cambian y el cine ya no es igual, los compositores tampoco. Algo que preocupaba al propio Horner. En esta búsqueda actual de muchos por conseguir un sonido más épico, más agresivo o más saturado que el del vecino, o, al contrario, tan abstracto como sea posible, para contrarrestar, quizás, esa guerra dinámica de las BSOs actuales, Horner seguía defendiendo esos oasis de melodías, de contramelodías y de armonías perfectamente pensadas y estructuradas, que permitían lo que ahora ya no se contempla…temas perfectamente desarrollados de 10 minutos con melodías peligrosamente expuestas.

Como he dicho antes, ha hecho falta convertirme, quizás, en compositor, para poder valorar y reconocer en su justa medida que para escribir con este grado de exposición no sólo hace falta un gran oficio compositivo, sino también mucho valor y sinceridad.

Por encima de todo, es curioso que las melodías de Horner siempre me han dado la sensación de reflejar la libertad de alguien volando, elevándose…quizás, por eso, curiosa y poéticamente, fuera necesario que se marchara de esta manera, aunque fuera muchos años antes de lo que nos hubiera gustado. DEP y Gracias de corazón.

Gus Reyes (Compositor)

El Único James Horner

Siempre es difícil para un compositor escribir sobre otro compositor, pero cuando es alguien que ha escrito música que significa tanto para uno, no solo es apropiado sino importante.

Descubrí a James Horner desde muy temprano en mi vida. Fué su música la que me empujó a averiguar mas sobre él y encontrar todas las películas en las que había trabajado hasta ese momento.

En mi juventud ya tenía la idea de querer convertirme en compositor para cine y hubieron varias figuras que me sirviernon de ejemplo de excelencia. Ellos me enseñaron el poder de comunicación que la música siempre debe tener.

Es impresionante el número de películas de mi niñez que contenían música de James Horner y que recuerdo con un interminable cariño. Películas cuya música sigo escuchando y analizando cada vez que puedo. Krull, Star Trek II: The Wrath of Khan, Uncommon Valor, Cocoon, Aliens, Project X, Red Heat, Willow, Field of Dreams y Glory fueron mis favoritas.

Considero que no fué una sorpresa que por momentos, cuando componía para algún proyecto, me veía atorado tratando de reproducir algunas notas de la música de Horner especialmente en esos temas íntimos y emotivos para piano. Mis manos solían moverse en esa dirección siempre.  Ése es el poder de la música de James Horner.

Hoy día, me encuentro usando muchos de los recursos musicales y técnicas de Horner y con tremendos resultados. Pero ésto tiene una explicación mas compleja, al menos en mi experiencia.

Siempre fuí muy cercano a mi padre. Solíamos ver películas juntos y comentar sobre su música. Tristemente, mi padre falleció hace algunos años.

A pesar de nuestras interminables conversaciones y mi aprecio personal por la música de Horner, creo que no logré entenderla por completo en su significado y su poder emocional sino hasta despues del fallecimiento de mi padre.

Field of Dreams (El Campo de los Sueños) se convirtió en una película muy dificil de volver a ver para mi. No solo por la premisa de la misma, de un hombre tratando de pedir perdón a su padre ya fallecido, sino por la profunda capacidad emocional de la música que servía para comunicar éste propósito

De pronto me encontré repitiendo ésta música una y otra vez en mi cabeza durante éstos momentos difíciles de mi vida.

Posterior a ello, la música de Glory (Gloria) se convirtió en un elemento importante para recuperar la fuerza que me hacía falta para seguir mi camino y buscar mis sueños.

Me hubiera encantado conocer al Sr. Horner solo para decirle lo importante que su música es para mi. Se que su pasión estaba alla arriba, entre las nubes, y su inspiración estaba justo ahí, entre los dioses.

Muchas gracias Sr. Horner.

Jamás sera olvidado.

Su música vivirá siempre en nuestros corazones.

Daniel Schweiger (Critico)

Como puede verse en la efusión colectiva de tristeza por la repentina muerte de James Horner, no puede subestimarse el impacto que 36 años de carrera han tenido en los aficionados al cine de todo el mundo. Incluso cuando empezando desde productos B de Roger Corman como La Señora en rojo, Humanoides desde el abismo y Los siete magníficos del espacio, este hijo de un diseñador de producción de Hollywood mostró un profundo conocimiento por la melodía temática y una alegría desenfrenada a la hora de componer mucho más avanzada para los años que tenía, y un sonido más acabado del que el presupuesto le permitía entonces. Películas como Lobos Humanos y Bendición mortal dieron a James Horner su primer avance real a la edad de 25 con Star Trek II: La ira de Khan – una película de ciencia-ficción seminal en los que introdujo temas musicales a cerca de la amistad, la muerte, la resurrección y la alegría de volar, presentes después en una carrera distinguida y sorprendente, incluido el Oscar por Titanic, y con otros títulos como Tiempos de Gloria, Leyendas de pasión, Apolo 13, El niño con el pijama de rayas y Jumanji, pero que también se convirtieron en motivos para la propia vida del compositor, una vida que concluyó surcando los cielos que tanto había amado, a la edad de 61 años.

Si Jerry Goldsmith demostró ser el Mozart que absorbió mi corazón en el asombro y la imaginación de la música de cine, entonces James Horner fue ciertamente mi Beethoven, recogiendo esa antorcha temática con pasión de la vieja escuela. Tuve la suerte de entrevistar a Horner en alguna ocasión a lo largo de su carrera, a partir de su glorioso trabajo de The Rocketeer. Esta película de culto no sólo me permitió asistir a una sesión de grabación, sino también para visitar la casa del compositor, donde me maravillé de su colección de juguetes antiguos – mostrándome cuántos variados intereses Horner tenía allá de la música. Generoso y cercano a sus seguidores, hablé con Horner para Titanic, y le vi tras el podio dirigir su composición mientras el barco dejaba Southampton. Hablé con él con ocasión del score de Avatar, y cubrí las notas de las ediciones de House of Cards, Jade y una compilación de sus colaboraciones para Ron Howard, en el álbum Passions and Achievements.

Pero, sin duda, la entrevista más popular que haría con James Horner (por no hablar de cualquier compositor) fue para su trabajo en 2006 para Todos los Hombres del Rey – una película cuya banda sonora fue el aspecto más destacado. En este punto de su carrera, la opinión de Horner era ya implacablemente sincera, sobre todo cuando se trataba de hablar de su experiencia con Terrence Malick en El nuevo mundo o al ser llamado para realizar una banda sonora de reemplazo para Troya. Cuando la mayoría de los compositores comprensiblemente tienen que ocultar sus verdaderas opiniones, Horner no resultó nada tímido, lo que derivó en una conversación a menudo divertida, que ahora se presenta como un homenaje a su ingenio y energía.

Echo mucho de menos la amabilidad sin pretensiones que James Horner tuvo hacia la cobertura que hice de él a lo largo de los años. Pero al igual que todos nosotros, voy a extrañar su música aún más. Sin embargo, si nuestro amor a su música permanece en la forma en la cual nos inspiraba, escuchar cualquiera de sus numerosos y maravillosos trabajos continuará influyendo en esa forma de arte, la música de cine, que tanto adoramos.

Antonio Pardo Larrosa (Crítico y Escritor)

The Time Traveler

Es curioso el impacto que puede llegar producir la literatura en la vida de algunas personas. Obras tan conocidas como la Biblia, La Ilíada, Don Quijote de la Mancha, El Señor de los anillos o El filo de la Navaja son solo algunos ejemplos de esa ilimitada capacidad que tienen estos textos para asombrar y emocionar al más ávido de los lectores. De entre todas ellas me gustaría destacar –condición sine qua non para entender a posteriori la musica de Horner- la obra de ficción The Time Machine, escrita por el británico Herbert George Wells y publicada en Londres a finales del siglo XIX. La máquina del tiempo narra, a vuela pluma, las andanzas de un científico algo excéntrico de finales del XIX que logra descubrir las claves de la denominada “cuarta dimensión” –algo así como el Tiempo- construyendo un vehículo que le permite viajar físicamente a través del mismo. Wells ideo este curioso artefacto de “metal, cristal de roca y marfil” que poseía la capacidad de viajar allí donde el ser humano no podía llegar. Viajar en el tiempo violentando la propia naturaleza, uff, ¿es acaso eso posible?, desde luego que sí. Si Wells inventó su máquina durante la segunda revolución industrial, allá por el 1800 y pico –sistema nacional de medida- fue solo hace tres décadas cuando Horner concibió su propia máquina del tiempo, sin remaches, tuercas, marfil, válvulas o correas de transmisión, nada de eso, su máquina se construyó sobre pentagramas, negras, corcheas, sostenidos y unos largos y profundos silencios. Su música es el vehículo que utilizamos para viajar a través del tiempo, desde la mente del compositor a todos esos mundos que solo él pudo imaginar. Como dijo Ludwig Van Beethoven: “La música te conduce allí donde el músico quiere que vayas”.

Todavía hoy –y solo han pasado dos décadas- recuerdo con claridad aquellas estupendas Shubertiadas que mi gran amigo Ginés Belzunces, mi experto copiloto –te acuerdas, amigo mio-, y yo organizábamos –la máquina de Horner es un modelo biplaza, menos mal- todos los viernes por la tarde al abrigo de una buena taza de café. Allí cabalgamos a lomos de caballos flameantes –Ride of the firemares, Krull (1983)- que a golpe de timbal y toque de trompeta nos hacían participes de tan anacrónica galopada. Entre comentarios y chascarrillos de neófitos entusiastas luchábamos en la espectacular batalla de Mutara Nebula –Battle in the Mutara Nebula, Star Trek II The Wrath of Khan (1982)-, cruzada que nos sirvió para saber que Jerry Goldsmith –con quien dicen que libro una y mil batallas de garrote y tentetieso- tenía un digno sucesor. La idea que nos obsesionaba era la de viajar sin descanso alguno participando de la magia que el Maestro nos regalaba. Daba igual si teníamos que desplazarnos hasta el jurásico –Whispering Winds, The land before time (1988)- para contemplar como Piecito, un pequeño y simpático dinosaurio dialogaba con su madre a través de una de las melodías más emocionantes de la historia del cine, o si debíamos, por contra, dirigirnos, “pies en polvorosa”, al futuro para descubrir que las tres leyes de la robótica –The Gift Of Mortality, Bicenntenial Man (1999)- en verdad se basan en la humanidad de tus melodías, un par de leitmotivs que destilan tanto amor que todavía hoy son capaces de arrancar de mis cansados ojos las pocas lágrimas que me quedan. ¡Cuánto dolor hay en mi interior!…

Pero seguimos viajando sin solución de continuidad, próxima parada… Un lugar llamado sentimiento. Te acuerdas del día –como para olvidarlo, verdad compadre- que recibimos el CD de La historia de Spitfire Grill Care of the Spitfire Grill, The Spitfire Grill (1996)-, otro Horner, otro sonido distinto que su genio forjó en las entrañas de su propia fragua, lugar donde las seis cuerdas de la guitarra y la profunda intimidad del piano solían tejer los tendones del sentimiento más hondo. Y qué me dices, amigo mío, de aquella ocasión en la que un viejo desfigurado, tosco y huraño –Lookout Point, The Man Without a Face (1993)- nos enseñó que lo feo puede ser bello si se sabe mirar a través de una sentida melodía. Han pasado muchos años y seguimos con nuestras Shubertiadas, tan necesarias y tan dolorosas a partir de ahora… Se ha ido, pero nuestros viajes seguirán gracias a su gran legado. Es imposible olvidar aquellas tardes que tú, José Antonio Planes –el crítico de cine más inteligente que conozco- y yo íbamos al cine Rex de Murcia para asistir al estreno de todas las películas en las que el Maestro aparecía como “primer espada” del cartel. Cambiamos el café de los viernes por las palomitas de gallinero –en la ópera sientan sus posaderas los más entendidos- para viajar hasta Méjico, donde el Zorro –The Plaza Of execution, The Mask of Zorro (1998) Shakuhachi y castañuelas en ristre luchaba contra el cruel y despiadado gobernador de California. Enumerar todos y cada uno de los viajes que hemos realizado subidos en esta original –su música habla un lenguaje muy distinto- máquina del tiempo resulta una tarea complicada, imposible diría yo, pero aun así caminamos por los bioluminiscentes bosques de Pandora –su último gran opus- comprobando que todavía quedaba genio en aquellos novedosos trazos, o las innumerables veces que fuimos testigos de cómo las obras de Shelley, Stevenson o Melville –Towards the open sea, The Pagemaster (1994)- cobraban vida bajo tu firmamento musical. La gran travesía del Titanic –su único y merecido Oscar-, el viaje fallido del Apollo XIII, el amor y la traición de un escocés llamado Braveheart o el desgarrador aullido de su última gran aventura –Wolf Totem (2015)- son viajes de ida y vuelta, pues en todos ellos encontramos una y otra vez cosas nuevas, matices distintos que hacen que su música sea inmortal.

Ad Aeternum

Más allá del tiempo, esta podría ser la definición que más se ajusta a la realidad que define la música de Horner, una obra de arte atemporal que se reescribe una y otra vez, nota a nota, verso a verso, mostrando que hay bastante más que buenas intenciones tras los desconsolados trazos de su prodigioso genio. Nunca pensé que un ser humano pudiera superar la belleza que hay implícita en obras como la Pietà de Miguel Ángel Buonarotti, maestro de maestros, o La última cena del divino Da Vinci, o el Werther de mi amado Goethe, pero tras escuchar las conmovedoras voces de su original y cromática escritura solo me resta decir que James Horner tiene la voz más cálida que he conocido, una voz que ya no es de este mundo…

James Horner

(1953-2015)

Julie Kirgo (Crítica y Escritora)

Lamentablemente, nunca tuve la oportunidad de conocer a James Horner. Pero, por pura casualidad, una vez me encontré de pie junto a él en un evento de la SCL. Como todos estábamos supuestamente escuchando a algunos de los participantes, tuve la oportunidad de observar de cerca a uno de mis héroes musicales: su ropa era elegante y oscura, sus rasgos eran finos, con un espeso flequillo de pelo y escasa barba. A mi juicio, Horner parecía la encarnación perfecta del sensible a la par que romántico poeta-compositor.

Y de hecho, a pesar de que es quizás más célebre por sus grandes y épicas composiciones -las épicas Star Treks, Braveheart, Titanic, Avatar– es su suave trabajo, el más poético el que he valorado y atesorado más. Testament, Cocoon, Field of Dreams, Searching for Bobby Fischer, Iris: composiciones con pasajes de suma delicadeza que te atrapan poderosamente como una tela de araña. Horner podía utilizar el mismo toque de luz de manera inteligente para el suspense: escuchar Sneakers es el perfecto ejemplo, a la vez emocionante y, de alguna manera, ingenioso. Y luego están las composiciones que descubrí por primera vez a través de mis hijos: *batteries not included, Willow, The Land Before Time, y, sobre todo, una totalmente adorable An American Tail. Decir que probablemente he canturreado como cientos de veces esa melodía no es ninguna exageración; es la canción de cuna perfecta, anhelante y reconfortante.

Era un compositor único, cuya música de alguna manera se abría camino en tu vida diaria, de forma bonita y delicada; James Horner era un rara avis de hecho. Y ahora, mientras lloramos su pérdida, trato de encontrar consuelo en el hecho de que, como muchos han dicho, murió haciendo lo que más amaba, volar. Sólo puedo desear que no hubiera volado tan lejos y tan pronto.

Juan Arbona (Aficionado y miembro del ABABS)

La primera vez que vi el nombre de James Horner en la portada de un disco Humanoides del Abismo, intuí que un nuevo forastero había llegado a la ciudad de las bandas sonoras y con el ánimo de quedarse por mucho tiempo, también lidero y supuso la llegada del cambio generacional, Jerry Goldsmith y John Williams contaban ya con un digno sucesor, ese nombre que parecía que no llegaba nunca, pero llego en el momento oportuno, al que se unieron Basil Poledouris, Alan Silvestri, Bruce Broughton y Christopher Young entre otros.

La grandeza del Cine es que cualquier nombre que aparece en los créditos de un film parece que vive para siempre, que no pasan los años, que siempre está ahí, que da la impresión que es inmortal y de hecho es así, cada vez que veamos Music by James Horner sabremos que vamos a vivir todo un torrente de emociones que nos harán ver aquella película como si fuera la primera vez que la veamos, pero nunca será la última y nuevamente se nos pondrá la piel de pollo porque en nuestro interior llevaremos esa persona que tanto nos ha hecho sentir y James Horner estará siempre unido a nosotros.

Guíanos con tu música a los que temporalmente estamos aquí y nos haga mejores personas, que vivamos y dejemos vivir.

James Horner, always.

Octavio López Sanjuan (Aficionado y Escritor)

Cabalgando Entre Las Estrellas

En el plano personal, creo que mi primer recuerdo sobre la música de James Horner se remonta a Aliens: El Regreso (Aliens, 1986). Y fue en concreto durante el pasaje del rescate por parte de Ripley de los marines asediados por los xenomorfos, a bordo de aquel vehículo de asalto con ese diseño tan ligado a aquellas superficies planas y negras del futuro vaticinado desde los ochenta. Aquella carrera fustigada por los metales se convirtió para mí en la definición perfecta del dinamismo furioso, de la inminencia peligrosa y de las carreras frenéticas. Tiempo después, cuando entre mis amigos y yo empezamos a rodar nuestros pequeños cortos caseros, a la hora de montarlos empleé dicha pieza en dos de esos cortos. Una primera vez en “Nadie es Perfecto”, un corto en el que asesinaba a aquellos a los que no soportaban a Jim Carrey, y en el cual ese Ripley’s Rescue sonaba mientras yo perseguía a una de mis víctimas a través de unos pasillos estrechos repletos de maleza, cuchillo en ristre. Y una segunda vez en el corto “Por Detrás del Sentimiento”, cuando el protagonista del corto, totalmente ebrio, realiza una conducción totalmente imprudente del vehículo de un amigo para terminar impactando contra otro coche. Como decía, no existía mejor tema para describir una angustia de locura, el frenesí, o en general, lo trepidante.

Siendo un amante de los dinosaurios, no tardé en ver En Busca del Valle Encantado (Land Before Time, 1988) cuando salió en video y contaba yo con apenas 7 años. Pero  he de admitir que la película, como tal, no me terminó de gustar. Quizás se debiese al ambiente excesivamente sombrío, unas crías protagonistas con las que no pude empatizar (a lo que no me ayudó el doblaje foráneo con el que llegó a España) y un tono inicial demasiado trágico (aún hoy me cuesta digerir películas supuestamente “infantiles” donde el protagonista sufre una gran pérdida familiar). En cambio, mucho tiempo después, cuando escuché aisladamente la banda sonora, mis lágrimas me sorprendieron cayéndome por la cara, al descubrir la belleza tan delicada, tan tierna y tan cálida que Horner era capaz de invocar.

Siguiendo con los dinosaurios, y años antes de que el músico inundase el espectro musical de todo el planeta con sus composiciones para el famoso Titanic, yo descubría su talento para las canciones y el rock con Rex, Un Dinosaurio en Nueva York (We’re Back! A Dinosaur’s Story, 1993). La canción que aparece en el film, cantada por John Goodman (que interpreta al personaje principal, el citado Rex) poseía un ritmo feroz y divertido, y ese estribillo de Roll Back the Rock To the Dawn of Time que da título a la canción que nunca me canso de volver a escuchar. Incluso Little Richard implementó su propia versión para la banda sonora.

El último hallazgo que tuve con Horner, fue gracias a la recomendación, si no recuerdo mal, de mi amigo Miguel Cívica. Fue él quien me dirigió hacia Krull (1983), y de esta forma colisioné contra una epopeya musical y espacial mayestática, ya comprobable en los primeros minutos de su banda sonora. Ese Main Title And Colwyn’s Arrival es uno de los temas más heroicos, gloriosos y fantásticos que he podido escuchar, y donde Horner demostraba su innata capacidad para conseguir que las aventuras de otros mundos explotaran en un torrente de acción, épica y fanfarrias.

Por todo lo anterior, para mi Horner simboliza la perfecta armonía entre lirismo, diversión, pasión y fantasía, todo en una misma armadura que cabalga entre las estrellas, con fiereza.

Gregorio Umbría Llorente (Aficionado)

Hace tan sólo unos días nos dejó James. Durante el desayuno del pasado martes la noticia saltó en las redes sociales y a los pocos minutos fue confirmada en la radio. Mi corazón sintió un profundo dolor.

Desde que era niño Horner ha formado parte de mí, y hasta este pasado martes no he sabido medir en que cantidad. Su perdida es sentida igual que la perdida de un querido amigo de la infancia con el que hubiera compartido innumerables momentos de belleza, emoción y sentimiento inolvidables. Sin duda es el compositor de cine que más cerca del corazón me ha llegado con su música. Un corazón que ahora sólo es capaz de compensar el dolor de su perdida cuando escucha su música, y vuelven a resurgir las emociones que sólo él es capaz de provocar.

Gracias, James.

(Willow  – Primer LP 1988, Star Trek III – Primer CD 1990)

Felipe Múgica (Aficionado y miembro de BSOSpirit)

Amado por unos y odiado por otros. Le criticábamos por el abuso de su motivo de cuatro notas (el famoso “parabará”, como lo llamábamos), por sus auto-plagios y por sus “inspiraciones” en obras de música clásica. Pero ha hecho falta que se produzca su muerte de un modo tan prematuro como inesperado para que nos pongamos todos de acuerdo en lo grandísimo compositor que era; uno de los mejores autores de la vena sinfónica que surgió en los años 80 junto a nombres como Bruce Broughton o Alan Silvestri.

Repasando sus antiguos trabajos y comparándolos con la medianía en la que vivimos en cuanto a la composición de bandas sonoras para el Hollywood actual, es cuando te das cuenta de la gran pérdida que ha supuesto su muerte para la música de cine. Estupendo melodista (de este tipo de melodía que me encanta, desarrollada, elaborada, que parece que ella misma te está contando la historia), de una extraordinaria sensibilidad, capaz de regalarnos desde el mejor y más emocionante tema de amor, hasta el más trepidante y heroico tema de aventuras.

Los 80 y los 90 fueron sus décadas doradas y ningún género se le escapó: la ciencia-ficción (Star Trek II y III, Cocoon), la fantasía (Willow, Krull), el policiaco y de acción (Límite 48 horas, Commando), épico y de aventuras (Braveheart, La máscara del Zorro), el drama (El hombre sin rostro, Spitfire Grill), animación (Fievel, En busca del valle encantado)… Y, destacando sobre todas, por supuesto, Titanic, con la que consiguió sus dos únicos Oscars y que se convirtió en la banda sonora más vendida de todos los tiempos (como banda sonora instrumental). Con el nuevo siglo, aún nos regaló un buen puñado de scores a recordar: Avatar (de nuevo con su compañero James Cameron), Apocalypto, Karate Kid, El asombroso Spider-manJames Horner nos deja, así, un incalculable legado en cuanto a música de cine que parece dolorosamente difícil que vaya a tener reemplazo en la actualidad.

Con su muerte, muchos aficionados nos hemos quedado un poco huérfanos. Gente que en los 80-90 nos aficionamos a la música de cine gracias, entre otros, a James Horner; gracias a él descubrimos que las bandas sonoras eran algo grandioso, genial, cuando te ponías a escuchar el CD de Willow, cuando desgastabas el de Braveheart de tanto oírlo, cuando silbabas Fievel y el nuevo mundo… Ahora que el mundo de la música de cine es algo más gris y poco destacable en su mayoría, es cuando más vamos a echar de menos a James Horner.

José Barrera (Aficionado)

Si tuviese que definir con una palabra lo que me transmite la música de James Horner, esa sería emoción. Y ésta es consecuencia de su modo de entender el cine, con el que a través de su música, tan especial, nos narra una historia. Una música que me resulta evocadora, y que tantas veces me ha calado. Parte de ella, a la vez me inspira nostalgia, porque ha estado ahí, desde el principio.

[…] Cuando compongo una partitura, siempre ando buscando los colores; cuando veo una película, nunca pienso en temas ni melodías; cierro los ojos y pienso en qué sentimientos me provoca, qué colores me sugiere: ¿es el color de la tristeza, el color de la alegría?… como si estuviera viendo un cuadro. Componer para mí es mucho más abstracto que un trabajo físico”. James Horner.

Reconozco que hasta hace poco tiempo atrás no había reparado en Krull, o en Star Trek II, ni en la también recién descubierta Brainstorm. Y creo que es aquí, precisamente, donde está el origen de su estilo musical (que aplicaría a gran parte de sus partituras posteriores), caracterizándose por su corte clásico, sinfónico, espectacular y enérgico. Ese marcado estilo Horner que, años después, ya sí me encontraría en algunas de esas películas míticas que forman parte de la vida de toda una generación.

Una de ellas, la primera que recuerdo con su música es, sin duda, la épica Willow. ¡Cuántas veces la habremos visto!. Después llegarían Cocoon, Aliens (que las vi tiempo después a su estreno)…, que con sólo unas notas las identificamos con su película. Me recuerdan a esas grabaciones en cassette que conseguía de algún amigo o conocido, o de un programa de radio local, que en la mayoría de casos no pasaba de una Suite o del Main Title. Por entonces, no tenía otra forma de poder hacerme con esa música que tanto me llamaba la atención, que me sonaba tan distinto a otras que escuchaba.

Su música la podemos encontrar en géneros como el cine fantástico, de aventuras, acción, ciencia ficción, drama, intriga, animación… Entre mis preferidas, la dulce bso de An American Tale. Qué puedo decir de temas como Flying Away and End Credits o de la canción Somewhere out there.

Dando un salto en el tiempo, dejándome atrás un enorme listado de bandas sonoras inolvidables, y que se me hace difícil no poder enumerar y comentar, ya que harían interminables estas líneas, tengo que detenerme en Braveheart. Recuerdo este CD de manera muy especial. No sé si es su mejor score, y puede sonar a la típica elección de bso, pero no podría faltar, seguro, en el listado de mis bandas sonoras favoritas.

All Systems Go – The Launch de Apolo 13 o Coming Home from the Sea de The Perfect Storm son, por ejemplo, dos temas a los que vuelvo de vez en cuando, al igual que con otros temas de su discografía. Y aún me queda por descubrir (y redescubrir) buena parte de su música, como me ha ocurrido recientemente con Searching for Bobby Fischer.

En la segunda parte del concierto homenaje Hollywood in Vienna 2013 se puede ver a un James Horner que, a medida que la orquesta iba interpretando temas suyos, iba emocionándose cada vez más, hasta llegar a un punto que ya no podía contener las lágrimas, corroborando así  la gran sensibilidad que impregna a sus partituras.

El día veintitrés de junio nos despertamos con la triste noticia del fallecimiento de James Horner a los sesenta y un años. Para la música de cine, y para el propio cine, supone una enorme pérdida, por lo que podría seguir aportando con su talento. Es curioso como una persona que se encuentra tan lejos de ti, que sabes que seguramente no llegues a conocer nunca,  puede estar tan cerca tuya, en este caso, gracias a su música, y sentir su marcha. Pero el destino, la mala suerte, la vida… ha querido arrebatarnos a uno de los mejores músicos cinematográficos de los últimos años. A uno de los grandes.

Gracias Maestro.

Alfonso Conde (Aficionado)

El viejo Zorro me la ha vuelto a jugar. He vuelto a escuchar su tormenta perfecta. Y una vez más he salido empapado. Hasta calar mi corazón. Cada vez que salgo de viaje; al pueblo, a la montaña, a países lejanos o a donde me pida el cuerpo, allí me acompaña esta fabulosa música. To the Flemish Cap!!!

Llevo una semanita con Horner a todo trapo. Un maratón musical maravilloso, gozando con sus autoplagios, sus parabarás, esos temazos suyos de duración eterna…sus partituras me han hecho vibrar, me han ayudado a dormir mejor y sin duda, a ser más feliz.

Mis primeros LPs del maestro fueron Mi padre, Nuestros maravillosos aliados y Cuando el río baja negro. Mi discografía horneriana se enorgullece de tener 66 discos: muchos o pocos, hay están alegrándome la vida.

Es cierto que también hay otras que no me gustan mucho, o casi nada: ésas en las que el sintetizador es el prota (lo siento, amigo, donde esté una buena orquesta…). Pero se lo perdono, pues se lo ha ganado. Con creces. Los momentos gloriosos engullen sin compasión a esas melodías más artificiales.

A propósito de James Horner: me gustaría lanzar un agradecimiento especial: a mi hermano Pablo, por haberme regalado ese gozoso milagro llamado Braveheart, cuando fue en 1996 a Estados Unidos para aprender inglés (junto al Independence Day de Arnold). Y donde cada vez que escucho The secret wedding se me saltan las lágrimas. Literal.

Y por último, si tenéis un ratillo, poned atención al último minuto a los End Credits de Ransom. Musicalmente (ya me callo) es el mejor colofón que puede ofrecer uno de los grandes en este mundillo que tanto nos apasiona. No hay adiós, sólo amor. Gracias, Mr. Horner.

Jorge Godoy (Aficionado)

No me había tocado sentir esa pérdida tan inmediata de un héroe del cine o la música, si bien una muerte tan repentina como la de Kamen no me llegó a afectar tanto fue porque en ese tiempo no los conocía, el impacto fue mucho después, cuando luego de disfrutar un par de bandas sonoras de compositores, me dediqué a buscarlos: Goldsmith y Kamen fueron los que más me impactaron, el primero por el hecho de ser el músico por el cual empecé a amar las bandas sonoras y de darme a conocer su gran importancia en la pantalla, y el segundo, Kamen, por ser un talento que se fue demasiado pronto.

Si bien con Horner tuve ciertos momentos en los cuales me resistía a escucharlo debido a sus obvias repeticiones, había algo que me llamaba la atención del compositor: la fuerza que transmitía en la pantalla, la primera película que me quitó en cierta parte la apreciación negativa que tenía del compositor fue Krull, para luego seguir con Aliens y el tremendo End Titles de The Land Before Time junto con el esperanzador Cocoon y no pararía de contar; hasta que se estrenó The Amazing Spider-Man, Horner quedó como un predilecto en mi MP4, porque sabía que todavía existía un compositor por el cual vale la pena para ir al cine.

En la tarde, mientras veía TV, pude apreciar Star Trek II: The Wrath of Khan, y pues vaya, la película es Horner y Montalbán, apenas pude apreciar la banda sonora descargada vi la noticia en Intrada Records, en ese entonces era la posible muerte de Horner, la cual pude confirmar en la mañana, ahora pude sentir lo que era saber que no podrás seguir escuchando la evolución de un compositor, de ver unas cuantas obras más en el cine,  y lo peor, que haya muerto de una manera tan trágica al alguien que daba vida a las horas del día, fue por eso que la emoción del lanzamiento de Gremlins 2 de Varèse se acabó apenas supe la noticia, una que todavía no puedo creer, lo único que  puedo hacer por el maestro es dedicarle esta reseña, pero como sabemos, gracias a la música nadie puede ser olvidado.

Daniel Fernández (Miembro de AsturScore)

Te has ido demasiado pronto y ninguno entendemos por qué. No lo entiendo. ¿Por qué alguien tan joven, con tanto talento, con tanto aún por ofrecer se tiene que ir de una forma tan injusta y cruel?

No puedo asimilarlo. No encuentro las palabras más adecuadas que te puedan rendir el más justo de los homenajes. Todos los que amamos la música de cine estamos de luto. Uno de los más grandes nos ha dejado huérfanos. ¿Qué vamos en medio de este panorama en el que la música de cine ha perdido su concepto como arte y como cine para convertirse en un mera y banal comparsa de la película? ¿Sabes de qué te hablo, no?

Aún recuerdo allá por 1995 el anuncio en Canal + de la película Leyendas de pasión; no me llamaba la atención la historia, ni siquiera sus espectaculares paisajes ni sus carismáticos actores…sólo la música. Oía una arrebatadora melodía de aires épicos que acompañaba de forma sublime las imágenes y que parecía convertía a sus protagonistas en leyenda, que los resaltaba como algo que trascendía la propia historia y que llevaba a éstos a un espacio sólo reservados para los elegidos…allá dónde estás tú en estos momentos. En ese momento fue cuando te conocí, cuando supe que tenía que investigar más de ti y conocer otras obras tuyas. Contribuiste de forma muy notable a dejar en mí una pequeña semilla para que cada vez fuese creciendo mi interés por la música de cine y descubrir cuál mágica puede llegar a ser ésta.

La máscara del zorro, La tormenta perfecta, la inolvidable Willow….cómo decírtelo, tú música cubría de carisma y grandilocuencia a esos personajes o historias que se nos contaban pero también había un alto grado de sensibilidad y empatía con aquel personaje o situación. Magia….como la que pusiste en El guardián de las palabras o krull, dos de mis obras favoritas tuyas. Sensibilidad…como la expuestas en las magistrales El hombre sin rostro o En busca de Bobby Fischer. Hasta que por fin se te reconoció tu enorme talento con aquella inolvidable música para Braveheart o Titanic, con las que parece el gran público ya empezó a darse cuenta que la música podía trascender las propias imágenes.

Contigo sentía que la música no tenía límites, que podías entender lo que pasaba en determinada película pero también sus personajes. Ampliabas espacios, insuflabas de aire a la historia y la convertías en una experiencia en la que el espectador podía ser perfectamente partícipe…solamente dejándose llevar por tus notas.

Tengo reciente mi último encuentro contigo en el cine en la película de tu íntimo amigo Jean-Jacques Annaud, El último lobo, que estoy seguro llora con todos nosotros esta irreparable pérdida. De nuevo volvías a hacer lo que mejor sabía hacer que era ampliar espacios, dotar de vida a la historia y latir junto al corazón de esos personajes. Tal vez ese último aullido que escuchábamos en pantalla fuese preludio para darte nuestro último adiós en el cine. Una voz que se ha apagado pero que en todos seguirá resonando como aquel compositor que supo conjugar magia con épica. Tal vez como el lobo, ese animal fiel y noble que siempre intenta defender su territorio tuviste que luchar contra los intrusivos cánones de la música para demostrar que ésta al igual que la propia película puede tener alma y traspasar las propias barreras que una simple pantalla de cine impone. Tener, sencillamente, su lugar en el mundo.

Tú lo hiciste posible. Descanse en paz, James.

Óscar Salazar (Miembro de AsturScore)

La noticia de la muerte de James Horner hace un par de semanas fue un trauma. No me lo podía creer. No me lo quería creer. Era un shock. Se había muerto alguien de la familia. Un amigo íntimo durante más de veinte años, de esos que te abren su corazón. Alguien que me había acompañado en momentos muy difíciles y que, por otra parte, me había proporcionado inmensas alegrías. Y no nos conocíamos de nada. Sólo a través de ese idioma universal que es la música.

Yo no voy a hablar de su increíble talento para narrar historias con música en el cine, que era único. Ni voy a hablar de ninguna de sus obras en particular. Eso ya lo han hecho otros. Es más, he estado un par de semanas sin escribir nada propio. Me he refugiado del shock traduciendo las palabras de los demás. Ayudar en este especial me ha permitido devolver a Horner, como le conocíamos los amigos, una mínima parte de todo lo que él me entregó.

Un amigo invisible y envolvente. En los momentos inconsolables, él me consolaba; cuando ya no podía más, me empujaba a seguir caminando. He crecido a la sombra de su música. Luché mis estudios con su música, algo por lo que le estaré eternamente agradecido. Una pequeña parte de mí ha desaparecido en esa avioneta. Una pequeña parte que ha sido reemplazada por un poco de él. Para siempre, James Horner.

Lo siento, pero no puedo escribir más. Se fue uno de los más valientes, un lobo solitario, el último lobo. Y se ganó el cielo:

En el año de Nuestro Señor de 1314, patriotas de Escocia, hambrientos y en inferioridad, cargaron sobre los campos de Bannockburn. Lucharon como poetas guerreros. Lucharon como escoceses. Y ganaron su libertad.

Gorka Oteiza (Miembro de AsturScore)

Cuando hace unos días leí primero el rumor y luego la noticia de que James Horner había fallecido en accidente de avioneta, no me lo podía creer. Esperaba que fuera una de esas muchas noticias falsas que con tanta facilidad circulan por Internet. Pero desgraciadamente, no fue así, y según iban pasando las horas, se iban confirmando mis peores temores.

Mis sentimientos en esos momentos fueron similares a los que se tienen al haber perdido a alguien cercano. Es curioso ver cómo no estamos preparados ante lo que supone la muerte y la pérdida de una persona, algo tan básico y tan habitual en el ciclo de la vida, y como vivimos constantemente dándole la espalda, ya que nuestras ocupadas vidas no nos dejan, o no se quieren permitir, pensar en ella.

Mis primeros recuerdos de la música de James Horner se remontan a la época universitaria, allá por los 90, cuando su música estaba en apogeo, y tuve la fortuna de entrar a este grandioso mundo de la música de cine de la mano de John Williams, Danny Elfman y James Horner. Nunca olvidaré las veces que pude escuchar y re-escuchar Willow, y disfrutar de Elora Danan, sin ser consciente en aquellos momentos de que esa parte del comienzo que tanto me llamaba la atención, era un recurso musical que iba a estar presente en casi todas sus obras.

Después vinieron bandas sonoras tan maravillosas como Sneakers, Rocketeer, Leyendas de Pasión, Braveheart, Apollo XIII, El Hombre Bicentenario y Titanic, y a la vez empecé a tirar de “hemeroteca” y recuperar clásicos como Krull, En Busca del Valle Encantado, Aliens o sus dos Star Trek.

Hace dos años, en 2013, tuve la fortuna de poder acudir el festival “Hollywood in Vienna”, dedicado a la obra y figura de James Horner, que además contó con su presencia. El concierto que allí pude disfrutar fue espléndido… qué digo espléndido… ¡más bien maravilloso! y ha quedado grabado en mi memoria para siempre. Uno de los mejores conciertos que he podido escuchar jamás (y que no llega a ser mejor, sólo porque el maestro John Williams en un concierto en Boston le quita el primer puesto).

Me considero muy afortunado, ya que el de Viena fue el primer y único concierto de música de cine que ha contado con la presencia de James Horner. Allí pudimos ver que su música en concierto llenaba y sobrepasaba los límites de la sala, tocando el espíritu y corazón de los presentes (la suite de Avatar presentada en ese concierto, ha sido un habitual en mis listas de reproducción desde entonces). Allí pudimos ver la humildad y sensibilidad que definía a James Horner, cuando dio el discurso de aceptación del premio Max Steiner entre lágrimas y palabras de agradecimiento.

He reconocer que descontando sus bandas sonoras de los 80-90, no he seguido tan de cerca como quisiera el resto de la carrera de James Horner, y tengo muchas de sus obras pendientes de escuchar (incluidas algunas de las “grandes”… si, lo sé, soy un “hereje”… ). Pero como me dijo un buen amigo en una charla bandasonera que tuvimos en Viena tras el concierto… “Tío, no sabes qué suerte tienes… lo que daría yo por volver a escuchar alguna de sus obras por primera vez… por volver a experimentar y revivir esas sensaciones otra vez”.

Creo que ahora es el momento ideal para empezar esa tarea de redescubrimiento… porque James Horner nos ha dejado, pero su música, seguirá sonando entre nosotros e inspirando a muchas generaciones, para siempre.

Fernando Ayuso (Miembro de AsturScore)

Un hasta siempre mejor que un adiós.

No suelo escribir ni hablar sobre mis sentimientos; soy de los que se recluyen en sus pensamientos mientras dejan pasar el tiempo. Por una ocasión me saltaré la regla.

El pasado lunes me acosté, cogí el móvil, abrí la aplicación de IMDB y, como casi siempre, busqué a James Horner. Quería ver si había salido algún proyecto nuevo y saber si había alguna actualización sobre la película de Mel Gibson para la que tanto quería componer. Todo seguía igual.

Desde hace más de 20 años espero con ilusión cada proyecto suyo. Él fue el responsable de mi afición a la música de cine. Y lo sigue siendo. Todo empezó cuando tenía 6 o 7 años y le “robé” a mi padre la banda sonora de Leyendas de Pasión de su colección de discos. El cd nunca volvió al armario del que había salido.

Desde entonces siempre ha sido mi compositor. El que más me ha hecho sentir, soñar, llorar, sonreír e incluso enfadarme; el que me ha acompañado en cada momento, ya sea especial o triste; el que me ha ayudado a entender la música de una forma más profunda y a descubrir clásicos que ya son imprescindibles para mí. Y ante todo, diría que se trata del compositor cuya música más ha ayudado a forjar mi personalidad.

El martes desperté. Cogí el móvil y vi el whatsapp. Mi amigo Rubén nos daba una noticia que para mí no tiene razón de ser. Aún hoy me siento desolado, totalmente derrotado. Durante más de 20 años me ha acompañado una ilusión que hoy queda rota. Su afición, volar. Un maldito fallo de motor nos ha robado 20 años de música aún por escribir. Una maldita avioneta nos ha privado de ver hacia dónde se dirigía un James Horner renovado, que tras muchos años comenzaba a componer música para concierto y que afrontaba esta etapa de su carrera con una energía envidiable. La energía y las ganas de vida que dan la valentía necesaria a una persona de 61 años para ponerse a los mandos de un aeroplano. Me siento vacío. Aún sigo sin creer que todo haya pasado de forma tan repentina y gratuita.

Hace dos meses Marta y yo (ambos en la foto) lo conocimos y tuvimos la oportunidad de hablar con él. Pude expresarle en primera persona lo que su música ha supuesto para mí a lo largo de mi vida. Él, visiblemente emocionado, se acercó y me dio un sentido abrazo. Lo que vino después fue una serie de simpáticas anécdotas que siempre recordaremos con la mayor de las alegrías.

Ese momento que vivimos con él no hace más que engrandecer la tristeza y la rabia que siento en este instante.

Sin embargo también tengo que decir que me da mucha alegría lo que estoy viendo estos días en las redes sociales. Hasta ahora solo conocía a una persona que viviera a James Horner como yo lo hago. Mi amigo Braulio. Un apasionado y defensor a ultranza de una forma muy especial de entender la música. Congeniamos al instante gracias a un gran nexo de unión inquebrantable.

Durante éstos últimos días, y debido al fatídico desenlace, me he dado cuenta de la cantidad de gente que hay como nosotros repartida por el mundo. Ver como miles de personas, incluidos numerosos compositores de primer nivel, expresan lo que su música (la que yo tanto he admirado) ha supuesto en sus vidas es alentador y conmovedor.

Él siempre decía que disfrutaba poniendo música a las partes más emotivas de las películas. Le gustaba alcanzar la fibra sensible del espectador y llegar de forma directa a su corazón. Conseguirlo siempre fue su legado. Su grandeza fue hacerlo sin melodramatismos. Pura música al servicio de la historia. Pero siempre atesorando un carácter melódico inigualable, siempre lleno de matices. Siempre me ha hecho gracia cómo Marta apreciaba su música de una forma diferente, enriqueciendo a su vez mi percepción de la misma. Como amante y durante muchos años practicante del baile clásico español, del flamenco y del propio ballet, siempre me ha dicho: “sus melodías son bailables, son elegantes. Imagínatelas como si de un ballet se tratara”. Y no le falta razón. Me pregunto ahora cuántas conversaciones habremos mantenido sobre su música durante este último año en Londres. Incontables.

Hoy su pérdida me rompe el corazón. Nunca me ha afectado algo supuestamente tan ajeno a mí; pero es que a la vez ha sido siempre tan cercano. Sigo empeñado en no afrontarlo. Soy demasiado joven para aceptar empezar a vivir de la música del pasado sin ilusión por la del presente. Él era el encargado de preservar el legado emocional de la música de cine una vez Morricone y Williams ya no estuvieran. Desgraciadamente, ese legado se habrá extinguido en la música de cine actual mucho antes de lo esperado.

Algún día, más pronto que tarde, tendré que aceptarlo. Mientras tanto, seguiré lamentándome por los 20 años de ilusiones que me han robado.

James, gracias de nuevo por los inolvidables momentos que me has regalado. Siempre ocuparás el primer lugar en mi personal podio musical.

Al final, lo más bonito de todo es ver cómo una persona ha sido capaz de hacer tan feliz a tanta gente sin ni siquiera proponérselo. Sin tan siquiera ser consciente de ello.

Fernando

P.D.: No quería dejar pasar la oportunidad de agradecer a Jean-Baptiste Martin y a todo el grupo que compone jameshorner-filmmusic.com la gran labor que han llevado a cabo durante los últimos años. Gracias a ellos James Horner pudo empezar a darse cuenta de lo querido que era a lo largo y ancho del mundo.

Rubén Franco (Miembro de AsturScore)

No puedo describir con palabras lo que siento por el fallecimiento de James Horner, como tampoco lo pude hacer cuando sucedió el de Jerry Goldsmith o Michael Kamen. Es un shock total, y en el caso de Horner o Kamen peor, con años por delante de carrera.

Recuerdo conversaciones sobre Jerry Goldsmith con varias personas donde las miradas, dos breves comentarios y una sonrisa de complicidad lo decían todo. O lo sientes o no lo sientes. No hay más.

Horner era especial, una innegable verdad. Fue uno de mis bastiones, lo escuchara con más o menos asiduidad. Los 80 y los 90 fueron un caldo de cultivo para mí, y él una de las frutas más sabrosas que haya probado en mi vida.

Con su fallecimiento tardé dos días en asimilar la verdad; ya no habrá más James Horner en pantalla. Si un legado por disfrutar, pero nada nuevo por venir. Una dura realidad.

Pensando en éste especial que tienes ante tus ojos, confeccionado de forma rápida gracias a la disponibilidad de la gente y del cariño de ésta hace la figura de James Horner, se venían todo tipo de trabajos a la mente; las incontestables Krull y Star Trek II: The Wrath of Khan, ambas necesarias para entender mi crecimiento musical en las bandas sonoras y mi actual pasión (Ride of the Firemares o Battle in the Mutara Nebula son dos perfectos ejemplos), sin olvidarnos de las necesarias Willow, Aliens, Legends of the Fall, The Mask of Zorro, The Perfect Storm, Cocoon, Sneakers, Bravehart, Titanic…

Cuando el cuerpo me pidió escribir algo que acompañara este texto y la preparación del especial, me vinieron dos trabajos a la mente, esenciales para mí. Krull, y quien me conoce sabe perfectamente por qué. Ese VHS quemado de tanto visionarlo para disfrutar diferentes partes de la película cuando no existía el CD.

La segunda, Brainstorm (Proyecto Brainstorm, 1983), una película especial para mí (uno de mis primeros LPS), cargada de emociones y melancolía, donde Horner encontró un vehículo, quizás el primero de todos los que tuvo, donde desarrollar ese toque profundo y emocional tan suyo que llega de forma natural a tu corazón, llevándote al borde de las lágrimas literalmente.

La muerte es una experiencia dolorosa, y en gran parte de la partitura, Horner así nos lo hace saber con música atonal y violenta, traumática por momentos, pero finalmente todo es un fuego de artificio para la escena final, donde el protagonista puede experimentar la muerte de su colega Lillian a través de la máquina que registra las sensaciones humanas.

Es en ese preciso instante cuando descubrimos que experimentar la muerte nunca  tuvo unas notas tan maravillosas como las que encontró en la batuta de Horner, haciéndonos sentir que el viaje al otro lado no solo es una experiencia dolorosa, sino necesaria, una transición hacia otro lugar, uno que espero sea mejor que éste en el que vivimos diariamente, doloroso y cruel.

Michael’s Gift to Karen, además, recoge la esencia musical del lirismo hecho realidad, donde un gran Christopher Walken graba sus recuerdos de un matrimonio truncado para que su expareja, Natalie Wood, pueda experimentarlos, pero es la música de Horner la que obra ese milagro, en una de las secuencias musicales más hermosas de la historia del cine, al menos para el que escribe, y una pieza que me lleva, literalmente, al borde de la lágrimas.

James Horner ha conseguido lo mismo; una máquina de grabar sentimientos y emociones musicales, su Proyecto Brainstorm, que no es más que toda la música que ha compuesto Horner, un legado que al escuchar una y otra vez te sirve para revivir todas clase de sensaciones que permanecen ocultas en nuestro interior; amor, dolor, terror, acción, tensión, aventura…

Es el Horner’s Gift to Humanity, un regalo que permanecerá no solo para nuestro disfrute sino para las generaciones venideras, para que sepan quién era James Horner, un poeta musical, un artista de lienzos llenos de color,… un genio irrepetible.