In Memoriam: Augusto Algueró

El compositor catalán Augusto Algueró falleció el Domingo 16 de Enero en su casa de Torremolinos (Málaga) tras una larga enfermedad ósea que le había dejado prácticamente postrado en una silla de ruedas, y a causa de una parada cardiorespiratoria mientras dormía. Compositor, arreglista, director de orquesta, gran pianista, y autor de una obra difícil de abarcar para cualquier profesional de la música (unas 500 canciones y 200 bandas sonoras, y unas 50 colaboraciones en obras de teatro) será recordado por ser el autor de muchas de las canciones que conforman la banda sonora de nuestra vida para varias generaciones de españoles.

Su abuelo y su padre (ambos Augusto Algueró, también) fueron pianista y compositor respectivamente. La tradición musical por tanto, fue un don familiar. Nació en Barcelona en 1934 y cursó estudios de medicina para abandonarlos por la música. Estudió en el Conservatorio Municipal de la Ciudad Condal, y con tan solo 16 años comenzó su carrera musical en la película Brigada Criminal (1950). Su carrera cinematográfica durante los años 50 y 60 deja títulos notables de la cinematografía española de aquel tiempo, que seguramente muchos recordarán con cariño y nostalgia.

En 1961 contrae matrimonio con Carmen Sevilla, lo que le hace un habitual de la entonces incipiente prensa rosa. Los 60, una de las épocas doradas de la música y la canción española, son unos años de consagración en festivales de la canción para Algueró. Sus composiciones se colocan siempre en buenos puestos y ganan en varias ocasiones. Este reconocido trabajo continúa hasta los años 70, componiendo por el camino grandes éxitos para muchos de los cantantes de la época.

Toda esta producción artística hace que sea un gran defensor de los derechos de autor en nuestro país, razón por la que fue socio y miembro de la junta directiva de la SGAE desde 1995. De esta sociedad recibió en 2005 el Premio de Honor en reconocimiento “a su brillante trayectoria profesional y a su decisiva contribución a la música popular”. Natividad Benito, su segunda esposa desde 1986, su hijo y sus amigos y compañeros de profesión le despidieron ayer Lunes en una de las sedes de la SGAE en Madrid, por donde pasó a lo largo del día gran parte del mundo de la canción, la música y el cine de este país.

Cine y Televisión

La fierecilla domada (1956), Las chicas de la Cruz Roja (1958), El ruiseñor de las cumbres (1958), Escucha mi canción (1959), El día de los enamorados (1959), Melodías de hoy (1960), Amor bajo cero (1960), Un rayo de luz (1960), Ha llegado un ángel (1961), Tómbola (1962), Canción de juventud (1962), Rocío de La Mancha (1963), Marisol rumbo a Rio (1963), Historias de la televisión (1965), Cabriola (1965), Zampo y yo (1966), son algunos de sus títulos de los años 50 y 60. Joselito, Marisol, Rocío Durcal, Concha Velasco, Ana Belén, son por tanto algunos de los actores-cantantes de una determinada época que comenzaron su carrera de la mano (musicalmente hablando) de Algueró.

Desde finales de los 60 y durante los años 70 su trabajo en cine se resiente, pero se dedica más a la televisión, que desde la premiada y recordada Historia de la frivolidad (1967) de Narciso Ibáñez Serrador y Jaime de Armiñán, pasa a ser su medio más habitual, destacando otros programas especiales como El Irreal Madrid (1969) de Valerio Lazarov (otra parodia donde la música de Algueró tenía destacada importancia), y La saga de los Rius (1976-1977), otra serie mítica de TVE. Sin embargo sí cabe destacar su pequeño trabajo como compositor de la música adicional para la película de Charlton Heston Marco Antonio y Cleopatra (1972), sobre la obra de William Shakespeare, donde el maestro John Scott era el responsable de la banda sonora.

En los años 80 y posteriormente, hizo escasos trabajos cinematográficos, limitándose a colaborar en arreglar sus viejas canciones. Pedro Almodóvar utilizó su “Muy cerca de mí” compuesta para la tierna voz de Ana Belén en “Zampo y yo” en su primeriza Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón (1980), y se convirtió en uno de los éxitos de la época de la movida madrileña en la versión de Alaska y Los Pegamoides. Sus últimas colaboraciones, ya muy separadas en el tiempo son la canción “Será el amor” que aparece en Torrente, el brazo tonto de la ley (1998) coescrita con Antonio Guijarro (como muchos de sus éxitos más recordados), y su trabajo en la banda sonora de Primer y último amor (2002) de Antonio Giménez Rico, por insistencia de su director.

Festivales

Su otra gran faceta, la de director de orquesta y arreglista musical, la fue alternando entre trabajos para cine y televisión, y la composición para cantantes de la época. Sus canciones fueron y son muy populares, y triunfaron en festivales clásicos. Para Eurovisión su canción “Estando contigo” interpretada por Conchita Bautista (luego también la popularizó Marisol) en 1961 obtuvo el 9º puesto. Ese año debía ser el primer director de orquesta que España enviaba a Eurovisión, pero las fechas coincidían con sus nupcias con la actriz Carmen Sevilla, con la que estuvo casado diez años y tuvo un hijo, un cuarto Augusto Algueró también dedicado a la música. Fue el director oficial de la orquesta en la gala de 1969 en Madrid, año en que ganó Salomé, y también la dirigió en Amsterdam al año siguiente, acompañando a Julio Iglesias. Su otra canción para el festival, la balada “Amanece” interpretada por Jaime Morey en 1972 obtuvo el 10º puesto. Algueró recibió el encargo de TVE de componerle un tema al cantante, y le escribió hasta tres canciones, una de ellas contaba con un coro de niños. Finalmente también acompañó al cantante en su actuación.

En la OTI fue director titular de la orquesta en 1972 y la dirigió en varias canciones, entre ellas “Niña” interpretada por Marisol. En el Festival de la Canción Mediterránea su “Mare nostrum” quedo 4ª en 1959, y triunfó en 1962 con la célebre “Nubes de colores”, con una votación polémica por un problema con los votos. El otro gran festival de la época, el de Benidorm le fue incluso más propicio, pues ganó en 1961 “Enamorada” su canción dedicada a su esposa Carmen Sevilla, y tras muchos intentos repitió éxito con “A María yo encontré” en 1972, cuando ya era un compositor consagrado, por lo que la presentó bajo el pseudónimo de Alfonso Alpin. Esta era una práctica habitual entre los compositores de renombre que se arriesgaban a presentar una canción a un festival pero temían perder su prestigio si no ganaban. Su presencia en el festival se prolonga hasta los años 80, donde por ejemplo Fernándo Esteso interpretó su canción “Soy un vividor” en 1982 mientras el maestro lo seguía desde la dirección de la orquesta.

Canciones

La inabarcable magnitud de su trabajo hace que las referencias sobre el número de sus trabajos para cine y televisión varíen entre las aproximadamente 90 bandas sonoras hasta las 200. De lo que no hay duda es de sus aproximadamente 500 canciones, y de su carrera acompañando a artistas tanto españoles como internacionales, lo que junto a su labor de director de orquesta le vale de lejos, por cantidad y calidad de trabajo, el título del Henry Mancini o el Lalo Schifrin español. Incluso llegó a grabar como solista, rareza que aún se puede encontrar, eso sí en una recopilación nostálgica que el sello Ramalama ha conseguido rescatar: Todas sus grabaciones en Polydor (1968-1971).

Lo que desde hace algún tiempo se ha dado en llamar de forma nostálgica, la "banda sonora" de nuestra vida o la "memoria musical" de España, le debe a este genio catalán, incansable trabajador, muchas de sus más hermosas páginas. La gran mayoría de sus canciones fueron compuestas sobre letras de Antonio Guijarro y cantadas por famosos artistas españoles, con lo que su nombre se hizo muy popular tanto en España como en América. Fueron muchos cantantes los que solicitaron su colaboración. Todos recordamos “Te quiero, te quiero” y “Noelia” de Nino Bravo (la segunda la compuso al conocer a una Noelia, al parecer participante de un concurso de mises, y que decía que era la mujer más bella que jamás se había encontrado); “Estando contigo”, “Corazón contento” y “Tómbola” de Marisol (una gran amiga, madrina de su hijo junto al Cordobés); “Acompáñame” de Rocío Dúrcal; “La chica ye-ye” y “Mamá, quiero ser artista” de Concha Velasco; y probablemente una de las canciones más importantes de la historia de la música española, que en la voz de Joan Manuel Serrat se hace inmortal, “Penélope”, por la que recibió el premio B.M.I. en 1998 por ser el tema más interpretado en el ámbito latino.

Despedida

El recuerdo que deja Augusto Algueró entre nosotros, se me antoja poco valorado. Es cierto que disfrutó de las mieles del éxito en vida, y de una gran carrera que si hubiese salido fuera de España no habría tenido límites. Es cierto que su nombre se asoció con grandes nombres de la canción y con grandes momentos de nuestros cantantes representando a España en el exterior. No me refiero a esa parte de su obra, sino a una gran parte de sus otros trabajos, los cinematográficos, que me parece que hoy día están minusvalorados.

Quizá la palabra es “despreciados”… por la clase de películas en las que trabajó (musicales de estrellas infantiles de los años 60) que gran parte de la gente considera cine para abuelos. Puede que el cine en España haya cambiado radicalmente, y ahora las nuevas generaciones vean aquellas películas como algo risible, casposo, caduco… Quizá es hora de reivindicar el recuerdo de muchas de las cosas que hubo durante las décadas previas a la democracia, que al fin y al cabo eran cine de entretenimiento para las gentes de un país donde la vida era más difícil que ahora, pero se vivía con menos de forma más sencilla. Un tiempo sin politonos en que una simple canción tarareada arrancaba una sonrisa, en que la vida parecía una tómbola, en que había chicas de la Cruz Roja, y en que la radio y el cine de barrio los fines de semana con una simple silla y una gran lona, llevaban un poquito de alegría a los españolitos, que falta les hacía.

Augusto Algueró fue el sonido de una época, que no por lejana y ajena a nosotros deberíamos despreciar. Solo los compañeros de profesión valoran en la más justa medida el trabajo de un compositor… Antón García Abril (otro gran nombre de la época) ha resumido a las puertas de su capilla ardiente quién fue Algueró. En pocas palabras, “fue pionero en el pop español, maestro de todas las generaciones posteriores. Tenía una formación académica que le hizo acometer proyectos cinematográficos y, como arreglista, fue también un maestro, además de una inmejorable persona”. No sabría que más añadir.