Cuando llega el Sol… The Mosquito Coast

Escrito por , el 30 marzo 2012 | Publicado en Apuntes

Llevamos una semana y media de buen tiempo en Gijón, soleado, así que cuando llega el verano, pero el bueno (no el lluvioso o húmedo típico de estas tierras), o estos periodos estancos de sol en Asturias, siempre me decantó por regresar a mis típicas escuchas veraniegas (o típicas de temporadas soleadas).

Muchas veces tiro del reggae de UB40, siempre un pilar en mis escuchas anuales, y sino, música de cine que me transmita o mucha positividad, o mucha relajación y bienestar. Y en ese punto, siempre me encuentro regresando a la genial The Mosquito Coast (1986) del francés Maurice Jarre, en mi opinión, la mejor colaboración del francés con Peter Weir, junto con Dead Poets Society (incluso diría más, me quedaría con La Costa de los Mosquitos, algo más personal en cuanto a gustos).

Ese ambiente envolvente y sugerente de sus sintetizadores transmiten, en todo momento, ese viaje de Allie (un inmenso Harrison Ford) y su familia hacia lo más profundo de la Selva, en La Costa de los Mosquitos, Honduras.

Allie decide romper con la civilización tal como la conocemos, e irse lejos, asqueado de todo lo que rodea, del capitalismo, del consumismo, de la hipocresía… Y creerme, cada vez que leo el periódico o veo las noticias, muchas veces dan ganas de hacer lo mismo.

Al final, todo se irá convirtiendo en un extraño descenso a los infiernos, con homenaje incluido al Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad en su tramo final, con ese aparentemente interminable viaje río abajo.

Jarre captó magistralmente la esencia del viaje, así como la belleza de las maravillosas localizaciones donde se rodó la película; de hecho, escribió y compuso la partitura antes incluso de haberse rodado ni una imagen, solo habiéndose leído el guión (eran otros tiempos, queda claro).

Así que cuando los rayos de sol atraviesan mi ventana, servidor se tira en el sofá y pone en reproducción composiciones tan magistrales como The Mosquito Coast, dejando que la música del francés me inunde el alma, envolviéndome en un halo de tranquilidad y suma relajación. Es el poder del música, con un valor añadido que supera al medio que acompaña.

Solo tienes que cerrar tus ojos, reproducir este tema y dejarte lllevar; magia pura, un hilo musical embriagador, cual brisa marina acariciando suavemente tu rostro, mientras el sol baña tu cuerpo con sus rayos de calor.

Por algo Maurice Jarre era uno de los grandes, irrepetible y único.