Get off my plane!
Supongo que muchos fans de Harrison Ford (y del cine, en general) asociarán la famosa frase de Get off my plane! a la película de acción de los 90 Air Force One (1997), dirigida por el gran Wolgang Petersen. Y aprovechando el cumpleaños de Ford (13 de Julio) y la fecha del aniversario del fallecimiento de Jerry Goldsmith (un 21 de julio de un ya lejano 2004), creo que es una buena elección para hablar, una vez más (y van…) de la Maestría del que para mi ha sido el mejor compositor de la historia. Enough Said.
Érase una vez… un compositor contratado inicialmente llamado Randy Newman (un pedazo de compositor, cantante y músico de la historia norteamericana) que vio como su trabajo inicial para Air Force One caía rechazado de la película, la que hubiera sido una buena oportunidad para estar en uno de los títulos del año (Randy ya los tiene, así que No More Drama, pero éste sí hubiera sido uno de los títulos gordos, más por lo que arrastra técnicamente que por la calidad del mismo, que la tiene, pero más supeditada a ser un vehículo de entretenimiento, un blockbuster vamos).
Aquello propicio la entrada de un Jerry Goldsmith, acabando la década, y llegando a uno de sus picos de calidad de los 90 (aunque si me preguntas, te diré que toda su carrera ha sido un pico constante sin valles). donde nos encontraríamos auténticas joyas (Mulan, L.A. Confidential, Deep Rising, Star Trek Insurrection, The Haunting, The 13th Warrior, The Edge, The Mummy, Small Soldiers, Hollow Man o la magistral partitura rechazada de Timeline, entre otras tantas).
Air Force One fue una de esas películas de acción que han ido de menos a más con los años; americanada de acción a más no meter, con los años he ido limando asperezas con este vehículo de entretenimiento. Me esperaba un producto más serio y no tan ligero para el reparto y director que tenía, pero he ido flexibilizando el tono y mi mirada para, finalmente, descubrir que es una película de acción magistralmente rodada (eso siempre me lo pareció) y dirigida con un casting de nivel 10. Y comparándolo con lo actual, una joya, vamos.
Wolfgang domina todos los medios y escenarios, desde la acción dentro del avión como las secuencias fuera del mismo (con los cazas de combate y el avión cisterna) hasta tensión de la sala de reuniones del gabinete del consejo de gobierno del Presidente (brillantes Glenn Close y Dean Stockwell) o la prisión donde los rusos retienen al «terriorista» Ivan Radek (un siempre genial Jurgen Pröchnow). Y lo hace con maestría y pulso, sin que nunca decaiga la acción, en ningún momento. Todos los actores y medios están comprometidos al 200%, y eso es lo que provoca que la película no envejezca nada en cuanto a sus intenciones.
Y lo de Goldsmith….Let’s talk about Jerry. Es un escándalo, un auténtico escándalo. Su tema central es antológico, quizás el mejor tema jamás compuesto para cualquier presidente del mundo mundial. Su fuerza y su inusitada potencia, ese patriotismo depurado al más puro estilo Goldsmith, con unos metales y unas percusiones que suenan mejor que nunca, y la cuerda acunando el conjunto, moldeando y recorriendo a través de sus notas ese carácter heroico del presidente… es una auténtica pasada.
Y para ser una obra compuesta en apenas dos semanas, tiene una frescura y una vitalidad envidiables; las secuencias musicales de acción contienen, sin lugar a dudas, algunos de los mejores temas musicales de los 90, puro Goldsmith.
Siempre he defendido que la pieza de acción, The Hijaking, es una de las mejores 10 secuencias de acción músico-cinematográficas de los 90, y si me apuras, uno de los mejores cortes musicales de acción de la historia, que se corresponde con el secuestro del Air Force One y la huida del presidente hacia la cápsula de escape.
Casi 8 minutos de construcción in crescendo donde el tema presidencial, el tema de los villanos (en clave soviética) y el tema de acción principal, en clave frenética y a modo de ostinato, proporcionan la piel y tono perfecto para la escena. Los metales, la cuerda y las percusiones lucen como nunca, con una energía y una potencia brutal y contundente.
Y no es la única vez.Todas las secuencias aéreas, casi todas supervisadas y compuestas por Joel McNeely, quien colaboró aportando material musical adicional por problemas de agenda de Jerry, son brillantes y brutales, sustentadas sobre un tono perfectamente ensamblado al más puro estilo Goldsmith (aunque se detecte el toque de McNeely).
También todo el clímax de la película es un perfecto ejemplo, tanto el corte del enfretamiento final con Gary Oldman como el corte final de acción de la huida del Air Force One. Y sin olvidarnos del magnífico Free Flight, donde Goldsmith nos ofrece el tema principal en su modo más heroico mientras el pasaje del Air Force comienza a escapar del avión aprovechando el repostaje del Air Force One.
Pero una cosa que si quiero destacar, y que ADORO en Goldsmith, es como utiliza el piano para marcar la tensión y la acción, y Empty Rooms (que recupera en Marshall on Phone) es el perfecto ejemplo. Me retrotrae a épocas del pasado, como en First Blood (Acorralado, 1982) o Outland (Atmósfera Cero, 1981), y aún podríamos ir más atrás (me viene la cabeza el uso del piano en varios momentos del Logan’s Run), o simplemente quedarnos en los 90, en U.S. Marshals (1998), en el mítico corte de Following Chen, donde el piano de nuevo marca el avance del tema y la tensión de la persecución.
En el corte Empty Rooms, el piano acompaña la huida frenética de Ford por el avión por los pasillos vacíos de los asientos, hacia la parte trasera, buscando escapar de los terroristas que intentan abatirle (sin saber que se trata del presidente). La escena es bestial, y ni que decir tiene que Goldsmith la eleva a oro puro.
Otro cosa que adoro es el aroma añejo al pasado, especialmente Parachute Attack, secuencia de acción que abre la película, donde al minuto y cuarenta entran los metales de forma ascendente, en tono completamente militar, con reminiscencias de auténticas joyas de los 70 (Twilight’s Last Gleaming o Damnation Alley, por poner dos ejemplos).
Quizás sea Air Force One la mejor partitura de acción de los 90 de Goldsmith, entendiendo como tal aquella que acompaña específicamente a una película de acción (aunque The Mummy, una de aventuras, tenga algunos de los mejores cortes de acción de la carrera de Goldsmith, o el enfrentamiento con el oso en The Edge, o la persecuciones monstruosas en Deep Rising, o… voy a parar, ¿vale?… que ya me estoy dejando llevar).
Pero sí, hemos tenido partituras de acción de los 90 de Goldsmith realmente brutales, con algunos momentos maravillosos (la persecución del puente, del museo, del hielo y el clímax final de Chain Reaction, o todo el bloque del acoplamiento del Remora al avión secuestrado en Executive Decision).
Varése Sarabande, en una edición limitada en CD ya agotada (queda la digital) nos presentó un doble CD con TODA la música de la película, incluyendo el material de Joel McNeely (como el enérgico y brutal Target Air Force One, The Dogfight o Fuel’s on its way), y piezas que faltaban que eran antológicas, especialmente el Sign It! y Radek’s Release, donde el tema de los villanos, en clave soviética y con coros, emerge poderoso y de forma grandiosa, especialmente el segundo, una auténtica joya.
Air Force One es uno de los mejores testamentos musicales de Goldsmith, uno que ha traspasado además el mundo del cine al exterior (utilizado en temas presidenciales o patrióticos, especialmente en USA), y es una película, una de las últimas, que siguió manteniendo la estela de estrella de un Harrison Ford al alza, y donde Gary Oldman, quizá el mejor actor de su generación, nos regalaba otro personaje brillante como malvado (aún recuerdo su genial papel de policía corrupto en Leon).
Y son precisamente ellos dos, Ford y Oldman, quien nos regalan un enfrentamiento genial y antológico, muy de los 90, con esas frases tan típicas y estereotipadas (y molonas, también hay que decirlo), donde el bueno del Presidente Marshal finalmente le da puerta a Ivan Korshunov, con aquella magnífica frase lapidaria de Get Off My Plane!, mientras Goldsmith nos regala otro momento musical magistral para el recuerdo.
Y cuando al final todos han abandonado ya el Air Force One (todos menos el paria y traidor de Gibbs, un genial Xander Berkeley), es Goldsmith el único que queda en pie para seguir homenajeando la grandeza de la música de cine, títulos de crédito finales incluidos. Es la GRANDEZA de quien siempre amó el cine, se entregó sin condiciones y se atrevió a ir, musicalmente, hasta donde nadie quiso (o pudo) llegar. Where No Man Has Gone Before, except…
JERRY GOLDSMITH



