Una Banda Sonora para Navidad

Escrito por , el 24 diciembre 2011 | Publicado en Otros

Se aproximan las navidades, y los recuerdos se agolpan uno detrás de otro, y muchas veces no solo en forma de arboles navideños, buenos deseos y grandes comilonas (por no hablar de esa fiebre consumista que impregna el ambiente cual virus contagioso).

Hablamos de recuerdos cinematográficos, de esas películas que se han convertido en parte de nuestra vida, y cuyas bandas sonoras, en muchos de los casos, nos acompañarán en nuestra memoria hasta el final de nuestros días (que esperemos estén bien lejos).

Cual fábrica de los recuerdos, los miembros de AsturScore hemos decidido practicar una pequeña regresión mental y plantarnos años atrás, en épocas de mayor inocencia que la actual, y tratar de recordar aquellas partituras que nos marcaron por fechas navideñas, casi siempre vinculadas a películas que de igual forma penetraron en nuestro ser para quedarse anidadas en nuestro alma de una forma definitiva.

He aquí las bandas sonoras que hemos seleccionado. ¡Felices Fiestas y Próspero Año Nuevo!.


Daniel Fernández

BLIZZARD (2003)
En Navidad abundan las películas dadas a la exaltación de los sentimientos más nobles y la ayuda al prójimo. El cine, cada Navidad nos ha traído este tipo de historias para que nos sintamos un poco más dichosos y cercanos al prójimo.

El resultado en estas películas ha sido, como no podía ser de otra manera, desigual. Esta es otra de esas películas en las que el sentimentalismo se eleva a la enésima potencia y hace que por unos momentos nos olvidemos de nuestras egoístas vidas. Al menos algo positivo tiene la Navidad.

No es de extrañar que le dieran este proyecto a un músico que sabe reflejar como nadie con su música los sentimientos más puros del ser humano y las emociones más escondidas. Y es que Blizzard es una de esas tantas historias dentro de una historia. En este caso una mujer le cuenta a su sobrina la historia de una niña amante del patinaje que por problemas económicos de su familia tiene que abandonar su ciudad natal. Esto le deja desolada pero un reno mágico que acaba de nacer en el país de Papa Noel escucha su lamento y rápidamente acude en su ayuda.

El trabajo que aquí ofrece Mark McKenzie es realmente bello e inspirador. Hará girar la partitura en torno a evocadores y nostálgicos temas con una fuerte carga emocional y con el toque mágico de la Navidad. Su música transmite por sí sola (sin necesidad de ver la película) esa dulzura y pureza que para muchos inspira la Navidad. El tema para el reno será realmente hermoso y mágico, y los que evoquen los sentimientos de la niña y su relación con el reno muy emocionantes (con un radiante final). La trepidante marcha navideña para el vuelo del reno integrada, entre otros temas, en la suite será sencillamente antológica: estará llena de magia, encanto y alegría.

Tal vez esta banda sonora sea mi preferida de las navideñas porque reúne todos y cada uno de los elementos que evocan y recuerdan a la Navidad: buenos sentimientos, alegría, magia y unas terribles ganas de ser feliz y hacer felices a los demás. Y todo ello desde un óptica emocional poco o nada sentimentaloide. Es lo que tiene la música de los compositores con el corazón y el alma del Sr. McKenzie.


Rafael Martínez

STAR WARS (1977)
Las Navidades de los años 70 (en mi caso) iban unidas a una costumbre ya perdida hace casi veinte años, en la que los distribuidores cinematográficos procuraban dejar todo el material más valioso (no con todos los títulos era posible, obviamente), para su estreno en la época navideña. Los que éramos niños y jóvenes entonces, nos las veíamos y deseábamos para poder hacer frente apenas en un par de semanas  a tanto aluvión de títulos de primer orden. Así , de mi propia experiencia,  podría citar a la vez en cartelera las navidades de 1977 en una misma ciudad: La Espía que me amó, La guerra de las galaxias, Montaña Rusa, Abismo…. Siempre quedaba alguna sala más con el consabido título familiar de Disney, o de la pareja italiana Terence Hill y Bud Spencer. Los cines de segunda fila, o de reestrenos,  también se vestían de gala en Navidades y sacaban su arsenal de “Tarzanes”, “westerns”, o “peplum” italianos. Para todos los gustos y colores.

Quizás esa Navidad de 1977 la recuerde especialmente por el estreno de La guerra de las galaxias, por lo que significó después, pero quizás más por lo que significaba en aquel momento, en el que nadie imaginaba tan siquiera que sentara tales precedentes en todos los aspectos.

Cuando iban a dar las vacaciones navideñas en el colegio (aproximadamente creo que eran sobre el día 20 más o menos), ese día sólo hablábamos de que aquella misma tarde se estrenaba La guerra de las galaxias. Se estrenaba siempre en viernes, pero solíamos por tradición ir a ver las películas en sábado. Puedo recordar que aquel primer sábado de exhibición de la película (estuvo un par de meses en cartel en una única sala), era como una especie de aventura que hoy en día no tendría comparación con nada. Quizás porque hoy en día “todo se puede conseguir” (más o menos), y el espíritu de aventura no existe, ni tiene lógica alguna.

En aquel lejano 1977, si querías ver La guerra de las galaxias, tenías que esperar durante horas en una cola interminable (ni Michael Ende podría imaginar lo larga que era), con los fríos polares y más intensos de aquellos años, o con lluvia (recuerdo que ese día al menos no hubo lluvia). La segunda parte de la aventura consistía en llegar a la taquilla y no encontrarte con que ya no quedaban entradas para esa sesión, y además (con el tiempo que había costado) una vez ya en la taquilla, no podías comprar aún entradas para una función posterior.

Cuando por fin conseguías entrar, y sentarte en la butaca te había parecido una odisea (también se formaban largas colas para entrar), y tras el inevitable NO-DO (algunos dirán… ¡qué es eso!… no era la película de Elio Quiroga, sino el noticiario obligatorio y “nada manipulado” que ya en la transición aún seguía proyectándose hasta lograr su desaparición por parte de Pilar Miró en 1982), un breve descanso de 5 minutos (aderezado por los filmlets publicitarios de Movierecord), y por fin sonó la música de John Williams (quizás la primera vez en tu vida en que suena esa música es como haber asistido a un acto casi histórico), y sonaba en Mono, pero sonaba muy bien.

En aquel entonces la ausencia del Dolby Stereo (paradójicamente Star Wars inauguraba oficialmente el sistema Dolby en el mundo, pero no aquí aún) se compensaba con un generoso volumen de los altavoces de pantalla, y el equipo mono de las salas de estreno era de muy buena calidad.

Así, aquellas Navidades de 1977, no sé si fueron las más felices de mi vida, pero al menos fueron de las más interesantes a nivel cinematográfico. La ausencia de grandes y pequeñas cosas, y sobre todo de diversificación del ocio, dejaba a los jóvenes cinéfilos un único camino,  y casi diría que necesario: volver a ver al día siguiente La guerra de las galaxias, y así varias veces hasta la vuelta al colegio. Si querías volver a escuchar la música de John Williams, o ver a Han Solo corriendo por la Estrella de la Muerte, no había otra solución posible. Eran otros tiempos.


Eduardo Con

THE NIGHTMARE BEFORE CHRISTMAS (1993)
Tras una década gestándose en la cabeza de Tim Burton y tres años de filmación, en 1993 se estrenaba The Nightmare Befote Christmas (dirigida por Henry Selick) que aunque tuvo buenas críticas, por paradojas del destino, el público no respondió como se esperaba en taquilla. No fue hasta el año 2000 cuando empezó a considerarse película de culto y de paso explotar todo su merchandising posible.

Este peculiar cuento de navidad narra como el personaje más importante de Halloween Town, Jack Skellintong, esta cansado de año tras año de celebrar la misma fiesta de Halloween. Después de un fortuito encuentro con el mundo de Christmas Town descubre que ese ambiente de luces y alegría es lo que anda buscando y se decide a celebrar la navidad a su manera.

Uno de los puntos fuertes de esta película es que Burton volviese a contar nuevamente con Danny Elfman para las labores de letrista (donde Burton también aporto letras en algunas caciones), de compositor y poniendo la voz a las actuaciones de varios personajes (incluido Jack Skellington).

Para que nos hagamos una idea del tono que va a tener la partitura (con ciertas reminiscencias a Batman Returns) en los temas “Overture” y “End Title” a modo de suite recoge los fragmentos más brillantes de las canciones o partitura que vamos a escuchar a lo largo del CD.

El inteligente score que escribe Elfman aúna, en una peculiar paleta de estilos como el jazz con el corte “Oogie Boogie’s Song” o el drama en “Sally’s Song“, los temas que compone para los personajes importantes de la historia y el musical donde las canciones “This is Halloween” o “What’s This?” son los puntos álgidos de este gran trabajo.

Aunque durante el proceso creativo de The Nigthmare Before Christmas se gesto la ruptura momentánea de Burton y Elfman y en su momento la partitura no fue muy aplaudida por la crítica, que denigró el score comparando con otros trabajos de Alan Menken, el trabajo de Danny Elfman para esta gótica historia navideña es una autentica joya escondida que solo tuvo el reconocimiento a una nominación a los Globos de Oro en 1994.


Braulio Fernández

EDWARD SCISSORHANDS (1990)
Navidad sin música no existe. Mucho menos para los aficionados a la música de cine, que en lugar de villancicos, escuchan a Danny Elfman. La mayoría emplea estas fechas para recuperar Eduardo Manostijeras, Solo en Casa, El Grinch…

La primera de ellas es mi favorita, y quizá la que más asocio con la navidad, por haberla escuchado desde muy joven. Yo también, como todos vosotros, me he girado a un lado viendo el anuncio de la lotería y he dicho: “Está mal montado”. Pero que le vamos a hacer. Tan solo esperar que el año que viene escojan otra pieza y no rayen tanto este score como el tema principal de Desafío Total, que cada vez que lo escucho me acuerdo del Atlético de Madrid y se me quitan las ganas de seguir.

Vamos al meollo. Edward Scissorhands (Tim Burton, 1990) es no solo mi banda sonora navideña favorita, sino la mejor de cuantas el compositor hizo para Burton, y eso ya es mucho decir. Gótica y romántica al mismo tiempo, sensible a flor de piel, con esos frágiles coros que hacen que el silencio a su alrededor sea aún más perceptible. Pero también un tanto macabra, lo suficiente para escribir sin curvas la línea del bien y el mal.

El score es la quintaesencia de la música de Elfman, y las orquestaciones de Shirley Walker contribuyen a hacer de él un clásico. Es tan inocente como el personaje que interpreta Johnny Depp, recluido sin remedio para no ser corrompido. Esa es la música de Edward Scissorhands. La pureza que se impone al capricho. Es en definitiva, nieve.


Carlos Mulas

THE SECRET OF NIMH (1982)
A la hora de encontrar una banda sonora que sea de las que más identifico con la Navidad, quiero apartarme un poco de la corriente seguramente muy generalizada que buscaría entre los títulos del género navideño de los últimos 20 años, y digo 20 por poner fechas recientes y no remontarnos a ¡Qué bello es vivir! de Dimitri Tiomkin. Tampoco quiero decir que ese sonido característico de las películas del género no sea de mi agrado, pero no se puede estar escuchando cascabeles y buenas voluntades durante todo el maldito mes de Diciembre y parte del siguiente, porque entonces todo se reduciría al sonido John Williams de Solo en casa y acabaría permanentemente con la pose del protagonista de la película. Y un tercer sendero que no tomaré es el que nos dictan las campañas publicitarias, que han consagrado muchas veces famosos temas de películas a la Navidad, y no con ello reconozco que Doctor Zhivago de Maurice Jarre o Eduardo Manostijeras de Danny Elfman no tengan algo realmente especial, pero sinceramente… ya está bien de que durante todo este mes nos inunden de valses y postales musicales teñidas de blanco. Lo diré claramente: en Gijón NUNCA nieva y un año más NO me ha tocado la lotería.

Es curioso que en este repaso de lo que no quiero identificar con la Navidad, no me haya venido a la memoria ninguna encarnación cinematográfica de Santa Claus, como el mítico de Henry Mancini, o el más discreto Kris Kringle de Milagro en la ciudad, que llevaba la firma de Bruce Broughton. Y si me pongo a buscar personajes propios de esta época del año quizás más en mi línea (al menos en la línea de este comentario “navideño”), no puedo olvidarme del inmortal personaje de Dickens, el señor Ebenezer Scrooge, que en el aspecto que nos ocupa tiene desde el musical Muchas gracias Mr. Scrooge de Leslie Bricusse hasta cualquiera de las innumerables adaptaciones que se han hecho en el pasado y se harán en el futuro, de ese Cuento de Navidad, de las cuales mi favorita es Los fantasmas atacan al jefe de nuevo de Danny Elfman, con un Bill Murray que nunca dejaré de disfrutar.

Si hasta ahora descarto “media baraja” es porque quiero ser consecuente con lo que creo que la Navidad es realmente: una época asociada a la infancia. Las Navidades que siempre recordamos son las de cuando éramos críos o las que asociamos a nuestros propios niños, pero siempre las miramos desde ese punto de vista, el de la infancia. O al menos así pienso que deberíamos hacerlo, con ese punto de ilusión, cercanía, expectación y felicidad que tiene un renacuajo que no sabe qué es una Playstation o un Smartphone. ¡Y más que nunca con la que está cayendo!

Por eso al final llego a los años en los que ver una simple película de animación por la tele durante estos días me llenaba de ilusión, ya que no era algo que se viese a diario. Si le sumo el hecho de que a menudo tenían una banda sonora memorable, tengo los dos elementos que buscaba para decidirme. Era aún un niño, no un pequeñajo, pero niño al fin y al cabo, cuando comencé a ver como tradición en las Navidades, una genial película del año 82: Nimh, el mundo secreto de la señora Brisby. El que Nimh sea una de las cumbres de la animación de todos los tiempos no se debe solo a la calidad técnica de la película, o al talento de su director, un Don Bluth cuya influencia en el cine animado puede compararse a la de Disney, si bien su apellido no tiene el mismo caché. Entre los logros más importantes de Nimh se encuentran, por un lado un sentido de la sensibilidad combinado con la aventura, del que pocos guiones pueden presumir, dándole a una película de animalitos típicamente infantil, el toque necesario para que también un adulto pueda meterse en la historia, disfrutarla y al final echar alguna lagrimilla, ¿por qué no? Y por el otro lado, está el elemento dramático que consigue unir todos esos factores y algunos más, de forma natural y magistral: la música de Jerry Goldsmith. El legendario maestro es una de las razones por las que siempre que puedo en Navidad, regreso al mundo secreto de la señora Brisby. Escuchar Suite


Rubén Franco

GREMLINS (1984)
Vale, era fácil. Soy Rubén Franco Menéndez, mi alias en BSOSpirit es patton_goldsmith, y sí, soy fanático de Jerry Goldsmith. Así qué supongo que, con esos precedentes, adivinar una banda sonora para Navidad era muy (pero que muy) complicado. ¿A qué sí?.

Seguro que ninguno de vosotros podríais haberos imaginado (jamás) que la elegida sería Gremlins (1984), del genial Joe Dante, uno de los directores con los que mejor conectó Jerry Goldsmith, regalándonos maravillosas partituras como Explorers, Innerspace, Small Soldiers o The ‘Burbs.

Y no es porque la película de los famosos bichos verdosos transcurriera en Navidad (que transcurre, vamos), sino porque la asocio a mis navidades, y a un puente festivo donde alquilamos la película en Sábado en Beta, pudiéndo verla hasta unas 6 veces en tres días, debiendo devolverla el mismo martes al videoclub (¡snifff!).

La primera vez fue mágica, una experiencia inexplicable con palabras. Aquel comienzo, aquella música, aquel misterio… aquella criatura que canturreaba aquel tema (el futuro y famoso motivo de Gizmo)… todo ello anticipaba un espectáculo maravilloso, y sin lugar a dudas que lo fue. Y acto seguido, el típico comienzo navideño, canción incluida, donde tras estropearse el coche de Billy, este debe desplazarse hacia el curro en bicicleta con su perro, momento en el que Goldsmith nos ofrece una auténtica maravilla de tema (Late for Work), uno de esos brillantes comienzos del Maestro; vivo, fresco, dinámico, positivo, como en los comienzos de The ‘Burbs o Poltergeist con el típico barrio tranquilo, o en películas posteriores como Small Soldiers, donde destaca el sonido de la trompeta con sordina y unos maravillosos pizzicatos de cuerda para dar ritmo a la llegada de Billy, con presencia final del motivo de Gizmo casi a modo de Love theme.

Esa magia condensada en apenas 10 minutos, incluyendo la desagradable presencia de Mrs. Deagle, para quien Goldsmith compondría un tema electrónico casi a modo de burla, con tono irónico, destacando ese carácter negativo y cuasi cómico de tamaña petarda (una de tantas genialidades).

¿Como no iba a ser, este cruel y divertido cuento de bichos navideños, una de mis películas preferidas para éstas fechas, y máxime cuando Goldsmith compuso uno de sus temas más célebres y populares, ese Gremlin Rag que cierra la película, donde los sintetizadores emulan la voz de estos pequeños diablillos, y que acompaña la mayor parte de las diabluras que cometen durante la película?.

Seis veces viendo una y otra vez todo, grabando y reteniendo en mi retina cada minuto de celuloide, cada minuto de música, reviviendo una y otra vez, como si fuera la primera vez, todas las situaciones, todos los grandes momentos que se producían ante mis inocentes ojos.

Las gamberradas de los gremlins (incluida la cometida a Mrs Deagle, donde Goldsmith introduce el maullido de un gato, algo que luego haría en The ‘Burbs pero con un perro en lugar del minino), las peleas de la madre de Billy contra la primera hornada de gremlins (Kitchen Fight), la escena del teatro/cine y, como no, ese maravilloso e irrepetible clímax final, impagable, que cada vez que lo escucho me produce un erizado de bello bestial; la escena del combate final, con la escena de la fuente y Gizmo al rescate a bordo de su coche, todo un TRATADO MUSICAL sobre lo que debe ser una banda sonora, con una construcción rítmica apabullante, con un dominio para la música de acción que hoy día ya ni se ve en las películas de hoy  (para el que escribe, el compositor que mejor y más música de acción ha compuesto, sentando gran parte de las bases actuales para el cine de acción).

Y he tenido que esperar casi 25 años a ver editada esta obra maestra de mi infancia, agradeciendo a FSM el que la haya editado completa (incluyendo el album en el CD2), y para suerte de los aficionados, en edición regular.

Gremlins es mi banda sonora navideña por excelencia, quizás no en un sentido como puedan serlo otras, como Santa Claus: The Movie, Edward Scissorhands, The Nightmare Before Christmas, Home Alone o Miracle on 34th Street, pero sí que es la que, personalmente, asocio a la Navidad, a mi infancia, y al que siempre ha sido mi ídolo y guía en mi vida: Jerry Goldsmith.


Pablo Laspra

HOME ALONE (1990)

Home Alone desde siempre ha sido una de mis partituras preferidas del maestro Williams. De hecho, aun con 12-13 años, que aun ni sabia a lo que iba a dedicar mi vida, me compré el CD en unos grandes almacenes, porque me encantaba el espíritu navideño que se respiraba en cada compas de esta gran y completa obra.

Es un trabajo globalmente fresco, denso, altamente descriptivo, y muy evocador, aunque muy influenciado por unos clichés típicos navideños. El maestro Tchaikovsky marcó una trayectoria en cuanto al sinfonismo navideño. De hecho, el propio Williams reconoce que se ha inspirado en muchos momentos en la gran obra “El Cascanueces” para representar y generar paisajes sonoros navideños, y uno de ellos es este.

Cargado de temas entrañables que nos hacen recordar nuestras felices infancias, donde todo era paz y amor, sin problemas, y donde aun creíamos en la magia de la Navidad, esta banda sonora me trae a la cabeza muchísimos buenos momentos estivales, asi como otros tantos donde pude utilizar esta música para otros menesteres, puesto que la versatilidad de la obra alcanza fronteras que otros autores no son capaces de completar.

Para terminar, solo decir que “Somewhere in my Memory” ha sido siempre (y seguirá siendo), uno de mis villancicos favoritos, muy por encima de los tradicionales en castellano. Y es que los “carols” sajones, aunque sea por tradición, siempre nos aportan otra visión de la Navidad, muy alejada de la básica pandereta, zambomba  y cascabel.

Algun dia llegarán unas buenas (y blancas) navidades en Nueva York, con esta música de fondo… Felices fiestas!!!