In Memoriam: George Fenton
George Fenton siempre ha sido uno de esos pocos compositores que eran GRANDES, auténticos GENIOS, pero que por alguna extraña razón iban camuflados entre el gran público con la etiqueta de muy buen compositor con algunos trabajos memorables dentro de su extensa filmografía, como la magistral y brutal Dangerous Liaisons (Las Amistades Peligrosas, 1987), con un tema de apertura espectacular, y dirigida con maestría por el genial Stephen Frears (quizás su mejor película), uno de los directores con los que el compositor más colaboró y creció internacionalmente (con títulos como la genial Mary Reilly, la comedia dramática Mrs. Henderson Presents, la película televisiva Saigon: Year of the Cat o la comedia The Van).
Muchos no pensarían mucho en su figura habiendo tantos nombres danzando en el panorama (Williams, Morricone, Zimmer, Goldsmith, Bernstein, Rozsa, Herrmann…), pero algunos, y me incluyo (aunque pondría por delante de mí a Braulio, uno de mis mejores amigo-hermanos), sabíamos cual era su lugar, el que le correspondía. El del podio de los GENIOS.
Fenton era sinónimo de CALIDAD, de COMPROMISO; su trabajo no estaba en venta, el se debía a la película, era un profesional, y trabajaba con el oficio y la pasión que a veces tanto demandamos en los tiempos que corren.
Con tan solo 15 años, allá por 1992, y poco después 1993, vi dos películas cuyas bandas sonoras de Fenton no tardé en adquirir y no parar de escuchar, especialmente Groundhog Day (Atrapado en el Tiempo, 1993), una de las mejores comedias de la historia, con un genial Bill Murray de protagonista y Harold Ramis al timón dirigiendo.
Lo fácil hubiera sido una partitura funcional, con un par de toques bien agitados y a tirar millas… pero no, que va. ESO NO ES FENTON. Lo primero se saca unos Main Titles divertidos y rítmicos (Clouds), con los vientos madera y metales construyendo un corte maravilloso.
Pero también ofrece música sensual a modo de source music, con saxo de por medio (un tema musical exquisito, Phil Gets the Girl), música romántica para el bueno de Murray y su atracción hacia el personaje de Andie McDowell, música melancólica de tintes reflexivos (Sometimes People Just Die), cortes de acción divertidos y originales (como el de la huida a bordo de una camioneta) y un bellísimo corte final para cerrar la película (A New Day).
Una película donde nadie tendría porque acordarse de la música, y donde un compositor podría pasar de puntillas y coger el cheque sin más, ofrece a Fenton un escenario para plasmar una partitura llena de vida y detalles.
Por el contrario, Hero (Héroe por Accidente,1992), colaborando de nuevo con Stephen Frears, y protagonizada por un genial y divertido-odioso Dustin Hoffmann, Andy Garcia y Geena Davies, ofrece un trabajo más académico en cuanto a partitura, más homogéneo y sólido.
Melodías más acordes para una comedia más seria, con tintes dramáticos, que invita a una partitura con más raíz, menos ligera, más profunda, pero con personalidad. Un lujo.
Estos dos trabajos se convirtieron en dos CDs a los que recurría constantemente, especialmente Groundhog Day.
Pero no tardaría en sumarse esa brutal partitura musical que compuso para el thriller hitchcockiano de tintes psicológicos Final Analysis (Análisis Final, 1992), dirigida por Phil Joanau (con quien Fenton trabajaría en más ocasiones, destacando un thriller que siempre me gustó, Heaven’s Prisioners) y protagonizada por Richard Gere, Kim Basinger y Uma Thurman.
La música es una delicatessen; tiene un tema central lleno de músculo y fuerza, pero también música de carácter fascinante y sugerente, donde el suspense es fundamental, y con un ramalazo arrollador de romanticismo (The Day Lighthouse). Y cuando la acción aparece, lo hace de forma brillante y clásica (The Bay Marina).
Tres partituras magníficas para que un joven chico como yo se enamorase de un genio del que aún no había visto obras previas suyas que años después retratarían la figura del GRAN COMPOSITOR del que estábamos hablando.
Y hablamos de títulos como el citado Dangerous Liaisons, y otros tantos que son ya parte de la historia del cine, y algunos de ellos siendo de los mejores títulos que dieron los 80, como el brutal drama racial basado en hechos reales Cry Freedom (Grita Libertad, 1987), o el biopic de Gandhi (1984), ambas dirigidas por Richard Attenborough, o la mítica película de terror de Neil Jordan sobre hombre lobos llamada The Company of Wolves (En Compañía de Lobos, 1984), con quien repetiría en esa misma década en la clásicas comedias We’re No Angels (Nunca fuimos Ángeles, 1989)con Robert de Niro y Sean Penn o High Spirits (El hotel de los Fantasmas, 1988), una comedia de fantasmas en castillos ingleses con Peter O’toole de por medio, con una banda sonora que adora mi gran amigo Edu.
Con ese zurrón de trabajos de los 80, y comenzando los 90 (y muchos… muchos más trabajos no citados, y muchas series televisivas inglesas), mi foco en Fenton empezó a ajustar aún más la mira.
Y en esa pasión que me iba despertando la carrera de Fenton, apareció The Fisher King (El Rey Pescador, 1991), vista bastantes años después de su estreno, otra de sus obras que me enamoró, y cuya película conseguí ver gracias a un amigo que me la pasó en VHS,
Siendo una de las mejores películas (en mi opinión) de Terry Gilliam (con quien repetiría en The Zero Theorem en el 2013), y con un reparto liderado por unos geniales Jeff Bridges, Robin Williams, Mercedes Ruhl (quien se alzaría con un Oscar a mejor actriz secundaria) y Amanda Plummer, la música de Fenton se ajusta perfectamente a la película.
Fenton despacha una clase magistral de composición, despachando emociones de todo tipo, desde las más emotivas y exquisitas (como su maravilloso Waltz en la estación central), hasta las más épicas y de gran intensidad dramática (con tramos incluso oscuros y terroríficos para el caballero rojo), acompañando las disociaciones entre realidad y fantasía que sufre el personaje de Parry (Robin Williams) quien cree ser un caballero del Rey Arturo en busca del Santo Grial (en concreto al relativo a la leyenda artúrica del Rey Pescador).
La película es una maravilla, y es un lujo ver la química de Bridges-Williams, una bonita amistad en la película donde ambos son fundamentales para salvarse y redimirse, y donde Fenton está de cine, consiguiendo la que sería su quinta y última nominación a los Oscar (antes conseguiría una doble nominación a partitura y canción por Cry Freedom, y otras dos a mejor partitura por Ghandi y Dangerous Liasons).
Entre todo el comienzo de los 90, donde nos encontramos con una joya compuesta para el Shadow Lands (Tierras de Penumbra, 1993) donde volvería a trabajar con Richard Attenborough (repitiendo luego en las geniales In Love and War y Grey Owl) y con Anthony Hopkins y Debra Winger de protagonistas, o el drama bélico Memphis Belle (1990) de Michael Caton-Jones, destaca uno de mis trabajos preferidos del compositor, que descubriría a primeros de la década del 2000, asociado para siempre al Festival de Música de Córdoba.
Se trata de White Palace (Pasión sin Barreras, 1990), dirigida por Luis Mandoki y protagonizada por James Spader y Susan Sarandon, una historia romántica entre una mujer de 40 años y un joven de 20 años, que encuentra en la música de Fenton el torrente musical necesario de romanticismo, sensualidad y erotismo que la película necesita.
El saxo es un elemento fundamental, t al como se observa en el brutal tema central, pero como las melodías musicales se deslizan entre los personajes y sus sentimientos, siendo una capa más de la historia, es algo maravilloso y emotivo. El CD de Varèse lo quemé literalmente, es una de mis obras preferidas, me deshace musicalmente, me baja los plomos emocionalmente hablando.
En 1994 se produciría un cruce de carreras entre el compositor y hasta tres directores de diferentes perfiles. El primero sería el director realista y costumbrista Ken Loach, con películas de gran calado social y reflexivas, y el compositor George Fenton, comenzando con el drama Ladybird, Ladybird, y a la que seguirían numeroso títulos más donde destacan una brillante película sobre la guerra civil española llamada Land and Freedom (Tierra y Libertad, 1995), la emotiva y dura historia de Carla’s Song (La Canción de Carla, 1996) con un bellísimo y rítmico tema central, el drama alcohólico My Name is Joe (Mi Nombre es Joe, 1998), el drama romántico Ae Fond Kiss… (Solo un Beso, 2004) o el drama The Wind that Shakes the Barley (El Viento que Agita la Cebada, 2006), ambientada en la guerra de independencia de Irlanda contra las fuerzas británicas.
También, en el mismo año, iniciaría una relación fructífera aunque breve con la directora Nora Ephron (recién salida de su éxito de taquilla Sleepless in Seattle de 1993), cuya primera colaboración sería la comedia Mixed Nuts (Un Día de Locos), con Steve Martin, pero sería su siguiente película, el remake You’ve got Mail (Tienes un Email, 1998) la película que afianzaría su relación profesional, y que supuso un gran éxito de taquilla.
Juntos de nuevo Tom Hanks y Meg Ryan (repitiendo pareja profesional como en Sleepless in Seattle), Fenton supo coexistir de forma eficiente y solvente entre el amasijo de canciones típicas de la época, ofreciendo una partitura ligera y equilibrada, melódica y emotiva, sin caer en el sensacionalismo o la exageración, siempre iluminando y dando vida a las imágenes y personajes.
Le seguirían dos títulos más, las comedias Lucky Numbers (Combinación Ganadora, 2000) con John Travolta, Lisa Kundrow y Tim Roth, y el remake de la famosa serie televisiva Bewitched (Embrujada, 2005), un fracaso de taquilla bastante sonado con Nicole Kidman, Will Ferrell y Michael Caine.
Y, finalmente, iniciaría una relación con el director Nicholas Hytner ya desde su primera película hasta la última, iniciándose dicha colaboración con la película de época The Madness of King George (La Locura del Rey Jorge, 1994), protagonizada por Nigel Hawthorne, Helen Mirren, Ian Holm y Rupert Everett, donde el compositor ofrece una partitura musical exquisita de corte clásico adaptando la obra musical de Handel, un lujo de banda sonora que siempre estuvo entre uno de mis primeros CDs del inglés y uno de los que más escuché.
Con este director iniciaría otra relación fructífera, que le llevaría por todo tipo de géneros y películas, destacando el drama de época The Crucible (El Crisol, 1996) con Daniel Day-Lewis, Winona Rider y Joan Allen, la comedia The Object of my Affection (Mucho Más que amigos, 1996) con Jennifer Aniston y un joven Paul Rudd, la comedia dramática The Lady in the Van (2015) con Maggie Smith, Jim Broadbent y Alex Jennings, y , triste y finalmente, su última película The Choral (El Coro de Rasdem, 2025), con Ralph Fiennes y Mark Addy, un drama ambientado en la primera Guerra Mundial.
En 1998 cruzaría su carrera con el director Andy Tennant, comenzando su relación con Even After (Para Siempre Jamás), un drama romántico ambientado en la edad media y protagonizado por Drew Barrymore, Anjelica Houston y Dougray Scott, una relación que alcanzaría uno de sus mejores títulos con su partitura para el remake Anna and the King (Ana y el Rey, 1999), protagonizado por Jodie Foster y Chow Yun-Fat. Aquí Fenton despliega todas sus armas compositivas y melódicas para ofrecer una excelente partitura para este drama romántico de época.
Seguiría colaborando con el en varios títulos posteriores (donde destacan los éxitos de taquilla Sweet Home Alabama, Hitch y The Bounty Hunter, tres comedias que funcionaron muy bien, o Fool’s God, genial partitura a destacar, finalizando su último trabajo en el 2024 con Unit 234, un thriller bandas callejeras).
Entrando en el nuevo siglo, Fenton nos descubrió un mundo visual animado y lleno de color con su participación en el mundo de los documentales de la BBC, y ya puestos a dar un golpe encima de la mesa… al César lo que es del César. Fenton abrió el melón musical de lo que debería ser música para documentales, con su The Blue Planet (Planeta Azul, 2001), miniserie televisiva de documentales creados por David Attenborough al que le seguirían no pocas incursiones en más documentales, todos ellos, sin excepción, de un sentido musical y exquisitez que rozan la perfección compositiva.
Si eres de esos que aún no han disfrutado de la majestuosidad y brillantez musical de cada una de sus notas musicales acompañando a algunas de las escenas más bellas y excepcionales jamás vistas en un documental, créeme que ya estás tardando. Es un auténtico lujo (como Deep Blue o Planet Earth).
El nuevo siglo, además, serviría para dejarnos de manifiesto que ni le temblaba el pulso si se movía al terreno de la animación, como su buen hacer para la película Valiant (2005), una de palomas mensajeras ambientadas en la Segunda Guerra Mundial con música heroica y épica (recuperando ese sonido tan británico en su tema central de gente como Ron Goodwin, William Walton o Malcom Arnold) y una marcha maravillosa, o si cambiaba de escenario para el divertidísimo, macarra y salvaje thriller de acción (remake) de Cold Pursuit (Venganza Bajo Cero, 2019), con Liam Neeson en una de las mejores películas de acción que rodó, y donde Fenton se despacha una sorprendente partitura viva, ligera, rítmica e inspirada que le va como un guante y con un excelente tema de apertura y cierre (editada por Varèse Sarabande).
La última vez que la música de Fenton circuló en un cine para mi deleite fue cuando vi el interesante thriller de espionaje Red Joan (La Espía Roja, 2018), donde Judi Dench se merienda la película y la música trabaja de forma brillante con la historia (editada por Quartet Records, a quien debemos no pocas ediciones del inglés, como algunos de sus últimos trabajos como Allelujah o el maravilloso ritmo musical de The Duke, sin olvidarnos de esa magistral y sensual partitura para el thriller noir de los 90 llamada China Moon con Ed Harris y Madeleine Stowe).
Sirva este humilde y subjetivo repaso para destacar la figura de un compositor que debe ensalzarse con justicia, alguien que iluminó el star system desde la personalidad, el oficio y el saber hacer de quien domina, conoce y ama el medio para el que trabajó, fuera cine, televisión o documental.
Gracias Maestro, descansa en paz. Tu música me acompañará por siempre, mi White Palace donde refugiarme.


