Mi BSO de San Valentín: Havana

Escrito por , el 14 febrero 2012 | Publicado en Apuntes

Como ya puse en un post navideño hace unas semanas, no soy de los que se emocionan cuando llegan la navidades con eso de «época para ser mejor persona» (¿perdona?) ni menos cuando llega el San Valentín (no sabes cuanto te quiero…). El amor verdadero y el ser buena persona son cosas que se demuestran a lo largo de todo el año.

No por más regalos y detalles románticos el 14 de febrero se quiere más a tu pareja (¡o menos!); no es más que un día señalado en el calendario para lo que comúnmente es conocido como el «consumismo» (como las navidades, aunque antes no era tan claro este concepto, había más inocencia).

Dicho ésto, y restada la importancia que todo ello tiene, eso no quiere decir que no sea un día en el que uno se lleve a su pareja a tal sitio a cenar, o tenga un detalle con ella (rosas, su libro preferido,…), pero sin pasarnos, que no es el fin del mundo. Más regalos o más caros no demuestran nada, más si eres un capullo el resto del año, o solo sirven para lavar tu conciencia.

Pero volviendo al tema que ocupa este blog, es decir, las bandas sonoras, si que me gustaría destacar, en estas fechas, un score que siempre me ha calado, y que ha tenido un significado especial en mi vida sentimental (mi primer gran fracaso, mejor no contar…); se trata del score de Havana (1990), del genial Dave Grusin, que le supuso una más que justa nominación a los Oscar a mejor partitura (además del Globo de Oro y los Grammy) en 1991.

Recuerdo que en una de mis visitas a Villaviciosa, descubrí el LP de este score en casa de mis primos, y desde aquel momento, me enamoré completamente de este trabajo, sin haber visto ni tan siquiera la película (todo ello allá por mediados de los 90). Podríamos decir que, junto con The Goonies y The Firm, fueron los tres trabajos que me pusieron a Grusin en el firmamento de los compositores.

La película, definida con total acierto como una suerte de Casablanca en la Habana, se benefició bestialmente de la música del maestro, donde un motivo de amor desgarrador por momentos, delicado y contenido en otros, nos muestra la dificultad de una historia de amor imposible, en tiempos realmente convulsos, con marido de por medio (Raul Julia) y dos corazones encontrados (Robert Redford y una bella Lena Olin), acompañando el siempre genial Alan Arkin.

Pero aún más calado que su tema de amor (una joya en cualquier top ten romántico), me encontré con otro motivo realmente embriagador y envolvente, uno de esos para escuchar viendo atardeceres de postal paseando por la playa, mientras el sol rojizo se pone sobre el firmamento marítimo, con una suave brisa acariciando tu rostro, con los ojos entrecerrados, completamente en comunión con todo lo que te rodea, uno de esos momentos en los que no corre el tiempo.

Se trata del tema que escuchamos en Night Walk, donde la trompeta de Sal Marquez le da un toque casi jazzístico, con un tono melancólico, desembocando en una rendición aún más bestial, la que contiene el corte Hurricane Country, donde Grusin ofrece una de sus mejores piezas, digna de postal, donde Marquez vuelve a la trompeta, y la cálida voz masculina de Dori Caymmi envuelve toda la pieza musical (canturreando sin pronunciar palabra alguna), con un magistral acompañamiento de batería, guitarra (Lee Ritenour) y piano (que bien podría ser del mismo Grusin, pese a que también está acreditada Claire Fisher), con una percusión exótica maravillosa, y un diálogo final entre flauta y trompeta que es una auténtica delicia.

Aquella pieza, Hurricane Country, marcó uno de esos momentos imborrables en mi vida, dejándome una huella imperecedera en mi alma, para siempre. No os mentiría si muchas veces he abierto mi ventana, especialmente en verano (con estas olas polares como que no) y contemplado el atardecer de un día mientras de fondo suena esta pieza, con una suave brisa recorriendo mi rostro, emocionado y con los ojos entrecerrados.

Esa sensación, maravillosa, que provoca la música dentro de mi ser es la magia que mi vida necesita, mi banda sonora. Grusin tocó mi alma con este score, invadiendo un trocito de mi corazón, y sirviendo para cerrar esa pequeña herida de un sin sabor sentimental.

Lo que no cure la música… Gracias Grusin.