Memories of David Shire: MOSMA

Con cuarenta años, rumbo a los cuarenta y uno, decir que he podido conocer al gran David Shire, darle la mano, hacerme una foto con él, tener una firma suya, felicitarle por su carrera y poder escuchar su música en directo (incluso a él tocando el piano), es más que suficiente para enmarcarlo como una de las experiencias más gratificantes de toda mi vida (junto a otras como James Newton Howard, Dave Grusin, John Scott, Trevor Jones o Howard Shore).

Añádele, que es lo más importante, la dimensión personal y humana de David Shire y hablamos ya de algo inolvidable; cercanía, humildad y normalidad, alejado de esa imagen que muchas veces transmite Hollywood y sus estrellas de divos o dioses (Shire es un tío normal y eso le hace aún más grande y legendario, auténtico).

David Shire es, para mí, uno de esos compositores de prestigio consolidado en Hollywood y en Broadway, pero que quizás, tristemente, no haya tenido una carrera cinematográfica de mayor éxito y reconocimiento tras entrar en los años 80, con algún éxito popular como si tuvieron otros grandes compositores, y aun así, ahí queda su éxito de ventas en Saturday Night Fever (su Manhattan Skyline es toda una oda musical a la música setentera e cine y de las discotecas) y muchos éxitos en los teatros, incluyendo su aplaudido regreso al cine en Zodiac (Zodiac, 2007)

David Shire at the movies


Lo que se iniciaba como una triste noticia allá por junio del 2017, el que se cayera de la parrilla de conciertos un homenaje al gran José Nieto, se convirtió en un sueño hecho realidad para muchísimos aficionados a la música de cine: David Shire encontraba un hueco único para su legendaria figura, un concierto que tendría lugar el día 7 de julio a las 19:00 en el Teatro Echegaray.

David Shire at the Movies (como aquel disco suyo de años atrás) se convirtió en ESE concierto que todo fan de Shire que se precie desearía escuchar si tuviese ocasión de ver a uno de sus iconos en directo: ver al Maestro al piano, Solo ante el Peligro, tocando algunas de las mejores piezas que ha compuesto, fue algo maravilloso.

Desde The Conversation (La Conversación, 1974) hasta All the President’s Men (Todos los Hombres del Presidente, 1976) y sin olvidarnos de la magistral Farewell My Lovely (una de mis trabajos preferidos, con ese aire musical tan noir) encontraron su lugar no solo en las paredes del Teatro Echegaray sino en los corazones de los asistentes, y no solo por la brillantez y sinceridad de sus notas musicales y su interpretación al piano de las mismas (vaya energía señores, a sus ochenta años), sino por su simpatía y humor (más de un momento desternillante nos regaló este genio).

Mi corazoncito casi no se resiste, y por un momento temí que se me llenarían de ojos las lágrimas, pero aguanté el tipo cuando Shire interpretó It Goes Like It Goes de Norma Rae (Norma Rae, 1979), la canción que le reportó el Oscar, maravillosamente interpretada por la cantante y actriz Sylvia Parejo.

Más canciones (destacar la genial With You I’m Born Again de Fast Break o su otra canción nominada, I’ll Never Say Goodbye de The Promise, del mismo año que Norma Rae) y algunos cortes del teatro terminaron de amenizar una velada maravillosa, perfecta y redonda, convirtiendo un concierto improvisado por su carácter de sustitutivo del de José Nieto en uno de los mejores no solo de los dos años que llevamos de del Mosma, sino de todos los conciertos que he disfrutado en general.

En definitiva, uno de esos conciertos de los que echar memoria una y otra vez a lo largo de tu vida (el año pasado, el de Sean Callery, por poner otro ejemplo, fue otro concierto redondo, repasando toda su magna obra televisiva, muy en las antípodas del exceso que para muchos supuso el concierto de Mr. Robot, que comenzó bien pero derivó en un tono monotemático y algo desquiciante por el ruido y la intensidad electrónica, para mi gusto algo desequilibrado, aunque interesante a ratos).

Con el sabor de boca de haber asistido a un señor concierto, nos fuimos a cenar pensando aún en el concierto del sábado.

De Pelham a Oz, con Max Dugan  en plena fiebre del sábado de noche


El sábado 8 de julio nos sirvió en bandeja el concierto grande donde la Orquesta Filarmónica de Málaga, de la mano del maestro Arturo Díez Boscovich, nos deleitó con trabajos de todos los invitados y un resumen de lo mejor del año.

Personalmente, ver incluidos en el concierto el temazo de Shire para The Taking of Pelham One Two Three (Pelham 1, 2,3 , 1974) o su Manhattan Skyline de Saturday Night Fever (Fiebre del Sábado Noche, 1977) fue francamente un sueño hecho realidad.

Sí, Return To Oz (Oz, Un Mundo Fantástico, 1985) es uno de esos trabajos que todo aficionado al fantástico de los 80 que se precie conoce y adora, pero lo que Shire hizo en el thriller setentero de Pelham 1,2,3 fue apoteósico y sentó cátedra. El famoso método de la escala de doce notas (the twelve-tone method of composition) fue una solución magistral para acoplar la partitura en una película donde el sonido del tren de la línea de Pelham todo lo engullía, permitiendo que la banda sonora coexistiera con ese sonido, impregnando de alma a toda la película.

Y ese ritmo cuasi jazzístico y urbano tan magistral… Cuando la música comenzó a emerger en el Teatro Cervantes con su endiablado ritmo era imposible no dejarse llevar. Vi gente siguiendo el compás de la música; mis pies y mi cuerpo no dejaban de marcar ese maravilloso ritmo.

Y aún fue más espectacular ve a todo el teatro dando un estruendoso aplauso al finalizar el Manhattan Skyline, otro de los mejores momentos del Mosma (una pieza de música disco interpretada a través de la orquesta). Fue unánime el reconocimiento de la genialidad de un músico que sobrevivió (SÍ, lo hizo) a la música de los Bee Gees.

Sus otras dos piezas no fueron a la zaga (ni mucho menos); su trabajo para Max Dugan Returns (Hola, Mr. Dugan, 1982), la comedia dramática de Herbert Ross, contiene una de las mejores piezas musicales escritas por David Shire, un tema central maravilloso lleno de energía y vitalidad, divertido y pegadizo, con un tono clásico que lo convierte en toda una delicia a reivindicar, y que también arrancó el aplauso del respetable.

La parte de Shire finalizaría con una extensa y larga suite de Return to Oz, maravillosa representación musical del valor de la partitura del maestro, construida especialmente para el Mosma y narrada de forma magistral por la mujer del compositor, la actriz Didi Conn (la famosa Frenchie de Grease, una delicia de mujer, todo sonrisas).

Como pro, una idea brillante y valiente que representó la partitura musical y la historia de la película en una suite que sirve de perfecto resumen; en contra, rondando los veinte minutos arriba-abajo y antes del descanso, hubo gente a la que se le hizo muy largo, y solo aquellos que amamos la música de cine y los ochenta, somos capaces de disfrutar sin pestañear. El resto, aunque sepan que han asistido a un momento de calidad, único e irrepetible, les puede haber resultar algo pesado o largo (aunque repito, para mí fue una delicia).

En resumen y en mi humilde opinión: con la fortuna de poder tener un concierto entero de David Shire ante la imposibilidad de José Nieto de no acudir (la verdad hubiera sido un delito, visto el gran resultado concierto, de que no se lo hubieran ofrecido de mano), y la media hora pasada de música del gran concierto del maestro el sábado, puedo decir y afirmar que he disfrutado de algo único e irrepetible, uno de esos momentos mágicos que probablemente no pueda volver a disfrutar.

Y aún quedaba lo mejor…

Domingo: la Cercanía del Genio


No pudiendo ir a la comida que el Mosma había organizado por partir nuestro vuelo  a las cinco y media de la tarde, decidimos preparar las maletas e irnos a pinchar algo con Isra y Dani, una magnífica compañía y una comida deliciosa.

Al salir del restaurante, y callejeando por Málaga a modo de despedida nos encontramos con Shire, Didi y su hijo (el Maestro comiendo un helado y ella con bolsas de compras).

Marta, mi pareja, decidió hacerse una foto con ellos, sino fuera molestia les pregunta en inglés, y todo sonrisas ellos; “Por supuesto, sin problemas”, responden. Y allí, con una tranquilidad increíble y la mejor de las sonrisas, se detuvieron para hacerse una foto todos juntos. Un instante, eterno, para el recuerdo. Simpatía por todos los poros.

Ellos dos, sonrientes, haciendo una magnífica pareja, ella cuidando de él en todos los detalles; allí se respiraba amor y humildad. Gente cercana. De esa que abunda poco.

Con una sonrisa en los labios (pena de no haberle podido entrevistar), y el último recuerdo en la retina, nos retiramos rumbo a Asturias, de nuevo a la rutina de nuestras vidas, trabajos y obligaciones.

El viaje, ya solo por eso, había merecido la pena. Si antes ya eras un Grande, para mi te hiciste legendario y eterno. Gracias Maestro, gracias por tu música y por tu humanidad. Ojalá podamos seguir disfrutando años de tu música.

Hasta pronto.