Especial Premios Jerry Goldsmith

Escrito por , el 16 septiembre 2011 | Publicado en Apuntes

PREMIOS JERRY GOLDSMITH 2011: RETROSPECTIVA Y ANÁLISIS

Es curioso cómo año tras año las pre-nominaciones y nominaciones nos sorprenden, y siempre gratamente. Un año más, la convocatoria de los Premios Jerry Goldsmith del Festival de Música de Cine de Úbeda ha sido todo un éxito, tanto por su poder de convocatoria, como por la calidad del material seleccionado, así como por lo singular de sus resultados finales. Pero no vamos a adelantar acontecimientos, y vamos a recapitular un poco la trayectoria de los premios.

Creando Escuela

Creados en el año 2006, en la segunda edición del Festival, y bajo el apadrinamiento en persona de la viuda del maestro que pone nombre a los premios, Carol Goldsmith, se fragua bajo la idea original de David Doncel, director del Festival, de dar cabida y apoyo a todos esos jóvenes compositores que están empezando en el terreno audiovisual, uniéndosele en el 2º año el crítico de música de cine y profesor universitario Conrado Xalabarder, escritor habitual de la revista especializada Fotogramas y de la web sobre música de cine MundoBso.

El primer año era casi una prueba de convocatoria, y resultó bien: con tan solo 3 categorías (Largometraje, Cortometraje, y Libre Creación o Fase de Desarrollo) y unos cuantos trabajos presentados (con una calidad más que suficiente para pertenecer a compositores noveles), se conformó como el inicio de una cita anual para todos los compositores audiovisuales españoles, y en una clara minoría inicial, de los compositores extranjeros que descubrían la convocatoria, perteneciendo estos últimos sobre todo al viejo continente.

Es curioso como aquí encontramos a un joven Oscar Xiberta, proclamado por la mayoría del jurado como Mejor Compositor de ese año, por su trabajo Broken Wire, con una calidad y detalle dignos del mejor arquitecto musical. Es una verdadera pena que últimamente no encontremos en los premios más trabajos de nuestro amigo Oscar, ya que de seguro volvería a ser finalista si trabaja con la misma destreza que en este primer año.

Asimismo, encontramos también los trabajos de Marc Vaillo, un joven Arturo D. Boscovich (futuro director de la orquesta del Festival), Sergi Ramis…, lo cual conformaba un inicio muy prometedor de esta convocatoria de premios. Sin embargo, el alcance internacional era muy limitado. De 15 trabajos finalistas, tan solo 4 eran extranjeros. No está mal, aunque les faltaba difusión internacional.

En el segundo año hubo pequeños cambios, básicamente en cuanto a la cabeza visible de los mismos. Como decíamos, Conrado Xalabarder se hizo cargo de los mismos, dándoles su estilo y carácter propio, y arropando a los compositores nominados en un halo de compañerismo, buenas intenciones  y familiaridad dignos de las mejores agrupaciones.

En este año resultará fundamental la participación extranjera, no tanto la participación nacional, ya que esto crearía un mayor impulso al desarrollo de los premios.

De hecho, el ganador de esta segunda edición fue el alemán Christoph Zirngibl, quien con su trabajo para Lethe, de gran belleza lirica y tremendos recursos estilísticos, se alza con la preciada estatuilla.

Los premios estaban creciendo, no cabía duda. Y por el buen camino.

El tercer año también fue año de cambios, aunque menores. Se amplían el número de categorías, pasando de las 3 habituales a 5. Los premios se especializaban y crecían, dando cabida a esos proyectos que no encajaban en las anteriores especialidades musicales. Es un avance, ya que no solo hay que expandirse a lo largo, sino a lo ancho, y que mejor que ampliar el número de categorías para poder captar mejor la atención de todos los jóvenes compositores audiovisuales. El Festival, y los coordinadores de los Premios en concreto, sabían enfocar la trayectoria de los mismos y adaptarse a las necesidades.

Ya encontramos en esta edición claros exponentes de futuros grandes compositores: Zeltia Montes (ganadora en esta edición con su magnífico trabajo para Pradolongo), Iván Palomares, Andrés de la Torre, de nuevo Oscar Xiberta y Arturo Diez Boscovich, Vicente Carrasco… Fue un año muy muy prometedor, donde la variedad y calidad compositiva de las obras y de los compositores hizo subir un peldaño más a este referente musical. Teníamos la calidad de los compositores… nos faltaba la internacionalidad, ya que de las 20 obras finalistas, tan solo 4 eran internacionales, siendo de países tan dispares como Chile, Grecia o Polonia. Faltaba poco para conseguirlo, pero la invasión extranjera estaba a punto de comenzar.

Ampliando fronteras…

El siguiente año, en la IV Edición, encontramos ya un claro enfoque internacional. Simplemente haciendo recuento de nuevo de los nacionales contra los internacionales, ya descubrimos que hemos crecido, a lo ancho.  De un total de 26 autores finalistas, encontramos ya 7 internacionales, 2 de ellos ganadores finales en sus respectivas categorías (Chile y Alemania, con Jorge Aliaga y Stefan María Schneider, respectivamente).

En esta convocatoria tuve la oportunidad de participar en la categoría de Documental, y pude vivir desde dentro la situación de ser finalista. La expectación que generan estos premios para todos los compositores es algo increíblemente adictivo. Y como bien dice Conrado Xalabarder, actual coordinador y cabeza visible de los premios, en estos premios, aun perdiendo, ganas. Ya por el hecho de ser nominado o finalista, eres ganador. Esa es la política de los Jerry… y muy acertada por cierto. Con la estatuilla se alzó ganador Aritz Villodas, con su No me pidas que te bese, romántica partitura de claro referente emotivo.

La V edición suponía la culminación de un ciclo. Un año más se ampliaban las categorías, incluyendo a la Publicidad o Promoción como una categoría independiente. Este año, con la ayuda de Stefan María Schneider, germano de dilatada educación musical, colaborador ocasional de compositores de la talla de John Powell, y autor de grandes músicas altamente descriptivas (esencial para el lirismo musical cinematográfico), tenemos lo que el Profesor X (de Xalabarder), denominó “invasión germana”. Y con justa razón: se presentaron inicialmente más de 300 trabajos, de los cuales varios finalistas fueron alemanes, frente a los habituales españoles. El sonido germano nos invadía, y aun no siendo mayoría, convertía los premios en claro referente internacional.

Este año encontramos los nuevos trabajos de Manel Gil, Arnau Bataller, Ivan Llopis, Oscar Navarro… y repitiendo algunos habituales como Jorge Aliaga, Andrés de la Torre, Joseba Beristain, Aritz Villodas, Ivan Palomares, Lucas Vidal… que llenan de calidad una vez más los premios, resultando ganador Marc Timón con su trabajo para la magistral Witches, obra de gran sinfonismo lírico y calidad orquestal, así como motívica y rítmica. Era la primera vez en que una obra perteneciente a la categoría de Libre Creación, es decir, una obra que no había sido compuesta para un audiovisual en concreto, resultaba ganadora del gran Premio Jerry Goldsmith. De una u otra manera, los premios aun con solo 5 años de andadura, acababan de alcanzar su “mayoría de edad”.

Los premios han subido escalones exponencialmente. De empezar siendo casi una reunión de amigos que, de casualidad, se enteraban de la convocatoria de los premios, se ha convertido en una clara referencia internacional, con nominaciones provenientes de países tan dispares como Islandia, Corea del Sur, Francia, Reino Unido, Finlandia, Alemania, Estados Unidos, Portugal, Nueva Zelanda…. Y muchos más. Los premios son justos a la calidad del mentor del nombre de los mismos. El mismo Jerry estaría encantado de ver que los Premios Jerry Goldsmith se han convertido en algo casi vital para todos los compositores audiovisuales que comienzan. Y repitiendo de nuevo a mi querido amigo Conrado, “…en los Premios Jerry, aun si pierdes, ganas…”.

Y van seis…

Y llegó el sexto año. Y con él, un poder de convocatoria “brutal”… Con más de 400 trabajos iniciales presentados, y habiendo incrementado una vez más las categorías (se ha desdoblado la nueva categoría de publicidad convirtiéndola en 2: Publicidad y Promoción, para ser equilibrados en la correcta clasificación de duraciones de uno y otro, dada la gran diferencia de formato), la internacionalización era ya un carácter estable. De un total de 40 obras finalistas, contamos con 28 de ellas internacionales. Mucho más de la mitad! Se habían cambiado las tornas, ya que casi 3/4 partes de los Jerry eran extranjeros, de países tan dispares como Corea del Sur, Hungría, Suecia, Turquía, Holanda, Australia, Suiza, Chile, Italia…

Dentro del apartado de Mejor Música para Largometraje, encontramos obras de temática muy variada, pero muy potentes en su esencia. Así, Constantino Martínez Orts y Frank Schreiber presentan obras más modestas estructuralmente, pero con buena base orquestal. Lo mismo le sucede a Jörg Magnus. Sin embargo, Lucas Vidal vuelve a sorprendernos con una obra muy bien formada, muy estructurada, densa orquestalmente hablando, con un desarrollo formal sólido y una temática muy variada. Lucas posee una gran formación musical, y aunque tener “padrinos” siempre es una suerte, hay que saber demostrar la valía de cada uno con el lápiz y el papel pautado. Y Lucas así lo hace.

Como también lo hace nuestra querida amiga Zeltia Montes, que con su obra La Tropa de Trapo se alza con el premio a mejor música para largometraje. Es una partitura fresca, vivaz, alegre, con recursos y temática variada… Un golpe de aire fresco dentro de la categoría de largos. Quizás el hecho de que sea una partitura enfocada al público más joven de la casa refuerza ese dinamismo y frescura, que rebosa por los cuatro costados del score.

Y no solo eso, los temas poseen una sutileza melódico-rítmica que acompañan magistralmente a la imagen. Es un trabajo que me ha recordado mucho a la música temática del videojuego de plataformas, sobre todo a un autor en concreto, Koji Kondo, creador de las maravillosas melodías del Super Mario y toda su saga (All Stars, 64, World, Land, Galaxy, Kart…).

A Zeltia le espera un futuro muy prometedor, pues con esa versatilidad llegará donde otros no han sabido llegar.

Por otro lado encontramos las nominaciones a Mejor Música para Cortometraje de Acción Real. El nivel en esta categoría era muy superior a muchas otras, ya que normalmente la mayoría de trabajos que llegan son cortometrajes, y todos ellos con altísima calidad. Joseba Beristain presenta un trabajo muy cuidado, muy en su estilo compositivo, pero un paso adelante sobre todo en cuanto a orquestación. Es de agradecer que en esta ocasión nos haya presentado su trabajo con instrumentos reales, mucho más orgánicos que cualquier instrumento virtual. Y es que en este cortometraje había mucho que transmitir, y Joseba lo logra magistralmente. Joseba mantiene una sutileza melódica digna de los más grandes maestros, ya que sin caer en los típicos clichés emotivos, refuerza la imagen sutilmente, sin recargarla, haciendo al espectador parte de esa situación angustiosa en momentos que sufre la protagonista. Muy buen trabajo el desarrollado por Joseba en esta ocasión.

Por otro lado, Xabat Lertxundi nos presenta un trabajo más oscuro, más efectista, y menos melódico. La partitura, que podría enfocarse más hacia un tipo de score atmosférico de suspense-terror que hacia lo modalmente melódico, nos presenta una serie de giros de efectos, probablemente pensados al milímetro para acompañar a las imágenes, pero que en ausencia de estas, queda carente de interés tonal-melódico. Sin embargo, la partitura está muy justificada en su función principal, que es la de reforzar la oscuridad de la trama argumental. Interesante trabajo, no obstante, y muy a tener en cuenta de cara al futuro. Esperemos que Xabat siga en esta línea, que es buena.

Los otros tres trabajos de esta categoría, extranjeros, poseen similares características, aunque finalmente se haya proclamado vencedor en la categoría Ehud Freedman con su partitura para The man who knew how to fly. Partitura calmada, pero a la vez evocadora, desarrolla un claro contraste entre lo terrenal y lo celestial, utilizando giros melódicos y tímbricos con la reducida formación orquestal, que evocan ese aprendizaje de la habilidad de volar del protagonista. Pese a todo esto, la partitura se queda parada en muchos momentos donde debería reforzar la acción del filme con partes más densas, y aunque melódicamente convincente, se queda a las puertas de generar alguna emoción realmente intensa. Exigencias del guion, suponemos.

Por otro lado, John Koutselinis tiene una partitura en el mismo estilo: paisajes sonoros poco densos, formación orquestal ajustada, y ambiguamente melódica. Echamos en falta una melodía definida, un tema principal, o al menos, un leit motiv que se repercuta a lo largo del filme. Sin embargo, en ciertos momentos la arquitectura musical alcanza niveles estructurales muy sólidos, en cuanto a la armonía, pero que rápidamente desaparecen en post del efectismo lírico de la escena, carente de esencia melódica y siendo tan solo una sucesión de paisajes sonoros sin correlación, al más puro estilo de Debussy o Ravel en sus obras más extremas. Si eso es lo que se buscaba en el filme, bravo por él, porque eso es tal cual lo que ha conseguido.

Y terminando en esta categoría, nos encontramos con Enrica Sciandrone y su partitura para Big Ben, una obra dinámica, jovial y estructuralmente muy sólida. Tiene un perfecto estilo para enlazar temas entre sí, sin que quede brusco. La variedad rítmica y melódica la convierten, al igual que la de Zeltia Montes en su respectiva categoría, en la obra más fresca, alegre y dinámica de esta categoría en concreto. Es un continuo puente de unión entre las diferentes temáticas del filme, funcionando correctamente de hilo conductor y llevando de la mano al espectador que escucha la partitura. Sutil cuando tiene que serlo, y densa cuando el filme lo necesita. Una obra que, realmente, llega a una gran profundidad musical.

Las joyas del panorama musical internacional

Respecto del apartado de Corto de Animación, encontramos verdaderas joyas en su mayoría. Es increíble como esta categoría ha crecido y subido como la espuma. El nivel alcanzado este año, siendo una categoría en la que solo 1 de los cortos finalistas es español, es de un nivel realmente alto, estando la mayoría de los finalistas justamente nominados.

Empezando por el cortometraje español, compuesto por Borja Costa, nos encontramos con una obra bastante “densa”, quizás en exceso. La densidad de la partitura no es ni en cuanto a su melodía ni a su armonía. Potencialmente carente de ambas (aun pidiendo el guión argumental una melodía claramente definida), la partitura intenta aglutinar una mezcla de estilos que en ocasiones no solo no funcionan, sino que ensucian y enturbian el desarrollo musical de temas que, más adelante, son mucho mejor expuestos, aunque de una forma bastante sencilla y con una orquestación más bien ligera. Aun intentando buscar una estética amplia, grandilocuente, extensa armónicamente, lo único que se percibe es un aglutinamiento de texturas que, sin una dirección propiamente definida, avanzan, sin saber ni cómo ni por donde, hacia una mezcla de atmósferas bastante caótica.

Por otro lado, Stefan M. Schneider vuelve a sorprendernos con una obra muy completa visualmente, y suficiente en cuanto a lo musical. Ni más ni menos. La música cumple su función conductora, aunque el corto esté en su mayoría acompañado por música techno compuesta por otros autores. Echamos en falta la calidad descriptiva de anteriores trabajos de Stefan, donde daba todo lo bueno que estaba en el. Es por tanto (imaginamos) una castración musical por exigencias del guión.

Jesús Calderón nos vuelve a sorprender de nuevo con una singular propuesta, alejada quizás de sus otros trabajos presentados a los premios Jerry, donde tenía una sonoridad mas “new age”. Con su obra de este año nos expone una historia bíblica, en la que los diálogos son sustituidos por la música, por lo que la elección del estilo mickeymousing era obligado. Jesús logra perfectamente acercarnos a la historia de la oveja descarriada, y trasladarnos todos los sentimientos que genera la situación. Densamente armado de melodías pegadizas, y con un final muy apoteósico, la partitura se desarrolla sin problemas encajando a la perfección con el guión argumental.

Las siguientes obras son, en cuanto a términos rítmicos, armónicos y melódicos, unas verdaderas joyas. Empezando por la obra de Attila Pacsay, la partitura se conforma como un fluir de ritmos y melodías entrelazados y magistralmente orquestados, con una calidad tímbrica muy cuidada, y unos coros y unas voces solistas perfectamente tratados y medidos. El estilo es muy Elfman, quizás impuesto por la estética del corto en sí, pero logrando una mixtura y una profundidad de estilo digna de un gran maestro. Gran trabajo el de Attila, que ha sabido representar musicalmente un panorama visual muy descriptivo de forma magistral.

Y ya por último, el monumental trabajo compositivo de Jan Morgenstern para Sintel, un cortometraje de animación que no ha hecho más que ganar premios desde su estreno. La obra, de gran belleza descriptiva y espléndido lirismo argumental, nos transporta al paisaje del cortometraje, evocando sonoridades étnicas muy cuidadas, y ampliamente armonizadas con un estilo y una calidad dignos de alabanza. Asimismo, con su canción I Move On, de una belleza digna de las mejores canciones de Enya, resultó también ganadora en su categoría.

Este año, en la categoría de Libre Creación, hemos encontrado varias obras que recuerdan mucho a la música sinfónica de concierto. Una de ellas es la compuesta por Constantino Martínez Orts, titulada Pax et Bonum, compuesta en el más puro estilo de cantata sinfónica, y de nuevo con una profundidad melódica y armónica dignas de las grandes obras de concierto. Compuesta con una sonoridad muy cercana al estilo del Requiem, Magníficat, o del Te Deum de John Rutter en las partes más vivas, y evocando a Mortem Lauridsen o Eric Whitacre en las partes más íntimas y recogidas, la obra es sinceramente magnífica. Reúne grandes melodías pegadizas, que van desarrollándose a lo largo de la partitura, cambiando y haciendo una metamorfosis tonal que las lleva a progresar y a adelantarse a ellas mismas. Constantino resultó ganador en su categoría con esta obra, y ha sido de una forma realmente digna.

Del mismo modo, la obra Reaching the Sky, compuesta por Ivan Torrent, y creada expresamente para un portal multimedia, es otro ejemplo de dinamismo e intensidad melódico-armónica. Así como “Pax et Bonum” estaba cantada e interpretada por coro y orquesta reales (de forma magistral, por cierto, pese a la dificultad de la obra), la ejecución de Torrent fue desarrollada por instrumentos virtuales, es decir, completamente por ordenador. Sin embargo, Ivan ha sabido utilizar correctamente los recursos que la informática le aporta, evocando varias melodías y armonías clásicas de la música de cine (podemos distinguir mucho de Williams y algo de Horner, Arnold o Elfman), y desarrollando una obra sinfónica de alta calidad, que recoge y transporta de forma sutil, al espectador que escucha la obra, y le lleva donde la obra quiere. Ese es el efecto que debe tener una obra de estas características, resultando siempre sutil a la hora de “mover” al espectador.

La categoría de Libre Creación nos sorprende siempre, ya que aquí llegan obras muy dignas, muy potentes, muy interesantes y muy bien formadas, pero que aun no han tenido la posibilidad (o no han querido tenerla) de formar parte de un audiovisual. Un claro ejemplo de genialidad musical también lo protagoniza Sergio Jiménez Lacima, joven compositor residente en Boston, de gran calidad descriptiva en sus melodías, y con amplia experiencia formativa en el terreno de la composición. Sergio nos expone un ballet que, pese a ser de tendencias contemporáneas y a veces poco “clásico” dentro de la estructura musical de un ballet, se convierte en una obra lúcida, exuberante, grandiosa, amplia… que permite crear perfectamente una escenografía específica que ayude a lucir aun mas toda la parte musical. La obra, titulada Futile, se desarrolla íntegramente describiendo varios estilos de música, desde lo más clásico hasta la música dance, y aun siendo interpretada con instrumentos virtuales como la anterior obra de Torrent, logra acercar al público un sentimiento “orgánico”, vivo, natural, que normalmente no puede ser representado en condiciones con instrumentos electrónicos. Pero la maestría de Jiménez Lacima en la armonía ha sabido combinar lo mejor de cada ingrediente, y sacar una obra digna de los mejores escenarios, augurándole un excepcional futuro como compositor, tanto clásico como cinematográfico.

Y las dos otras nominaciones de esta categoría discurren con distinta suerte… sin mucha profundidad musical, y sin partes dignas de mención, mas que el simple reconocimiento de haber llegado a ser finalistas en una categoría altamente competitiva y de muchísima calidad.

Dualidad de premios

Las situaciones de los finalistas han sido extrañas este año. Me refiero a la situación de que existieran varios empates, que han ayudado a que los premios, ya de por si variados, hayan estado mucho mas repartidos que otros años. En la categoría de Publicidad, por ejemplo, sucede esto mismo. Las obras de Jorge Aliaga y de Damián Sánchez resultan ganadoras, por empate técnico, en esta categoría. Y con clara justicia.

Damián es un compositor con amplia experiencia en el entorno musical, teniendo un bagaje musical ampliamente formado con sus estudios oficiales y las clases de especialización a las que ha acudido. Sus obras son, siempre, muy densas, muy buscadas, muy calculadas hasta la última nota, sin dejar nada al azar, sino que todo en la partitura está milimétricamente medido para dar el mejor de los resultados. Altamente versátil en sus obras de concierto, Damián sabe llegar al público, transmitiendo siempre un mensaje empático claramente definido, y siendo de una sutileza digna de los mejores arquitectos musicales clásicos.

Y en su obra Eurona así lo logra, siendo fiel transmisor de un concepto simple, pero altamente emotivo. Justa es por tanto su victoria, compartida con Jorge Aliaga, chileno también de dilatada experiencia, y asiduo al Festival y a los premios Jerry Goldsmith.

Jorge, que ya había sido finalista en varias ocasiones con otros trabajos, ha sabido plasmar perfectamente esos sentimientos tan a flor de piel que evocan los spots de publicidad. El mensaje debe ser claro, denso, directo, profundo, rápido, explícito… Todas esas palabras definen muy acertadamente el trabajo de Aliaga, no solamente en esta nominación, sino globalmente. Jorge logra transmitir mucho con su obra, acercando al publico unos sentimientos que hace suyos, y que comparten entre sí, creando un vinculo emotivo entre la imagen, el espectador, y más aun, entre todo el equipo que participa en el filme, uniéndolos en una burbuja musical que lo engloba todo. Así es también el sentimiento en la categoría de Documental, donde su obra Ríos de Luz, a pesar de no resultar ganadora finalmente, fue una obra altamente valorada, de una sutileza emotiva tremenda, y realmente bella en todas sus notas. Con una orquestación cuidada y elegida concienzudamente, transporta delicadamente a todo el que escucha los temas al terreno de lo sentimental. Y en esa labor empática, Jorge es un genio, como ya ha demostrado en amplias y variadas ocasiones.

Siguiendo en esa categoría de Documental, Miguel D’Oliveira logra alzarse como ganador de categoría con su obra para Battle of Britain, que encaja perfectamente en el lirismo y la densidad argumental del documental. Narrando las vicisitudes de la batalla de Inglaterra de la II Guerra Mundial, es musicalmente muy evocadora, sutil, intensa, y a la vez profunda, armada muy correctamente sobre una estructura melódica y armónica que generan una obra sólida, firme, y funcional a grado extremo, siendo lo suficientemente variada para llegar a ser una gran producción, o incluso pudiendo convertirse en obra de escucha aislada. Con sus ostinatos de cuerdas, figuraciones rítmicas, giros armónicos y orquestaciones cuidadas, recuerda a muchas series de gran difusión actuales, del estilo a Los Pilares de la Tierra de Trevor Morris, donde las cuerdas tienen un papel primordial a la hora de jugar melódicamente con las maderas, y donde los metales tienen una presencia más leve, por el lirismo de la escena. Un profundo y sutil D’Oliveira que logra una superproducción musical, muy a la altura de grandes composiciones actuales.

Mención especial merece también, tanto en Publicidad como en Promoción (categoría donde por cierto, ninguno de los finalistas era español), las obras generadas por Nuno Malo, compositor portugués, grandilocuente y desarrollador de melodías amplias y armonías aun más extensas. Nuno logra unos paisajes enormes a base de la música. Con su obra para el turismo de Portugal logra lo que realmente todo marketing pretende: que el producto entre directa y rápidamente por los ojos, y por los oídos. Así pues, resulta ganador en la categoría de Promoción por su trabajo para el Turismo de Portugal. Especialmente interesantes fueron sus dos obras, llenas de giros armónicos muy bien pensados, y de orquestaciones amplias, nada cohibidas, que aportan a la imagen una vuelta de tuerca más, siempre hacia arriba, para acercar al público al hermosísimo país luso.

Internacionalidad y variedad, hasta en el resultado final

La promoción internacional que se hace con estos premios es tremenda. Ya no solo por todos los compositores extranjeros invitados al Festival, y que tienen la oportunidad de escuchar lo que se hace en el entorno de los jóvenes compositores, sino por el esfuerzo de su organizador principal, Conrado Xalabarder, en expandir y lanzar fuera de nuestras propias fronteras el resultado de estos premios. Desde los medios que le son accesibles, Conrado realiza una labor de difusión y comunicación tremenda. Ya en la revista Fotogramas aparece todos los años un artículo entero destinado al Festival, y en concreto, una parte a los Premios Jerry Goldsmith de ese año.

Y es que no es “moco de pavo” que jóvenes compositores ya aparezcan en este tipo de publicaciones nacionales especializadas. Y no solo eso, sino que también en la Revista de las Artes y las Ciencias del Cine Español aparecen publicaciones dando más difusión al certamen. Y aún mas, Conrado ha sido el productor de varios CDs recopilatorios con los nominados y los ganadores de varios años, siendo estos CDs entregados en forma de marketing internacional (tanto para el festival como para los propios compositores) a los grandes compositores extranjeros que nos visitaban cada año en Úbeda.

La labor de difusión posterior al Festival no ha estado siempre apoyada al 100% por otros departamentos del Festival, situación que echamos en falta en los dos últimos años, ya que el hecho de recopilar y difundir todas estas grabaciones, aunque finalmente no lleguen a ninguna multinacional, ya es un claro reconocimiento del poder de captación de estos premios, convertidos y adaptados ya al entorno internacional. Y esta internacionalidad se demuestra una vez más con la dualidad de premiados, y la amplia gama de países finalistas con que hemos contado en esta VI Edición.

Zeltia Montes y Jorge Aliaga se alzaban con el gran Premio Jerry Goldsmith a Mejor Compositor, una vez más por empate técnico. Es una alegría para todos que tanto Zeltia, que ya había sido ganadora de un Jerry en la III Edición, como Jorge, que estaba persiguiendo y arañando muchas veces el premio, lo reciban conjuntamente este año.

Y la alegría es doble porque, además de recibirlo dos grandes amigos del Festival, confirmamos que realmente sí que hemos logrado convertirnos en internacionales en toda regla, al poder enviar un Premio Jerry Goldsmith al distante Chile.

Los Premios Jerry Goldsmith han madurado, crecido, y expandido su limitado alcance inicial mucho mas allá de nuestras fronteras, convirtiéndose en un claro referente internacional muy a tener en cuenta por todos los compositores que están empezando.

Y es que el Festival de Música de Cine de Úbeda ha sido pionero en muchísimas cosas, que muy probablemente otros con el tiempo acabarán copiando. Pero eso es bueno, ya que indica que nos movemos por el camino correcto, que somos referencia para muchos otros certámenes, y que sin duda, tenemos a todos los ojos del sector puestos sobre nosotros.

Tanto con el Taller de Composición Audiovisual (con un éxito fabuloso este año con más de 50 alumnos activos), como los Premios GoldSpirits (creados por el Festival y convertidos ya en un claro referente internacional de crítica de música cinematográfica), como también con estos maravillosos Premios Jerry Goldsmith para Compositores Noveles, el Festival se convierte en el mayor promotor a nivel nacional, y ahora también como uno de los principales impulsores de la música de cine a nivel internacional, que apoya desde el inicio de sus carreras a estos músicos de gran valía que comienzan su andadura en este difícil mundo de la composición cinematográfica. Y es que el camino es muy duro, y la competitividad muy alta. Pero, repitiendo una vez más las palabras del gran maestro Xalabarder, “…en los Premios Jerry, aun si pierdes, ganas…”. Cuánta razón en tan pocas palabras.

El Futuro no está escrito…

Y en estos momentos… ¿Qué podemos esperar de los premios? Simplemente que seguirán creciendo, haciéndose más profesionales aun si cabe, reuniendo cada año a entusiastas de la música de cine, y uniéndonos a todos en una gran familia que es Úbeda, ya que, si no hubiera un Úbeda que cubriera este espacio, tendríamos la necesidad de crearlo.

Desde la propia organización del Festival instamos a todos los compositores que quieran iniciarse en este mundo a participar en el Festival, en el Taller de Composición, y aun más, en estos maravillosos premios Jerry Goldsmith, ya que con absoluta seguridad encontrarán la horma de su zapato en muchos aspectos, sintiéndose como en casa rodeados de compañeros que comparten sus mismas experiencias musicales, y sobre todo, alzándose y elevándose a un escenario internacional idóneo para que los oídos más potentes empiecen a fijarse en ellos.

Bruno Coulais con todos los premiados de esta edición

Y es que está bien claro… ¿Quién desaprovecharía una situación tan idónea como esta?

Estad preparados para la siguiente convocatoria de los Premios, ya que si este año nos han sorprendido por su altísima calidad musical, en años venideros será aun más espectacular. No me cabe duda de ello.

Nota: Pablo Laspra es compositor, miembro de la Organización del Festival Internacional de Música de Cine de Úbeda, y jurado de los Premios Jerry Goldsmith.