Buscando a Harry
¿Por qué? Como diría un conocido entrenador portugués ¿Por qué a un compositor al que se le han dado en los últimos años algunos de los proyectos más apetecibles la caga continuamente con la música? ¿Por qué Lobezno no tiene un tema característico? ¿Por qué vibrantes películas de acción no transmiten con su música la emoción (o incluso el dramatismo) que transmiten sus escenas?
Tal vez a alguna de estas preguntas nos la pueda contestar Tony Scott, cuyo compositor de cabecera es el protagonista de este artículo. Tal vez el brillante director de alguna de las cintas de acción más estimulantes de los últimos años no quiera que la música tome cierto protagonismo en sus películas. O tal vez la conciba como un imponderable del cine que tiene que aparecer…….porque sí.
¿Por qué entonces utilizar un músico y malgastar un sueldo? No quiero engañar a nadie. Me da rabia. Me da rabia que la música a veces parezca un producto obligado en la película y no una opción (que puedes tomar o dejar, como hacía Sidney Lumet en alguna de sus películas).
Pero más rabia me da que un compositor como Harry Gregson-Williams que ha demostrado sobradamente su solvencia en productos tan notables como El reino de los cielos o Las crónicas de Narnia le cambie repentinamente el chip y le dé por componer músicas modernas pero totalmente insulsas e insustanciales y sin ningún tipo de sentido musical o cinematográfico. ¿Por qué ese cambio de registro tan acusado de una película para otra?
Hay una cosa que tengo clara: este compositor tiene mucho más talento del que aparenta (como lo demuestra por citar alguna de las más recientes la estupenda Shrek, felices para siempre) pero o no quiere, o no le dejan, o sencillamente se empana entre tanto sintetizador, acústica y electrónica.
La banda sonora que nos ocupa es un claro de ejemplo de que este compositor si quiere puede. El otro día acudí al cine con cierta resignación (en lo musicalmente hablando, claro). Me encontré con una película ciertamente fallida de la que me esperaba algo más debido a la buena labor de su director en las dos primeras entregas de Iron Man. Cowboys Vs. Aliens es un producto ciertamente curioso y hasta con cierto encanto debido a su peculiar mezcla de géneros pero con una falta de ritmo bastante denunciable para una película destinada a entretener.
Lo primero que me sorprendió fue la presentación musical del protagonista. ¿Qué es esto? Me dije nada más empezar a sonar la música. ¿Un tema con melodía, muy rítmico, de delicioso corte heroico, con bastante empaque, con un agradable aroma a western….? ¿Por qué? Y es que Harry se sacó repentinamente de la manga una banda sonora de cierta elaboración (sorprendentemente en su mayor parte orquestal) en la que hay una lograda construcción temática (a rescatar además del citado tema del protagonista el virulento de los extraterrestres o el romántico, bastante delicado aunque algo trillado) y acertados momentos de acción.
Resulta de lo más entretenida (tanto en su escucha aislada como en la película) y se convierte en uno de los productos más notables del inglés en los últimos dos años. ¿O tal vez fui yo que iba con unas expectativas bastante bajas? ¿O tal vez es cosa de John Favreu, un director del que intuyo un gusto que es bastante de agradecer porque en sus películas exista música y ésta tenga cierto protagonismo en ella (a excepción del engendro de Iron Man, en la que estoy seguro le dijeron que siguiera ciertos patrones…..modernos)? ¿Por qué pues?
Lo cierto es que Harry demuestra, una vez más, que es culo del mal asiento y que lo mismo le va hacer un score acústico o electrónico que no dice absolutamente nada que una música orquestal y ampulosa que le da empaque a la película o distribuir una serie de voces y cánticos religiosos en la cinta que le dan un particular encanto y elegancia al filme correspondiente. Nadie sabe lo que pasa por la mente de Harry. Lo que sí se cierto una cosa: es mucho mejor compositor de lo que aparenta. Seguiremos buscando.


