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Al Salir del Cine: “Enemy”

La película…

No me extrañaría que la persona que haya ido a ver esta película se sintiese estafado o, más bien, confundido ante una propuesta de tamaña ambigüedad, indefinición y laxitud y que, más allá de dar respuestas, crea continuamente preguntas.

Es pues un trabajo tremendamente arriesgado que pondrá en jaque hasta al cinéfilo más experto y exasperará a los más pacientes y tolerantes. Su pretenciosidad es evidente pero a la vez resulta un juego sumamente estimulante para los que gusten de construir puzzles imposibles y caminar por laberintos que realmente saben que no tienen salida.

Ya de por sí partimos de una densa novela de José Saramago llamada “El hombre duplicado” en la que un profesor de Historia de vida triste y hastiada se encontrará de la noche a la mañana con el que parece ser su gemelo. Una serie de perturbadores sueños serán indicativos de algo que está pasando en su interior y que no alcanza a comprender. El director dejará vía libre para que el espectador se devane los sesos e intérprete libremente lo que está pasando, no llegando nunca a dar una explicación lo suficientemente clara o plausible. Que ya sea algo acertado o desacertado desde el punto de vista artístico o moral ya depende de cada uno; lo cierto es que el estado de incertidumbre y estupefacción al terminar la película es tan grande como el que vive el protagonista.

Muchos esperábamos este trabajo de Denis Villeneuve después de la brillante Prisioneros y lo cierto es que más de uno puede haber salido escarmentado. Aún teniendo puntos en común, son películas de índole muy distinta. Mientras Prisioneros trataba su historia de forma más tangible y lineal Enemy es una película completamente abstracta, difusa en su concepto y, sobre todo, que deja todo al abrazo de un espectador que ha de hacer un titánico esfuerzo para entender mínimamente lo que está viendo.

Su problema pues no reside en la propuesta en sí, ni siquiera en el planteamiento, sino en los parámetros que maneja, harto complejos y, sobre todo, de un grado de incroncreción máxima. De esta guisa más que un thriller psicológico o un drama existencial parece una suerte de experimento inacabado.

Es pues una película abierta a la especulación y a las más variadas interpretaciones. Y aquí es dónde cada uno hacemos nuestra valoración. Ahondando en sus subtextos nos encontraremos con una historia que va más allá de un extraño y kafkiano desdoblamiento de personalidad: estamos ante una visión completamente única y provocativa de representar los miedos a los que ha de enfrentarse el varón a cierta edad. Podría venir a reflejar la crisis de los 40 desde una óptica que está a medio camino entre las paradojas de David Lynch y las estéticas deformadas de David Cronenberg, sin ser ninguna de las dos.

Villeneuve parece tener una fijación casi enfermiza por las crisis masculinas y, de hecho, el punto en el que esta película coincide con Prisioneros es la pérdida de control del hombre sobre una situación que supuestamente domina. Ello le llevará a una serie de inseguridades y dudas que supondrá una crisis existencial en toda regla y que en el caso de Enemy sobrepasará el paroxismo a través de su desconcertante y alucinógeno juego de dobles personalidades.

Mientras en Prisioneros todo esto ocurre de una manera exponencial y externa, en Enemy todo es a nivel de psiquismo y sombras.

Es pues ese carácter psicodélico uno de los rasgos distintivos de la película y su principal atractivo: su inquietante y opaca fotografía, tétrica música y su arrítmico pulso nos sitúa en un mundo impredecible, inexplorado y en el que la fascinación que despierta es directamente proporcional al miedo que produce.

Es de agradecer que un director se atreva a penetrar tan a fondo en un mundo tan poco explorado en el cine, o al menos para mí no lo suficiente, como el de la psicología masculina.

Sobre la banda sonora…

Mientras la película nunca llega a estar definida, ni siquiera en su intrínseca indefinición, la música sí que nos da pistas de este particular universo psicodélico que estamos viviendo. De hecho es la principal responsable de que consigamos empatizar con el protagonista.

Fascinante esta propuesta de los desconocidos compositores Danny Bensi y Saunder Jurriaans. Asfixiante, de gran poder turbador, angustiosa en su indefinición e inconcreción de situarnos en un mundo tal que no controlamos como el de la propia proyección de las inseguridades y terrorífica en su reflejo permanente de un estado de fluctuación y devaneo. Es la música de las sombras que anidan constantemente en la mente. No llega a la maestría y contundencia de Altered States de John Corigliano, su pariente más cercano, o incluso de Freud de Jerry Goldsmith pero el concepto que maneja es muy similar.

Acertadísimo resulta su tema central, sincopado y sinuoso. Es el laberinto de Prisioneros. Es el tema del enemigo, el antagonista de la película, el matrix que no ve o no quiere ver,  aquella realidad paralela que vive el protagonista de la que pretende huir y  a la vez acudir. Es la amenaza constante que sacude su devenir vital y existencia, aquello que no puede controlar pero que llama insistentemente a la puerta. Es deliberadamente hostil y soterradamente violento, tal como podemos escuchar en The Dark RoomControl o en el punto de mayor paroxismo Theraposa Blondi, que supone el sorprendente zénit de sus crisis de identidad.

Llegados a este punto podríamos abrir varias interrogantes ¿Estamos ante un hombre que está intentando escapar de su momento vital  o sencillamente son dos personas diferentes que afrontan de manera distinta la misma etapa de sus vidas? ¿Supone ese encuentro con su otro yo una manera de huir de su estancada y poco emocionante vida o una condena? Múltiples preguntas que tendrán igual número de respuestas según espectadores y personalidades.

Llamativo y de una importancia capital es el uso frecuente de atonalidades, recurso muy típico a la hora de plasmar las fluctuaciones psicológicas en el cine. Llevado a la metáfora éstas podrían actuar a modo de patas de una araña que pululan constantemente por la mente del individuo y representar una analogía de esos continuos devaneos, inseguridades e insatisfacciones que, de forma tan intrínseca e invisible, marcan la vida de un hombre adulto.

Podría decirse que la música es que como una tremenda migraña, un parásito que está continuamente circulando por el subconsciente del individuo dando indicaciones de algo, bien de un estado febril y enfermo, bien de una crisis de identidad galopante. Es más, llevado a la interpretación que pretendo darle podría tratarse de la música de la muerte, muerte de un estado de vida desgastado y que pide a gritos un cambio.

Es pues un trabajo de enorme densidad y complejidad y que da buena parte de la entidad a la película. Gracias a ella se entiende los derroteros que los autores han querido tomar al contar esta singular y macabra historia.