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Star Trek IV

Star Trek IV: The Voyage Home es una banda sonora con muchos matices, pero perfectamente ajustada a las imágenes, de tal forma que quizá resulta algo pobre fuera de la película, en comparación con las de Goldsmith o Horner para Star Trek.


Compositor: Leonard Rosenman.

Año: 1986.

Cómprala: si te gusta Star Trek, por nostalgia de los años 80, porque te gustan otras bandas sonoras del compositor.

No la compres: si esperas que se parezca mínimamente al estilo de Goldsmith para otros Star Trek, ya que tiene personalidad propia dentro de las músicas para la Saga.

NUESTRA NOTA

También hay muchos toques ochenteros, lo que la aleja bastante del sinfonismo absoluto de algunas de las otras películas.

El estilo de Rosenman en cuanto a la orquesta es perfectamente reconocible de principio a fin, empezando por imponer la música solo en las secuencias donde realmente es necesaria, lo que hace que por una vez pueda editarse prácticamente íntegra en este álbum comercial.

La Película

Ballenas, ballenas, ballenas. Esos grandes mamíferos marinos que llevamos doscientos años masacrando. Todo el mundo simpatiza con ellas, y está de moda la frase: “Salvad a las ballenas”. ¡Usémoslas como reclamo para una película!

Sin duda esto debieron pensar los escritores y productores de la cuarta entrega de Star Trek. Las ballenas en efecto llenaron los cines, porque en 1986 eran un símbolo de la defensa del medio ambiente y aún lo son, convirtiendo la película en una de las más taquilleras del año. Alrededor de ellas se tejió un argumento en el que los héroes del futuro debían salvar las ballenas en el pasado (presente de 1986) para salvar así su propia época. El mensaje: “Cuidar nuestro planeta y respetar y conservar sus especies, garantiza nuestro propio futuro en él”. Una moraleja obvia pero muy propia de la ciencia ficción, en la que probablemente es la menos científica de todas las películas de Star Trek, y la más comercial, aventurera, y divertida de las de la tripulación original.

Siendo sinceros el argumento es lo de menos ya que con perspectiva: Exploradores de las estrellas del siglo XXIII viajan al pasado en busca de ballenas para repoblar la especie en su tiempo, y que se comuniquen con la sonda alienígena (una especie de primos de ellas) que está destruyendo la ecología del planeta y les digan que se detengan. Hay quien diría delirante… Para mí es simplemente fantástico, en el sentido literal.

La mejor ciencia ficción y en un sentido más general la literatura y el cine fantásticos, utilizan elementos propios del género para hablar de cosas que nos son realmente cercanas. En este caso el viaje en el tiempo se utiliza como trampolín para contar la historia, siendo prácticamente irrelevantes el inicio y el desenlace (que son los que enlazan con las películas anteriores y posteriores). Lo importante es que el mensaje ecologista sea la parte dramática de la película. El contrapunto es situar a los personajes, muy conocidos y queridos, fuera de su ambiente natural de nave espacial y hacerles pasear por el San Francisco del año de la película (1986), surgiendo muchas situaciones graciosas de la interacción con los nativos poco civilizados (taxistas malhablados y punks antisociales), y del choque tecnológico de dos épocas muy distintas (véase a Scotty hablándole a uno de los primeros Mac… a través del ratón). El rotundo éxito de estas secuencias se debe mucho a que el propio director Leonard Nimoy es uno de los protagonistas (Spock) y al apego que todos los actores tienen a sus personajes después de casi veinte años, viéndose claramente lo bien que trabajan y se lo pasan juntos. El otro gran acierto de los guionistas es crear varias historias paralelas a la búsqueda de las ballenas por los protagonistas, donde los personajes secundarios tienen mucho más papel e importancia de lo que suelen tener en las otras películas.

Todo ello aderezado con detalles nostálgicos y sentimentales, como la aparición del portaviones Enterprise y cameos de personajes de anteriores películas y de la serie de televisión, hicieron de Misión: Salvar la Tierra (en muchos lugares se omiten la saga y la numeración), una de las favoritas de los seguidores de Star Trek y la más conocida de éllas para el público en general, si bien los más puristas del género la consideran la más frívola y una de las más flojas de la saga.

El Compositor

Podría decirse que Leonard Rosenman no era una elección acertada para la música de una película de Star Trek, vistos los precedentes de las músicas de Goldsmith y Horner en las anteriores, incluso que su visión poco sinfónica de la música de cine se adaptaba poco a un film de aventuras y ciencia ficción como éste. Pero lo cierto es que con su estilo propio inscrito en esa otra corriente oscurecida por la principal que rinde homenaje / culto al Star Wars de Williams o al Star Trek de Goldsmith como máximos ejemplos, Rosenman ya había hecho trabajos muy destacables y clásicos dentro del género: Fantastic Voyage (1966), Beneath the Planet of the Apes (1970), Battle for the Planet of the Apes (1973) …

Puede decirse que Leonard Rosenman trabajaba contra corriente. Ya en los inicios de su carrera (al igual que Herrmann o North) su visión de la música chocaba con los trabajos de gente consagrada de la era dorada como Miklos Rozsa y Max Steiner. Incluso su forma de trabajar desafiaba lo establecido, pues se dice que la mayor parte de East of Eden (1955) fue ideada en el mismo set de rodaje. Ese es el verdadero comienzo de Rosenman (a pesar de que ya contaba con otro título), la película de Elia Kazan con James Dean y la siguiente del mítico actor Rebel Without A Case (1955). El actor, amigo suyo, le presentó al director y a partir de ahí se consagró como una nueva promesa, con un estilo diferente.

Podría decirse que Hollywood no apreció mucho a Rosenman, excepto quizá con el reconocimiento a sus primeros y diferentes trabajos, pero lo cierto es que la falta de aprecio quizá era mutua. Solía acusar a directores y productores de tener mal gusto musical o no tener absolutamente ninguno. También consideraba sus propias obras muy superiores a las de compañeros suyos de profesión, por entender que eran simples y caían en sentimentalismos innecesarios. Desde luego es digno de admiración que expresara siempre abiertamente sus opiniones, sabiendo que por impopulares podían hacerle caer en el olvido o crearle enemigos. Lo primero se puede decir que ocurrió, lamentablemente, de forma gradual. Lo segundo es bastante dudoso, dado que su extensa carrera se extiende casi de igual forma por la televisión, y en el cine trabajó con grandes directores: Elia Kazan, Vincent Minnelli, Nicholas Ray, Robert Altman, John Frankenheimer, Richard Fleischer, Irvin Kershner… una lista de nombres de la que no muchos pueden presumir. Además fue reconocido varias veces, con dos Emmys por trabajos televisivos (Sybil 1976, Friendly Fire 1979) y dos Oscars, estos por adaptaciones (Barry Lyndon 1975, Bound for Glory 1976). Al recoger el segundo dijo: “También escribo música original, ¿saben?”

Puede decirse que como compositor, utilizó muchos de sus trabajos para el cine como forma de experimentar y aportar nuevas ideas, siempre con la sala de conciertos en mente, puesto que él mismo reconocía que el cine no era su verdadera vocación. Lo cierto es que sin el cine solo unos pocos hubieran disfrutado de su trabajo, pero él siempre consideró que su carrera cinematográfica le había costado un mayor reconocimiento como compositor de conciertos.

Se pueden decir muchas cosas de Rosenman, con unas se puede estar de acuerdo y con otras no. Sin duda era un personaje polémico y transgresor, quizá tan complicado como su música. Lo cierto es que gran parte del público hemos olvidado injustamente a Rosenman durante mucho tiempo, y solo a raíz de su muerte el 4 de Marzo de 2008, revisamos su obra como se suele decir, con otros ojos. Personalmente siempre me ha gustado su estilo y no recuerdo una banda sonora que me disgustase. Para mucha gente que como yo pertenece a la generación de Star Wars, el trabajo de Rosenman calificado de moderno en su momento pertenece a una corriente ya clásica, por haber transcurrido ya más de cincuenta años de sus inicios, pero igual de válida si bien decididamente no tan espectacular como la corriente sinfónica moderna post-Williams. Pero hay que considerar que las bandas sonoras no se escriben para vender CDs, sino para acompañar y hacer más grandes las películas, y Leonard Rosenman fue un genio en este arte. No una estrella, pero si un genio… diferente.

La Música

Star Trek IV: The Voyage Home estuvo nominada a los Oscars. Aún así suele ser considerada como la más floja de la saga, junto con Star Trek VI: The Undiscovered Country (1991). Personalmente no puedo estar más en desacuerdo. No es momento de hablar del sentido aventurero de las partituras de Goldsmith (I, V, First Contact, Insurrection, Nemesis), de la fuerza de las de Horner (II y III) de la oscuridad y el perfecto dramatismo de Eidelman (VI) o de la mezcla brutal y nostálgica de Dennis McCarthy (Generations). Considerar esta partitura como de segunda fila es una injusticia mayúscula. Si bien no es una obra maestra su único defecto es que no se escucha tan fácilmente fuera de la película (si es que eso es un defecto) y a mi entender no tiene sentido compararla con las demás, porque no tienen nada que ver entre sí (excepto claro está, las de Goldsmith y las de Horner, entre ellas).

El disco editado por MCA Records recoge en un orden alterado unos 36 minutos de música. Quizá esta alteración tuviera más sentido con una duración mayor, pero con poco más de media hora es poco razonable que favorezca la audición. Lo cierto es que no hay variaciones de temas que recorran la película y solo dos melodías reconocibles: en la obertura del Main Title plagada de trompetas y campanas, y en el desenlace con las ballenas en libertad en Whale Fugue (le precede una larga escena de la nave estrellándose Crash, que mantiene la tensión muy bien con muy pocos instrumentos), ambos reaparecen en los End Credits.

Se musicalizaron muy pocas secuencias, y apenas hay más música incidental que no aparezca en el CD. Las únicas escenas cuya música es similar son las relacionadas con la sonda alienígena y las ballenas, por lógica temática. El Tema de Star Trek de Alexander Courage aparece durante los créditos iniciales (Main Title) y con la presentación de la nueva nave Enterprise-A en Home Again. Dos de los momentos estelares de Rosenman son dos persecuciones: Chekov’s Run, una tonadilla militar rusa con aires divertidos que sucede tras una escena bastante humorística, y el otro gran momento Hospital Chase una carrera de camillas por el hospital tan elaborada como desternillante (y hablo de la música).

Market Street y Ballad of The Whale son la aportación de música no-Trek a Star Trek. Se salen de la norma porque sitúan los personajes directamente en el mundo de 1986. Compuestos junto a los Yellow Jackets son dos temas muy de mediados de los años 80, sin uso alguno de la orquesta. En el caso del primero un fondo muy rítmico percusivo y electrónico predomina sobre una melodía que se repite (es la primera escena de los personajes en San Francisco), y el segundo consiste básicamente en una balada cantada por dos saxos que se alternan en un estilo de jazz no improvisado. Este tema es exclusivo del album, y está basado en el tema secundario que corresponde a las ballenas George y Gracie.

El tema de acción por excelencia del CD es The Whaler la persecución un tanto caótica del barco ballenero tras los animales, y de la nave tras el ballenero. El sentido de la música aquí es realzar el peligro que corren las ballenas, más que la urgencia de encontrarlas. Gillian Seeks Kirk pasa por ser el más flojo de todos, pudiendo considerarse como música puramente incidental en su mayor parte. Time Travel es quizá el tema más complicado de todos, pudiendo haber sido más onírico, pero lo cierto es que las imágenes de la secuencia de viaje en el tiempo son un poco surrealistas. Y por último, volviendo al inicio de la película The Probe, la sonda tras llegar a las inmediaciones de la Tierra comienza su trabajo de destrucción. Es ciertamente un tema donde la expectación por lo que va a suceder es patente, pero no se resuelve la tensión en un sentido u otro, y así musicalmente se mantiene cierto misterio hasta que llegan los héroes.

No he seguido un orden natural al comentar la música, ni he querido ser muy técnico, ya que no estaría dando mi visión. Solo queda resaltar que por muy floja que cualquiera pueda considerar esta banda sonora (y yo no lo hago), hay exactamente tres momentos de oro que realmente valen la pena: El fantástico Main Title, la gran huída de Chekov’s Run y el impresionante a la par que divertido Hospital Chase. Espero que esta visión amable de Star Trek IV contribuya a integrar donde se merece a esta película y su música dentro de la saga.

Curiosidades

  • El orden de los temas en la película es: 1, 10, 8, 3, 5, 7, 6, 9, 2, 4, 11.
  • El prólogo de tres minutos que puede verse en el DVD donde se narran los hechos de Star Trek III no se vio en Estados Unidos, tan solo se añadió para Europa donde la tercera película no se había llegado a estrenar en muchos países.
  • El actor que interpreta al punk del autobús (Kirk Thatcher), compuso la canción que suena en su radiocassette (“I hate you”) porque la que iba a sonar originalmente “no encajaba” en la escena. Su banda se llamaba “The Edge of Etiquette”.
  • El portaviones Enterprise, de carácter nuclear no aparece realmente en la película. Las escenas en su interior corresponden a otra nave no nuclear, donde el equipo si tenía permiso para filmar.
  • La película está dedicada a los astronautas fallecidos en la explosión del Challenger.

Lista de Temas

  1. Main Title ††(2:39)
  2. The Whaler (2:00)
  3. Market Street †(4:39)
  4. Crash / Whale Fugue (8:15)
  5. Ballad of the Whale †(5:03)
  6. Gillian Seeks Kirk (2:42)
  7. Chekov’s Run (1:19)
  8. Time Travel (1:29)
  9. Hospital Chase (1:13)
  10. The Probe (1:17)
  11. Home Again ††: End Credits (5:40)
  12. Duración Total: 36:09