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Al Salir del Cine: La Cara Oculta (de la Música de Suspense)

Escrito por , el 6 octubre 2011 | Publicado en Apuntes

Uno de los géneros en los que más se ha explotado una forma de hacer música ha sido en los thriller de suspense. Los manido golpes de efecto, temas que van subiendo de tono hasta desembocar en el típico y previsible golpe orquestal (o de sintetizador) son recursos a los que se han agarrado con excesiva frecuencia muchos más compositores para salvar su trabajo.

No percibo en ningún momento que la imaginación y la creatividad haya sido algo a lo que hayan recurrido los músicos para ofrecernos algo nuevo. En los últimos años, en líneas generales,  todo me ha sonado muy previsible, manido, superficial y hasta artificial en este tipo de películas.

No quiero decir con esto que la música que se hace para este género sea mala, sino que ha vuelto excesivamente descriptiva y rutinaria (aunque ciertamente efectiva).

Hay compositores en el panorama actual que demuestran una vez tras otra su solvencia en el género. Sirva como ejemplo tres de los nombres más representativos que este año nos han regalado tres scores que siguen la línea trazada en el género. Por un lado tenemos a John Frizzell que siempre cumple con su música , resultando siempre de lo más práctica dentro de la película (The Roommate); por otro lado tenemos al veterano John Ottman que siempre suele añadir un plus de elaboración aunque sus creaciones a veces resulten  demasiado efectistas (The Resident, La víctima perfecta) y por último tenemos a Marco Beltrami que suele dotar de cierta originalidad a sus bandas sonora mezclando de forma curiosa distintas sonoridades (acústica, electrónica, orquestal…). Esto hace que su música resulte, al menos para un servidor, ciertamente estimulante e innovadora. Este año nos trajo My soul to take (Almas condenadas) y Scream 4, partituras menores en la carrera del compositor pero buenos exponentes de su talento natural dentro del género.

Alguien acostumbrado a escuchar sólo este tipo de música tal vez  se pregunte si existe otra forma de acompañar una intriga, una peli de terror o alguna cinta al estilo. La respuesta es sí y la prueba más remota la podemos encontrar en las excelentes partituras de Bernard Herrmann para el cine de Hitchcock en la que motivos obsesivos o melodías sincopadas y sinuosas acompañaban la locura u obsesiones de los protagonistas en su vertiente más psicológica o describían con exquisita precisión un estado de delirio cercano al paroxismo que resultaba bastante nutritivo a la película.  La música en estas películas se metía hasta las mismas entrañas de la peli y en la psique del oyente, no constituyendo un acompañamiento al uso: siempre intentaba dar un paso más e ir más allá.

Algo parecido hace Federico Jusid para La Cara Oculta. He de confesar que uno de los aspectos que más me llamó la atención de esta entretenida e interesante película destrozada por un mal tráiler (la película aunque sencilla se sigue con interés debido a que el director saber mantener de forma muy firme el suspense y la tensión) fue la música.

La partitura del argentino (que ya compuso un hermoso score para la extraordinaria El secreto de sus ojos) está hecha al más puro estilo clásico sin los reiterados golpes de efecto de las películas americanas y sin buscar el susto fácil (de hecho ni lo busca).  Su banda sonora es más música pero también es cine. Jusid siempre se preocupará de resaltar el drama que hay de trasfondo de una forma que también se vea reforzado el suspense imperante en toda la cinta.

Construirá un desconcertante y angustioso motivo que podríamos denominar el de los celos o la desconfianza. Al igual que el resto de temas, éste se irá volviendo más reiterado y obsesivo a medida que las sospechas sobre la infediliad del protagonista masculino aumenten. Su música pues no se limitará a describir únicamente una situación de tensión: irá más allá y se adentrará en el propio estado de obsesión y desconfianza de las protagonistas, cosa que la peli por sí misma no logra alcanzar. Dotará a su vez a los personajes de cierta fragilidad pero también de una marcada angustia por lo que están viviendo. La música mantendrá en todo momento un tono firme, no resultando abrupta ni caótica, todo lo contrario: fluirá elegante por todo el filme pero manteniendo una exquisita y exarcebada (aunque necesaria) intensidad tremendamente significativa del estado de delirio que llegan a alcanzar los protagonistas. Este será, bajo mi punto de vista, el mayor logro de Jusid.

Es música sinfónica pura y dura con ciertas reminiscencias a la música de Herrmann para potenciar elementos más incidentales de suspense y contará, además, de la incursión de piezas de música clásica (el protagonista es director de orquesta) que aumentará si cabe aún más el tono dramático y solemne de algunas escenas.
Una partitura que demuestra como en el género de suspense se puede ir más allá de lo descriptivo y lo banal, contando aspectos que la peli no alcanza. Y una banda sonora que necesitaría ser editada con urgencia.