Compartir la música como se comparte la vida
El mundo de las Bandas Sonoras es muy curioso, se llega a él normalmente por casualidad, es decir, como resultado de haber visto alguna película y haberse quedado con la música. Normalmente es un mundo solitario, en el que los iniciados disfrutamos de cosas que los demás no entienden, nos gastamos el dinero en discos de películas que aún no hemos visto y buscamos la compañía de los nuestros a través de Internet, para compartir nuestras experiencias y neurosis musicales.
Eso es así hoy, gracias a la red y su maravillosa facilidad para reunirnos a todos los frikis del mundo a poner verde la última de tal compositor o ensalzar toda la extensa filmografía de tal otro. Pero al final se trata de una actividad solitaria en la que una persona pone un disco en su equipo, o lo carga en su ordenador o reproductor y se pone a escucharlo. No se comparte con nadie en primera instancia, no se organizan audiciones en masa, no todos los compositores hacen giras Cada uno en su casa, así ha sido siempre y así será, si no contamos ir a ver una película con tus amigos o familia, como parte de la experiencia musical, porque seguramente los demás no la estarán viviendo como tú. En los antiguos tiempos, cuando Internet estaba en ciernes, pero no es la herramienta que es hoy, la gente como yo (como nosotros) nos encontrábamos de casualidad, pero me estoy adelantando
Un chico como yo que se crió en los 80, tiene recuerdos musicales y cinematográficos que muchos ya quisieran. Yo he visto E.T. el Extra-terrestre (1982) en el cine en el año 83 y puede que allí se sembrara la semilla que hoy me trae aquí, porque su música era especial incluso para un niño de seis años. Ese final, el más emotivo de la historia del cine (según recientes encuestas), no sería igual sin la música de John Williams, una de mis favoritas sino la primera. Poco más tarde creo que el mismo año, un reestreno de La Guerra de las Galaxias (1977) debió de regar la semilla por vez primera. De nuevo John Williams. Posteriormente Masters del Universo (1987) o Indiana Jones y la última cruzada (1989) desencadenaron el proceso natural que hace que la semilla pase a ser otra cosa. La Jungla 2: Alerta Roja (1990) y Gremlins 2 (1990) hicieron asomar el primer brote fuera de la tierra.
Entre medias de todos estos títulos, la televisión sirvió a esta joven e inexperta mente para reconocer las cosas que le gustaban de verdad. La música de cine ya era una de ellas. Otras eran las novelas de ciencia ficción. De la fusión del cine y el mejor género literario que existe, solo podía acabar en títulos como 2001: Una Odisea del Espacio (1968) o Star Trek: La Película (1979), que fue probablemente el título que más me ha influído a lo largo del tiempo, por convertirme en un auténtico trekkie y porque el nombre de Jerry Goldsmith quedó grabado a fuego en mis oídos, aquella primera vez. Ese fue realmente mi bautismo, el momento del big bang musical, la singularidad que hizo que lo que había antes y lo que vino después no se parecieran. En este sentido no puedo dejar de recordar la primera vez que vi «2001» a las cuatro de la madrugada de un 1 de Enero, y como la experiencia fue una revelación para mí, un continuo bombardeo de imágenes, ideas y sobre todo de música, dándole a las anteriores el sentido y la profundidad que la película necesitaba.
Aquellos eran tiempos en los que los niños no teníamos dinero (yo no tenía una paga), no podíamos comprar discos. Pero podíamos hacer otras cosas
Yo coleccionaba información, tenía un caótico archivo en papel donde apuntaba títulos de películas que veía, año y compositor. Las madres en general no entienden tonterías semejantes, así que podéis adivinar dónde terminaron todos aquellos preciados papelillos. Por aquella época llegó a la televisión Twin Peaks (1990) la serie de David Lynch que hacía que me quedara viendo la tele después de las 00:30 horas. Tan fascinado estaba y tanto éxito tenía la serie, que un amigo del colegio y yo decidimos comprar el disco. También nos gustaba la música de Grease (1978), así que tiramos a suertes quién compraba cuál y luego las compartiríamos. Me tocó Grease
¡Ojo, que no me arrepiento! Mi gusto por los musicales venía incluso de antes, con películas como Sonrisas y lágrimas (1965) y West Side Story (1961). Imaginad mi sorpresa cuando descubrí que Robert Wise era el director de mis dos musicales favoritos, de Star Trek, de «La amenaza de Andrómeda» (1971) una de mis más recordadas películas de ciencia ficción de la infancia y de otra de mis películas fetiche Hindemburg (1975). Fue como si las piezas de un gran rompecabezas empezasen a encajar.
En el instituto, aún sin dinero, conocí a Rubén y más tarde a través de su hermano a Eduardo. Fue otro de los momentos singulares, desde luego, el año 91. Conocernos Rubén y yo y empezar a grabar cintas con temillas de la tele, o alquilar películas para grabarnos via altavoz los main titles o end titles, fue inmediato. Empezamos juntos en esto, peregrinando a videoclubs y tiendas de discos a admirar aquellos preciados títulos que no podíamos comprar. Pero menos de un año después ya tenía en mis manos mi primera cinta Battlestar Galactica (1978) y al poco tiempo le seguiría mi primer CD Alien (1979). Aunque en mi casa disfrutaba solitariamente de la música, siempre tuve alguien con quien hablar de ello después, y también con quien compartir las grabaciones en cinta de mis vinilos (hechas con un cuidado extremo para que el sonido fuese perfecto). Tengo esa gran suerte, tener cerca desde el principio a personas que sienten la música de cine tanto como yo, quizá incluso más.
Nacimos, crecimos y seguimos juntos en este mundillo. La actividad solitaria no lo es tanto. Compramos CDs por correo, colecciones que salieron en los kioskos a principios de los 90, fuimos juntos al cine cientos de veces, descubrimos juntos compositores que ahora son historia Ha sido más de media vida (a día de hoy) junto a ellos. Después de descubrir Rubén el Festival de Música de Cine de Úbeda, durante el cuarto año sucedió allí otro momento singular, y es que la ciudad, las personas, la música, me hicieron avanzar como persona, darme cuenta finalmente de que había superado la muerte de mi padre y el periodo de diez años que vino después, durante el cual sin darme cuenta no me permití ser del todo feliz. Aquel mes de Julio falleció la madre de Eduardo. Fue el ponerme en su piel y verme con la perspectiva de esos diez años, lo que me hizo darme cuenta de la persona distinta en que me había transformado. Durante ese tiempo, algunas veces más unidos y otras menos, siempre tuve a mi lado a mis amigos, y junto a ellos siempre estuvo la música de cine. Desde entonces Úbeda es un lugar importante por muchas razones. Vivir con ellos la experiencia del festival es otra singularidad en mi vida, solo que se repite cada mes de Julio, y esperemos que por muchos años.
Y a través de Úbeda llegamos al presente. Los Asturianos que durante los últimos dos años y medio nos conocimos en aquella ciudad Andaluza, hemos trabado amistad, lazos más allá del festival y más allá de la música diría yo. Se ha formado una nueva familia, que nace con una ilusión, la de seguir compartiendo momentos singulares en nuestras vidas, momentos acompañados cómo no de una buena banda sonora. Mi colaboración en esta web nace desde la idea común de compartir con todo el mundo nuestro amor por la música de cine, no nuestros conocimientos ya que en mi caso son escasos. Pero lo realmente importante para mí es hacerlo junto a mis amigos, los viejos y los nuevos, y hacerlo durante mucho tiempo. Dentro de mis capacidades y del escaso tiempo que puedo dedicar últimamente a esta hermosa afición, y más allá de recomendar o no esta música, o aquel compositor, solo tengo una única cosa importante que contar… Compartid, vosotros que apreciais en su justa medida esos momentos musicales que atesoramos como el oro, compartidlos con los vuestros como se comparten esos momentos y etapas de la vida que dan sentido a nuestra existencia. Que sentido tendrían unos y otros sin alguien a quien contárselo.


