Kritzerland edita Gorky Park
La discográfica americana Kritzerland ha sacado a la venta una edición limitada con una tirada de 1.000 copias de una de las obras cumbres de los inicios del compositor James Horner: Gorky Park. Se trata de una banda sonora compuesta en 1983 para un film policiaco de rusos y americanos en la que el joven Horner, que contaba 30 añitos por aquel entonces, marca las pautas de su música de thriller, y a la vez los patrones que guiarán su vertiente más romántica, componiendo uno de los mejores temas de amor de su incipiente carrera, para el personaje femenino. Se trata además de la primera de las tres colaboraciones que tendría con el director Michael Apted, siendo las otras dos Class Action, en 1991, y Thunderheart, en 1992.
El problema con esta edición de Kritzerland es que ofrece la misma música que el anterior compacto de Varese Sarabande, aunque si bien con un sonido remasterizado, según anuncia la discográfica, que aparece presentado (y esto comienza a ser una costumbre absurda) de dos formas: en primer lugar de forma cronológica, y después tal y como aparecía en el compacto de Varese. Con idéntica música, en dos partes de media hora cada una (a ver quién escucha dos veces la misma banda sonora de forma seguida más de una vez, por mucho que los cortes aparezcan en distinto orden).
Han editado recientemente más de una banda sonora existiendo una edición previa, como acaba de suceder sin ir más lejos con Link, de Jerry Goldsmith. La diferencia entre ambas es que la de Intrada se encontraba descatalogada desde hace más de una década, y los aficionados que insistían en tenerla debían pagar cifras desaconsejables en el mercado de segunda mano, mientras que Gorky Park se encuentra aún disponible en cientos y cientos de tiendas on line y físicas de todo el mundo (Sin ir más lejos, la filial en Europa de Varese, Colosseum, acaba de reducir su precio a doce euros, por los 20 dólares que vale la nueva).
Si a esto le añadimos que se trata de una edición, la de Kritzerland, con una limitación excesiva, solo un millar de ejemplares, su compra parece hasta absurda para los aficionados al propio compositor. El lanzamiento de la discográfica no parece destinado a los nuevos aficionados, que pueden conseguir el Varese a mejor precio, y su sonido puede ser mejorable, pero en ningún caso desmerece el trabajo del compositor. Tampoco parece destinado a los fans de Horner, que no encontrarán más música en esta nueva edición.
Así pues, parece destinada a recaudar 20.000 dólares entre aquellos que cuando ven un 1 delante de tres 0 sacan la tarjeta de crédito del bolso y pulsan entre una, y diez veces, para comprar el producto, con distintos fines. Que tengan salud, y mientras tanto, sigamos esperando por obras primigenias de Horner como Wolfen, The Hand o Deadly Blessing, que tres décadas después siguen sin encontrar un hueco en un compacto.


